HomeIndustria“El fin último de mi música es fortalecer procesos sociales y culturales en la región del Pacífico”: Nidia Góngora

“El fin último de mi música es fortalecer procesos sociales y culturales en la región del Pacífico”: Nidia Góngora

En Entrevista exclusiva con Más Colombia, la maestra Nidia Góngora habló sobre el Festival Petronio Álvarez, la realidad de los músicos y compositores del Pacífico, y la música como un medio para el desarrollo cultural y social de la región.

Como parte de nuestro Especial sobre el Pacífico, Más Colombia habló en entrevista exclusiva con una de las voces y figuras musicales más reconocidas de este territorio, Nidia Góngora, quien, además de ser vocalista principal de la agrupación Canalón de Timbiquí (nominada al premio Latin Grammy 2019), trabaja como solista y realiza colaboraciones con el británico Quantic y La Pacifican Power, entre otras agrupaciones.

¿A qué se debe que los sonidos del Pacífico sean un referente hoy no solo en Colombia sino en el mundo? ¿Qué tuvo que pasar para que esto sucediera?

Escenarios como el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez se han encargado de visibilizar toda esta riqueza musical y cultural que hay en el Pacifico. Este es el festival más grande de Suramérica y, a través de él, se han dado a conocer nuestras agrupaciones musicales y la cultura del Pacífico. 

Por otro lado, muchos artistas hemos tomado la decisión de emprender y proyectar nuestra vida artística y musical desde la recuperación de sonidos ancestrales y culturales para visualizarlos, y se han hecho alianzas muy interesantes, en términos de artistas con productores y promotores de diversos países. Eso ha posibilitado una visibilidad y una percepción mucho más amplia de la música del Pacífico. 

En mi caso, por ejemplo, yo trabajo con Quantic (Will Holand), pero también el trabajo que han hecho personas como Esteban Copete y el mismo Hugo Candelario ha sido valioso. Pero no solo desde la música tradicional se han hecho avances, sino desde muchos artistas que vienen del Pacífico y que están llegando a escenarios importantes. Se están haciendo muchas cosas, como en el caso de Jossman, Herencia de Timbiquí y Alexis Play, y obviamente el mismo Chocquibtown, quienes han posibilitado muchos espacios para la música nuestra. 

¿Cómo se compara la calidad de vida actual de un músico o compositor del Pacífico colombiano con la de hace 50 años? ¿Ha mejorado?

Si hablamos de los gestores, de las matronas, de los guardianes de la tradición y de los músicos del territorio, su situación económica no ha cambiado. Ellos siguen viviendo bajo limitaciones y precariedad. Y, aunque ahora hay incentivos dirigidos a gestores, los músicos del Pacífico no tienen una tarea fácil en términos de buscar un sustento. Sé que todo en la vida es de esfuerzos, pero el esfuerzo que le toca a uno hacer para mejorar el nivel de vida a través de la música, es un tema muy complicado. Toca respaldarlo con otra cosa que ayude a suplir, porque solamente con la música es difícil. 

Entonces, lo que trato de decir es que aún falta reconocimiento, pero no solo reconocimiento simbólico como decir “qué bueno, aplausos, maestros, trofeos”, no. Sino también lograr llegar a ese equilibrio en el que los maestros que están allá componiendo, creando y dándonos todas esas provisiones para que la música del Pacífico suene a través de diferentes proyectos puedan tener un reconocimiento de ese trabajo desde lo económico. Ellos son los que crean, pero quienes se ganan el dinero son otros. Casi siempre es lo que pasa. Llegan proyectos, no solo para agrupaciones sino colectivos del Pacífico, pero la plata se queda en los intermediarios, y lo que queda para los músicos y cultores son prácticamente las sobras. 

Creo que la dinámica, el modelo y la estrategia se debe revisar, de manera que los músicos, compositores, maestros y cultores que están haciendo el trabajo duro, que es el de poner los contenidos, reciban también este reconocimiento también desde lo económico.

