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jueves, 13 de junio de 2024
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“Colombia se ha olvidado de los jóvenes rurales”

El acceso a tierras, la ausencia de apoyo estatal para poder estudiar sin tener que migrar y la escasez de empleos formales y con buena remuneración, son algunos de los problemas que enfrentan los jóvenes rurales hoy en día.
Trapiche, Niños rurales, Panela,

De acuerdo con el Diagnóstico de Jóvenes Rurales del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (RIMISP), los jóvenes rurales —personas entre los 14 y 28 años que residen en zonas rurales— son un actor relevante para enfrentar los desafíos de la transformación rural. Comparados con los adultos rurales, cuentan con mayor escolaridad, mayor proximidad al uso de nuevas tecnologías, mayor capacidad de innovación y transitan más fácilmente entre lo urbano y lo rural. 

Pese a su importancia, los jóvenes rurales enfrentan profundas brechas frente a los jóvenes urbanos y los adultos rurales. El documento del RIMISP resaltó que, con respecto a los jóvenes urbanos, los jóvenes rurales tienen menos oportunidades para acceder a educación superior y a empleos de calidad, y tienen mayor predisposición al embarazo adolescente y al abandono escolar. Con respecto a los adultos rurales, los jóvenes rurales tienen menor participación laboral, menos acceso a tierra y menores oportunidades para acceder a créditos. 


El olvido de los jóvenes rurales

El reporte Juventud en Colombia, realizado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en 2021, estimó que el 23,8% de la población rural en Colombia está conformada por jóvenes entre los 14 y 28 años de edad. El 47,5% de estos jóvenes rurales son mujeres y el 52,5% son hombres. 

Para Emmanuel Quiroga, sociólogo de la Universidad del Rosario y autor de la tesis de maestría Juventudes rurales: Representaciones institucionales y autorrepresentaciones de jóvenes del municipio de Susa (Cundinamarca), aunque se trata de un cuarto de la población rural del país, “los jóvenes rurales permanecen en el olvido en las investigaciones, las políticas públicas y los espacios de decisión rural”. 

Según el último informe de Juventud Rural del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MinAgricultura), la brecha que existe entre los jóvenes rurales y urbanos es amplia. En 2019, el 34,9% de los jóvenes rurales se encontraba en situación de pobreza multidimensional. En contraste, este porcentaje se reduce al 13,5% en el caso de los jóvenes urbanos. 

Pobreza multifuncional definicion
Fuente: DANE

En las zonas urbanas hay un gran desconocimiento de la ruralidad y de los jóvenes que la habitan


Para Quiroga, hay dos factores que profundizan el olvido de los jóvenes rurales. En primer lugar, el desconocimiento sobre la situación en la que viven los habitantes rurales y el abandono estatal. Y, en segundo lugar, el hecho de que el imaginario colectivo que existe sobre las juventudes se centra en aquellos que viven en la ciudad, y no en los que viven en los campos. 

“Cuando pensamos en jóvenes urbanos, nos viene a la mente una serie de prácticas y tipos de socialización en torno a la música, las redes sociales, las películas, etc. Cuando pensamos en jóvenes rurales, las cosas cambian un poco: pensamos que trabajan en actividades agropecuarias, que viven vidas con pocas oportunidades, que difícilmente acceden a estudio, etc. Y, aunque no podemos negar que sobre ellos recaen fenómenos como la pobreza, la desigualdad, el abandono escolar y la falta de acceso a empleos de calidad, los jóvenes rurales son actores sociales con trayectorias de vida, expectativas y aspiraciones”, aseguró el investigador de la Universidad del Rosario. 

La aparición de nuevos empleos en el campo: comercio, turismo y cargos en organizaciones y entidades del sector público

En términos de acceso a empleos de calidad, los jóvenes rurales enfrentan grandes desafíos. De acuerdo con los datos de MinAgricultura, el 24,5% de los jóvenes rurales no trabajó de forma remunerada en 2020, porcentaje que se reduce al 18,3% en el caso de los jóvenes urbanos. 

Los niveles de desempleo también resultan preocupantes. En 2020, la tasa de desempleo juvenil en las zonas rurales fue del 26,8%, mientras que en las zonas urbanas fue del 14,4%. También en este indicador se evidencia la existencia de una brecha de género: la tasa de desempleo de las mujeres rurales fue del 26,4%, mientras que la de los hombres rurales fue del 9%. 