En su caso particular, ¿cómo ha sido el proceso para salir adelante? 

A mí me ha costado 20 años, es decir, la mitad de mi vida me ha costado sacar adelante mis proyectos. Ahorita uno tiene un poco más de apoyo desde las entidades públicas y gubernamentales, pero a nosotros nos tocó duro porque siempre ha sido desde el esfuerzo personal, desde la autogestión, que hemos logrado grabar un disco, girar y circular. Entonces le toca a uno hacer alianzas con amigos que tienen tienen el mismo sueño de uno y que están guerreándosela también, para así salir adelante. Y sobre los apoyos que se han conseguido, porque reconozco que los hay, no han sido significativos para cumplir las exigencias y necesidades para moverse y lograr los resultados que ustedes han visto. 

En nuestro país hay una movida bastante importante del arte desde lo independiente, que reconoce que no podemos sentarnos a esperar a que los demás hagan por nosotros, o que esperar a que haya políticas justas para el desarrollo del arte y la cultura. Hemos tenido que buscar nuestras propias estrategias, tomando en cuenta a las personas que estamos involucradas desde la creación, desde los trabajos colaborativos. Ha sido bonito e interesante la dinámica que se ha manejado desde la superviviencia. 

Hablemos del Festival Petronio Álvarez, que se llevará a mediados de diciembre en Cali. ¿Qué significa este Festival para los artistas que participan?

El Petronio es una plataforma que ayuda a que los músicos se den a conocer. Es un espacio que congrega muchas cosas bonitas, reivindica, pero el Petronio, como tal y hasta el momento, no ofrece ni facilita la circulación de las agrupaciones. Creo que debe existir un fortalecimiento y se debe replantear la manera como acompaña el Petronio a los grupos en ese proceso. Por ahora, los grupos llegan, como llegamos la mayoría al Festival, y después nos toca maratonicamente hacer una carrera para desarrollarnos como artistas o como grupo musical, porque el Festival  graba un disco colectivo entre los grupos que ganan, pero es un disco al que no se le hace promoción desde lo comercial, sino que funciona más como pieza de memoria o pieza documental.

Desde la naturaleza del Festival, que es el de concurso, uno llega, compite, es seleccionado, canta y allí uno debe esperar hasta el próximo año. Pero precisamente lo que se podría hacer es que el Petronio, además de ser un concurso, sea toda una plataforma por medio de la cual la música del Pacífico pueda circular. El evento podría actuar desde diferentes líneas, no solo para visibilizar a los grupos sino también para posibilitar intercambios de los artistas con otras culturas, intercambios con otras plataformas en otros lugares del mundo parecidas al Festival. Creo que es un potencial que se está perdiendo y que puede contribuir a la circulación de la música. 

Además de visibilizar grupos musicales, el Petronio también es un espacio para mostrar otras expresiones culturales. ¿Nos puede contar sobre esto?

Además de la música, el Festival Petronio se ha convertido en una ventana que muestra una serie de elementos que hacen parte de la cultura, de la idiosincrasia y de todo ese sector productivo del Pacífico. No hablamos solo de música sino de gastronomía, artesanías y moda de nuestro territorio, y es un escenario muy bonito porque en un solo espacio se puede mostrar toda la grandeza y la riqueza que hay en el Pacífico. 

En su experiencia, ¿qué tan singular es el Festival Petronio Álvarez en el mundo?

En el mundo hay muchos festivales parecidos. Pienso, por ejemplo, en México, en el festival de Tajín, un festival que se me asemeja muchísimo porque muestra la riqueza ancestral que hay en México, que es amplia. Hay muchos festivales así en Europa también, que ofrecen un espacio importante para la gastronomía, las artesanías y las bebidas. En Colombia, en cambio, el Festival sí es el único con ese enfoque y de esa categoría.

Nidia, usted comercializa una bebida ancestral del Pacífico conocida como Viche. ¿Cuál es el valor de una bebida tradicional como esta?

El viche ha sido, es y seguirá siendo Patrimonio de nuestro territorio, de la región del Pacífico. Es una bebida que hace parte de nuestra cultura y que hace parte de esa riqueza que poseemos nosotros, de todos esos saberes ancestrales. Además, el viche históricamente ha desempeñado un papel muy importante al mover la economía de la región porque muchas familias han dependido y dependen de la producción de viche. 

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Cuando llegué aquí, a Cali, y empecé con el proyecto musical, no se escuchaba el viche como se escucha ahora, pero siempre lo llevábamos para donde íbamos, porque donde hay un arrullo el viche está presente. Es un elemento que está ligado a la música porque, entre otras cosas, es la forma como nosotras las cantoras calentamos la voz. Entonces,  siempre a donde voy llevo “mi vichecito”. Y respecto a mi marca, cuando mi mamá se vino de Timbiquí (Cauca), lo que hicimos fue fortalecer el emprendimiento, darle un nombre y dignificar la bebida. 

Viche positivo curao
.

¿De dónde se obtiene esta bebida y en qué se diferencia del Curao?

El viche es un aguardiente destilado de la caña de azúcar y su proceso de producción es 100% natural; no tiene ningún tipo de proceso industrializado ni químico, es totalmente orgánico y se hace de manera artesanal dentro del territorio del Pacífico. A partir del viche, como materia prima, se preparan muchas bebidas como es el viche curao, una bebida que lleva hierbas, bejucos y especias y que se llama así porque es muy utilizada en la medicina ancestral del Pacífico. Con el viche también se prepara la crema de viche, el arrechón, y muchas otras bebidas –unas ancestrales y otras nuevas– que han salido ahora, pero la base de todas es el viche, el aguardiente de caña. 

¿Cómo explicar que estas bebidas hayan salido de la región, y ahora se puedan encontrar en restaurantes no solo de Cali sino de Bogotá?  

El viche se encuentra ya en muchos espacios y eso es importante, pero también es importante que nos sentemos a revisar cómo las personas están vendiendo y ofreciendo viche, porque si se meten en esto deben conocer bien el proceso. Pienso que no se debe convertir en un producto de moda sino que las personas conozcan la bebida y sus propiedades y puedan tener la información correcta  de lo que significa el viche dentro y fuera del territorio. 

En diciembre de 2020 usted inauguró su hostal en Timbiquí. ¿Por qué apostar por el turismo en esa región del país?

Cuando se habla del Pacífico, mucha gente piensa en pobreza y violencia, pero realmente en Timbiquí hay riqueza en todo sentido: desde calidad humana, espacios naturales hermosísimos y paisajes, hasta gastronomía, bebidas, música, rituales, maestros y lugares que han sido insignes.

Timbiquí ha sido un pueblo históricamente minero y la minería ha sido muy importante, no solo como fuente de economía de las familias que tradicionalmente trabajaban en la minería tradicional, sino que ha sido un pueblo que ha sufrido por causa de la explotación minera a cielo abierto. Todas esas cosas han dejado sus secuelas positivas y negativas, pero es importante que la gente las conozca.

Tenemos también toda la parte de la agricultura. Timbiquí es un pueblo que se sostiene económicamente también del cultivo de coco y de la pesca. Hay experiencias bonitas como la de irse a pescar, a conocer esas faenas de los pescadores, de cómo es la vida del mar y también a esas faenas largas de cultivo de coco en las fincas. Por otro lado, tenemos la Ruta de la Rana amarilla, la más venenosa del mundo. Colombia es el segundo lugar en el mundo donde se encuentra ese animal, y es un atractivo turístico muy interesante.

Yo he sido una de las embajadoras de la música y de la región de Timbiquí, porque vengo de una familia de cantoras y es de gran interés para mí mostrar todo lo que hay detrás de esas letras que nosotros cantamos, de esos mensajes que nosotros le damos a la gente. Por eso sostengo que la música no es el centro ni lo único importante en mi proceso. Me interesa gestar otras cosas en beneficio del territorio. Hay artistas que se dedican a sacar productos musicales únicamente para la venta, pero el trabajo mío no se limita a sacar productos para vender. El fin último es poder, a través de la música, desarrollar procesos y ofrecer servicios para dignificar nuestra cultura y economía.