Según Quiroga, “desde hace unos años se ha venido advirtiendo un fenómeno especial. Las transformaciones productivas del campo han incidido sobre los jóvenes. En los últimos 10 o 15 años, las zonas rurales han empezado un proceso de incorporación de nuevas tecnologías y uso de internet, así como de transformación de las actividades productivas. El sector público, el de comercio y el de turismo han adquirido mayor presencia”. 

Algunos de los jóvenes con los que Más Colombia habló manifestaron trabajar en entidades u organizaciones de carácter público. Fue el caso de Camilo Guerrero, joven rural y supervisor de las nuevas construcciones y obras públicas en un municipio del departamento del Tolima. “En mi caso, me encuentro trabajando con la Alcaldía de mi municipio. Claro que yo estudié Ingeniería Civil y, como siempre he vivido aquí y nos conocemos entre todos, fue más o menos sencillo que me contrataran. Estoy supervisando las obras de construcción y los nuevos proyectos. Quería un trabajo que fuera más de campo, pero por ahora me ha tocado oficina ventiada aquí en el pueblo”, señaló. 


En la misma línea, Julián Tamayo explicó que, además de dedicarse a actividades agropecuarias, es coordinador institucional de la Red Nacional de Jóvenes de Ambiente de su municipio. “Decidí participar porque actualmente me encuentro estudiando Gestión Ambiental. Estuve en Bogotá un tiempo, pero por temas económicos tuve que regresar. Afortunadamente, pude cambiar la modalidad de estudio, de lo presencial a lo virtual. Ahora, desde la Red, nos encontramos realizando nuevas gestiones para que más jóvenes se integren”. 

La mayoría de jóvenes sigue trabajando en actividades agropecuarias

Pese a la presencia creciente de otros sectores económicos, la mayoría de jóvenes rurales se dedica a las actividades agropecuarias. Estas labores son juzgadas por algunos jóvenes rurales como arduas y muy mal remuneradas. 

Sebastián Pérez, joven rural y agricultor en el departamento de Tolima, contó al respecto: “Yo voy a empezar la carrera de Policía en unos meses, pero mientras tanto me dedico a los oficios básicos de la finca de mi familia. La vida en el campo y el trabajo para los jóvenes son muy complejos. Afortunadamente, a mí me tocan actividades no tan duras: estoy pendiente de la cerda, de las gallinas y recojo café cuando me toca. Pero sé que a muchos jóvenes, incluso amigos, les tocan oficios muy pesados, como guarañar (sic), que es cortar el pasto o la maleza, o zoquear, que es básicamente cortar los palos de café para que renazcan”. 

Jovenes rurales. Colombia
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A juicio de Pérez, la situación es especialmente difícil para los jóvenes que se dedican a las actividades agropecuarias, pero no tienen tierras. “Muchos jóvenes, como yo, trabajamos en las fincas de nuestras familias. Nos toca hacer varios oficios, unos más difíciles que otros, pero ya está. El problema es realmente para los jornaleros. A ellos sí que les toca difícil. Cuando no hay cosecha, puede que no se encuentre trabajo o que la remuneración sea muy baja. Sé que a algunos, por necesidad, les toca trabajar de 6:00am a 5:30pm, y les pagan $35.000 diarios o menos. Eso no se justifica porque son trabajos muy pesados”. 

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Para Andrés González, joven productor de café, plátano y aguacate, “Colombia se ha olvidado de los jóvenes que trabajamos en el campo. El Estado no ha hecho nada por ofrecernos oportunidades a quienes nos queremos quedar en el campo. Yo hasta ahora estoy empezando con unos cultivos de café, aguacate y plátano, y ya me he encontrado con muchas dificultades. La principal es el acceso a tierras. Cuando yo fui a solicitar un crédito para comprar una finca, me exigieron vida crediticia, un fiador o alguna tierra que pudiera servir como pago en caso de incumplimiento. Y pues yo de dónde. Necesitamos que el Gobierno nos asigne tierras o nos facilite créditos blandos y que regule los insumos. Esos están carísimos”. 


¿Y qué sucede con las mujeres jóvenes?

Según Quiroga, la división sexual del trabajo se mantiene en las zonas rurales. Los hombres se encargan mayoritariamente de la siembra y la recolección, a la vez que suelen desempeñarse como jefes de hogar. Por su parte, las mujeres se encargan mayoritariamente de actividades tradicionales como el cuidado de los niños y adultos mayores, la preparación de los alimentos para el hogar y los jornaleros, y el mantenimiento de la huerta y la cría de animales. Muy pocas tienen a su cargo la jefatura del hogar. 