Es importante que desde el mismo territorio se reconozca la importancia de mostrar todas estas riquezas, porque muchas veces las personas se enfocan en lo de afuera. Entonces el mensaje que quiero dar es que aquí, en nuestra comunidad, tenemos una riqueza, un potencial, incluso desde la misma arquitectura, porque en Timbiquí las casas antes eran de madera y ahora las construyen en material. Entonces es bonito que la gente pueda ir al Pacífico y conocer cómo era que vivíamos, de acuerdo al clima y al contexto. La idea es recuperar todos esos valores, todos elementos de la cultura y de la ancestralidad que se han perdido.

¿Cómo se llega a Timbiquí?

A Timbiquí se llega de varias maneras: en avión directo desde Popayán o desde Cali. O desde Guapi en lancha rápida en 3 horas, o en barco en 12 horas.

¿Qué significa para la región del Pacífico haber perdido a un artista como Junior Jein?

Obviamente una noticia muy triste la de su asesinato y una noticia fuerte y dolorosa porque Junior Jein representaba muchísimas cosas. Se fue un eslabón importante para la movida musical del Pacífico, no solo desde lo artístico sino desde el ser humano, por todo lo que él posibilitó, todos los mensajes a través de sus trabajos musicales. Pero creo que murió Junior, pero nacieron miles de Junior Jein no solo en el Pacífico sino en toda Colombia. 

Para cerrar, ¿qué significó que en 2019 una agrupación de música folklórica como Canalón de Timbiquí hubiera competido por un premio Grammy Latino?

Fue la primera vez en la historia que la música tradicional del Pacífico fue nominada a los premios Grammy. Eso fue de gran alegría, de mucho orgullo y motivación. Los niños de la Escuela de Canalón estaban todos felices. Para ellos eso fue una motivación, un referente grande, por lo que significan los premios Grammy. Para cualquier artista es el máximo reconocimiento y es un aliciente para lo que uno está haciendo, y eso motiva.  

Además es muestra del trabajo arduo que se ha hecho y ayuda a reconocer no solamente el trabajo de Canalón de Timbiquí sino de los que estuvieron antes de Canalón, que se han encargado de conservar estos saberes. Entonces, para mí es importantísimo porque quiere decir que ha valido la pena luchar por mantener estas manifestaciones, esta riqueza ancestral, estos saberes vivos, transmitirlos, conservarlos y portarlos con dignidad, orgullo y con amor. La reivindicación, y el sentido de identidad, creo que se reafirma. Sobre todo para estas nuevas generaciones.

¿Siente que hoy hay un sentido de pertenencia a la región que antes no existía?

A pesar de que muchas cosas han cambiado, ha habido siempre un sentido de pertenencia. Sin embargo, perdió fuerza, sí. En 20 años las cosas han cambiado porque han llegado muchos elementos que no hacían parte de nuestra cultura e idiosincrasia. Nos ha tocado vivir esta transición, cambiar la estrategia de transmisión de nuestros saberes y, a la par, de forma inconsciente o consciente,  competir o poner al nivel de toda la información que les llega a los muchachos la nuestra, que implica el conocimiento del territorio y de toda su cultura. 

Pero también han pasado cosas curiosas. Antes, la música nuestra del Pacífico la escuchábamos cuando había un arrullo, un recorrido o una fiesta patronal, en cambio la otra música, la de cualquier artista del mundo, estaba en los equipos de sonido. Ahora han cambiado los escenarios. La música nuestra no se vive tanto en el ambiente sino que se ha trasladado a esas ventanas de difusión que frecuentan los muchachos. Por eso es bueno seguir grabando, porque ya los viejos se están muriendo y con ellos se están llevando los saberes. Es importante seguir conservando la memoria para las nuevas generaciones.

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Entonces, lo que trato de decir es que aún falta reconocimiento, pero no solo reconocimiento simbólico como decir “qué bueno, aplausos, maestros, trofeos”, no. Sino también lograr llegar a ese equilibrio en el que los maestros que están allá componiendo, creando y dándonos todas esas provisiones para que la música del Pacífico suene a través de diferentes proyectos puedan tener un reconocimiento de ese trabajo desde lo económico. Ellos son los que crean, pero quienes se ganan el dinero son otros. Casi siempre es lo que pasa. Llegan proyectos, no solo para agrupaciones sino colectivos del Pacífico, pero la plata se queda en los intermediarios, y lo que queda para los músicos y cultores son prácticamente las sobras. 

Creo que la dinámica, el modelo y la estrategia se debe revisar, de manera que los músicos, compositores, maestros y cultores que están haciendo el trabajo duro, que es el de poner los contenidos, reciban también este reconocimiento también desde lo económico.

En su caso particular, ¿cómo ha sido el proceso para salir adelante? 

A mí me ha costado 20 años, es decir, la mitad de mi vida me ha costado sacar adelante mis proyectos. Ahorita uno tiene un poco más de apoyo desde las entidades públicas y gubernamentales, pero a nosotros nos tocó duro porque siempre ha sido desde el esfuerzo personal, desde la autogestión, que hemos logrado grabar un disco, girar y circular. Entonces le toca a uno hacer alianzas con amigos que tienen tienen el mismo sueño de uno y que están guerreándosela también, para así salir adelante. Y sobre los apoyos que se han conseguido, porque reconozco que los hay, no han sido significativos para cumplir las exigencias y necesidades para moverse y lograr los resultados que ustedes han visto. 

En nuestro país hay una movida bastante importante del arte desde lo independiente, que reconoce que no podemos sentarnos a esperar a que los demás hagan por nosotros, o que esperar a que haya políticas justas para el desarrollo del arte y la cultura. Hemos tenido que buscar nuestras propias estrategias, tomando en cuenta a las personas que estamos involucradas desde la creación, desde los trabajos colaborativos. Ha sido bonito e interesante la dinámica que se ha manejado desde la superviviencia. 

Hablemos del Festival Petronio Álvarez, que se llevará a mediados de diciembre en Cali. ¿Qué significa este Festival para los artistas que participan?

El Petronio es una plataforma que ayuda a que los músicos se den a conocer. Es un espacio que congrega muchas cosas bonitas, reivindica, pero el Petronio, como tal y hasta el momento, no ofrece ni facilita la circulación de las agrupaciones. Creo que debe existir un fortalecimiento y se debe replantear la manera como acompaña el Petronio a los grupos en ese proceso. Por ahora, los grupos llegan, como llegamos la mayoría al Festival, y después nos toca maratonicamente hacer una carrera para desarrollarnos como artistas o como grupo musical, porque el Festival  graba un disco colectivo entre los grupos que ganan, pero es un disco al que no se le hace promoción desde lo comercial, sino que funciona más como pieza de memoria o pieza documental.

Desde la naturaleza del Festival, que es el de concurso, uno llega, compite, es seleccionado, canta y allí uno debe esperar hasta el próximo año. Pero precisamente lo que se podría hacer es que el Petronio, además de ser un concurso, sea toda una plataforma por medio de la cual la música del Pacífico pueda circular. El evento podría actuar desde diferentes líneas, no solo para visibilizar a los grupos sino también para posibilitar intercambios de los artistas con otras culturas, intercambios con otras plataformas en otros lugares del mundo parecidas al Festival. Creo que es un potencial que se está perdiendo y que puede contribuir a la circulación de la música. 

Además de visibilizar grupos musicales, el Petronio también es un espacio para mostrar otras expresiones culturales. ¿Nos puede contar sobre esto?