De acuerdo con las cifras del último Censo Nacional Agropecuario, realizado en 2014, mientras el 78% de los hogares rurales tiene jefatura masculina, solo el 23% tiene jefatura femenina. Asimismo, mientras en el 61,4% de los hogares los hombres tienen poder de decisión sobre sus Unidades de Producción Agropecuaria (UPA), las mujeres deciden solo en el 26% de las UPA. Al respecto, Quiroga señaló que “sobre este punto hay un cierto rezago con respecto a las zonas urbanas, donde hay más mujeres cabezas de familia u hogares con jefatura compartida”.

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Sobre las jóvenes rurales realmente no hay muchos datos, agregó Quiroga, quien explicó que “este es uno de los vacíos más grandes. No hay un registro específico sobre las labores de cuidado que realizan las mujeres en las zonas rurales del país. El DANE, desde hace unos años, viene sacando periódicamente cifras sobre el uso del tiempo libre, pero estas no dicen mucho”. 

Al respecto, Mónica Tamayo, joven rural, quien se dedica a las labores del hogar,  a preparar la alimentación de los jornaleros y al cuidado de cerdos y gallinas, comentó: “actualmente me desempeño en los quehaceres domésticos: cuido a mi hija, hago la comida para los trabajadores y me encargo de la crianza de algunos animales, como cerdos y gallinas para la producción de huevos. Las mujeres en el campo nos encargamos de eso: del cuidado de los niños, de la preparación de los alimentos, de las labores de la casa. También es posible que participemos en la siembra y la recolección. No es común, pero pues se necesita gente pa’ todo. Así que, si queremos, podemos hacerlo”. 

Actividades pecuarias
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A pesar de que las mujeres jóvenes rurales tienen a su cargo labores que generan réditos económicos para el hogar, como el cuidado de los animales y la preparación de alimentos para los trabajadores, usualmente no reciben una remuneración económica por ellas, pues se asume que son tareas menos relevantes y que les corresponden “naturalmente” por ser mujeres. 


Si bien la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) no presenta datos específicos sobre jóvenes rurales, la de 2021 señala que “entre la población de 15 años y más que se identifica subjetivamente como campesina la participación en actividades de trabajo remunerado vincula al 70,4% de los hombres y al 34,6% de las mujeres, mientras que la participación en actividades de trabajo no remunerado vincula al 94,5% de las mujeres y al 58,9% de los hombres” (DANE – ENUT).

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Migrar a la ciudad: ¿una mejor opción para los jóvenes rurales?

El Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (RIMISP) estimó que, en 2015, cerca del 12% de los jóvenes rurales migró a los centros urbanos, debido a la dificultad para acceder a educación postsecundaria y a trabajos formales y, en últimas, a la falta de oportunidades. La cifra de migración de los jóvenes rurales hacia la ciudad ha preocupado a organizaciones, gremios y entidades públicas, especialmente por la ausencia de relevo generacional y la creciente dificultad para conseguir mano de obra en las zonas rurales. 

A juicio de Quiroga, en la fuerte migración a las ciudades inciden dos factores: “Primero, la ausencia de oportunidades educativas que se ajusten a las expectativas de los jóvenes rurales. Hay ofertas educativas centradas en la producción agropecuaria, pero no hay más. Y no todos los jóvenes esperan estudiar eso. Y, segundo, la visión de la ciudad como lugar que permite acceder a una forma de vida deseada”. 

Los jóvenes rurales que Más Colombia entrevistó coincidieron en que, una vez migran a la ciudad para educarse, no encuentran oportunidades suficientes en el campo que los hagan querer regresar. Para Mónica Tamayo, “todos los jóvenes en el campo nos enfrentamos a retos muy difíciles: el acceso a empleo con prestaciones y buena remuneración, la dificultad para obtener tierras y la ausencia de apoyo estatal para estudiar sin tener que migrar. Lo que ocurre, y usted lo puede ver en todas las regiones, es que los jóvenes que se van a las ciudades a estudiar no quieren regresar”. 

Sebastián Pérez, joven agricultor, señaló al respecto que, si bien el campo es muy importante por ser de donde provienen los alimentos, el trabajo es muy duro. “Yo voy a hacer la carrera de Policía y, después de eso, sí me gustaría regresar al campo. Pero no matándome, como ocurre casi siempre. A mí me gustaría volver y formar una empresa”. 


“A raíz de esa desconexión entre las ofertas educativas y las expectativas de los jóvenes rurales, es que la educación, en vez de volverse un factor generador de oportunidades, se ha convertido en un factor de migración”, concluyó Quiroga.