Además de la música, el Festival Petronio se ha convertido en una ventana que muestra una serie de elementos que hacen parte de la cultura, de la idiosincrasia y de todo ese sector productivo del Pacífico. No hablamos solo de música sino de gastronomía, artesanías y moda de nuestro territorio, y es un escenario muy bonito porque en un solo espacio se puede mostrar toda la grandeza y la riqueza que hay en el Pacífico. 

En su experiencia, ¿qué tan singular es el Festival Petronio Álvarez en el mundo?

En el mundo hay muchos festivales parecidos. Pienso, por ejemplo, en México, en el festival de Tajín, un festival que se me asemeja muchísimo porque muestra la riqueza ancestral que hay en México, que es amplia. Hay muchos festivales así en Europa también, que ofrecen un espacio importante para la gastronomía, las artesanías y las bebidas. En Colombia, en cambio, el Festival sí es el único con ese enfoque y de esa categoría.

Nidia, usted comercializa una bebida ancestral del Pacífico conocida como Viche. ¿Cuál es el valor de una bebida tradicional como esta?

El viche ha sido, es y seguirá siendo Patrimonio de nuestro territorio, de la región del Pacífico. Es una bebida que hace parte de nuestra cultura y que hace parte de esa riqueza que poseemos nosotros, de todos esos saberes ancestrales. Además, el viche históricamente ha desempeñado un papel muy importante al mover la economía de la región porque muchas familias han dependido y dependen de la producción de viche. 

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Viche positivo curao
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El viche es un aguardiente destilado de la caña de azúcar y su proceso de producción es 100% natural; no tiene ningún tipo de proceso industrializado ni químico, es totalmente orgánico y se hace de manera artesanal dentro del territorio del Pacífico. A partir del viche, como materia prima, se preparan muchas bebidas como es el viche curao, una bebida que lleva hierbas, bejucos y especias y que se llama así porque es muy utilizada en la medicina ancestral del Pacífico. Con el viche también se prepara la crema de viche, el arrechón, y muchas otras bebidas –unas ancestrales y otras nuevas– que han salido ahora, pero la base de todas es el viche, el aguardiente de caña. 

¿Cómo explicar que estas bebidas hayan salido de la región, y ahora se puedan encontrar en restaurantes no solo de Cali sino de Bogotá?  

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En diciembre de 2020 usted inauguró su hostal en Timbiquí. ¿Por qué apostar por el turismo en esa región del país?

Cuando se habla del Pacífico, mucha gente piensa en pobreza y violencia, pero realmente en Timbiquí hay riqueza en todo sentido: desde calidad humana, espacios naturales hermosísimos y paisajes, hasta gastronomía, bebidas, música, rituales, maestros y lugares que han sido insignes.

Timbiquí ha sido un pueblo históricamente minero y la minería ha sido muy importante, no solo como fuente de economía de las familias que tradicionalmente trabajaban en la minería tradicional, sino que ha sido un pueblo que ha sufrido por causa de la explotación minera a cielo abierto. Todas esas cosas han dejado sus secuelas positivas y negativas, pero es importante que la gente las conozca.

Tenemos también toda la parte de la agricultura. Timbiquí es un pueblo que se sostiene económicamente también del cultivo de coco y de la pesca. Hay experiencias bonitas como la de irse a pescar, a conocer esas faenas de los pescadores, de cómo es la vida del mar y también a esas faenas largas de cultivo de coco en las fincas. Por otro lado, tenemos la Ruta de la Rana amarilla, la más venenosa del mundo. Colombia es el segundo lugar en el mundo donde se encuentra ese animal, y es un atractivo turístico muy interesante.

Yo he sido una de las embajadoras de la música y de la región de Timbiquí, porque vengo de una familia de cantoras y es de gran interés para mí mostrar todo lo que hay detrás de esas letras que nosotros cantamos, de esos mensajes que nosotros le damos a la gente. Por eso sostengo que la música no es el centro ni lo único importante en mi proceso. Me interesa gestar otras cosas en beneficio del territorio. Hay artistas que se dedican a sacar productos musicales únicamente para la venta, pero el trabajo mío no se limita a sacar productos para vender. El fin último es poder, a través de la música, desarrollar procesos y ofrecer servicios para dignificar nuestra cultura y economía.

Es importante que desde el mismo territorio se reconozca la importancia de mostrar todas estas riquezas, porque muchas veces las personas se enfocan en lo de afuera. Entonces el mensaje que quiero dar es que aquí, en nuestra comunidad, tenemos una riqueza, un potencial, incluso desde la misma arquitectura, porque en Timbiquí las casas antes eran de madera y ahora las construyen en material. Entonces es bonito que la gente pueda ir al Pacífico y conocer cómo era que vivíamos, de acuerdo al clima y al contexto. La idea es recuperar todos esos valores, todos elementos de la cultura y de la ancestralidad que se han perdido.

¿Cómo se llega a Timbiquí?

A Timbiquí se llega de varias maneras: en avión directo desde Popayán o desde Cali. O desde Guapi en lancha rápida en 3 horas, o en barco en 12 horas.

¿Qué significa para la región del Pacífico haber perdido a un artista como Junior Jein?

Obviamente una noticia muy triste la de su asesinato y una noticia fuerte y dolorosa porque Junior Jein representaba muchísimas cosas. Se fue un eslabón importante para la movida musical del Pacífico, no solo desde lo artístico sino desde el ser humano, por todo lo que él posibilitó, todos los mensajes a través de sus trabajos musicales. Pero creo que murió Junior, pero nacieron miles de Junior Jein no solo en el Pacífico sino en toda Colombia. 

Para cerrar, ¿qué significó que en 2019 una agrupación de música folklórica como Canalón de Timbiquí hubiera competido por un premio Grammy Latino?

Fue la primera vez en la historia que la música tradicional del Pacífico fue nominada a los premios Grammy. Eso fue de gran alegría, de mucho orgullo y motivación. Los niños de la Escuela de Canalón estaban todos felices. Para ellos eso fue una motivación, un referente grande, por lo que significan los premios Grammy. Para cualquier artista es el máximo reconocimiento y es un aliciente para lo que uno está haciendo, y eso motiva.  

Además es muestra del trabajo arduo que se ha hecho y ayuda a reconocer no solamente el trabajo de Canalón de Timbiquí sino de los que estuvieron antes de Canalón, que se han encargado de conservar estos saberes. Entonces, para mí es importantísimo porque quiere decir que ha valido la pena luchar por mantener estas manifestaciones, esta riqueza ancestral, estos saberes vivos, transmitirlos, conservarlos y portarlos con dignidad, orgullo y con amor. La reivindicación, y el sentido de identidad, creo que se reafirma. Sobre todo para estas nuevas generaciones.

¿Siente que hoy hay un sentido de pertenencia a la región que antes no existía?

A pesar de que muchas cosas han cambiado, ha habido siempre un sentido de pertenencia. Sin embargo, perdió fuerza, sí. En 20 años las cosas han cambiado porque han llegado muchos elementos que no hacían parte de nuestra cultura e idiosincrasia. Nos ha tocado vivir esta transición, cambiar la estrategia de transmisión de nuestros saberes y, a la par, de forma inconsciente o consciente,  competir o poner al nivel de toda la información que les llega a los muchachos la nuestra, que implica el conocimiento del territorio y de toda su cultura. 

Pero también han pasado cosas curiosas. Antes, la música nuestra del Pacífico la escuchábamos cuando había un arrullo, un recorrido o una fiesta patronal, en cambio la otra música, la de cualquier artista del mundo, estaba en los equipos de sonido. Ahora han cambiado los escenarios. La música nuestra no se vive tanto en el ambiente sino que se ha trasladado a esas ventanas de difusión que frecuentan los muchachos. Por eso es bueno seguir grabando, porque ya los viejos se están muriendo y con ellos se están llevando los saberes. Es importante seguir conservando la memoria para las nuevas generaciones.

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