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El sector petrolero y el cambio climático

Diego Otero Prada, Columnista, Más Colombia

Diego Otero

Ingeniero eléctrico de la Universidad de los Andes y PhD en Economía de la University of Pennsylvania. Presidente de la Asociación Colombiana de Economía Crítica (ACECRI) y miembro de la junta directiva de la Academia de Ciencias Económicas (ACCE).

Uno de los debates más fuertes que se está dando en el país es el que se refiere a los hidrocarburos, dadas las posiciones del gobierno expresadas por las ministras de Minas y Energía y de Medio Ambiente,  en el sentido de no hacer nuevas convocatorias para buscar petróleo y, de contera, gas natural.

Posición de la ministra de Minas y Energía

Según la revista Semana del 6 de noviembre de 2022, en el stand de Colombia en la COP27 Irene Vélez indicó que se inició una evaluación de los actuales contratos que tiene el país para la exploración de hidrocarburos y aseguró que el objetivo del Gobierno nacional del Pacto Histórico es mejorar sustancialmente la gestión de los recursos de hidrocarburos.

Además, la funcionaria del gabinete indicó que la administración Petro no va a “salir desesperadamente a ampliar la frontera extractiva”, panorama que según explicó tiene claro el Ministerio de Minas.

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“Nosotros en este momento estamos haciendo un estudio que es muy importante para que podamos establecer y tener claridad sobre en qué estado están los contratos que tenemos hoy”, sostuvo Vélez.

Y agregó: “Sabemos que hay 330 contratos, de los cuales 117 están en explotación, y necesitamos saber cuál es su estado, es decir qué están encontrando, qué cuellos de botella han tenido, cuáles son los recursos que más o menos están en prospectiva de esos contratos y en ese sentido qué podríamos esperar en el momento que haya comercialidad de esos recursos y esperar si se pueden convertir en reservas viables”.

“Es decir ese estudio nos permitirá saber en qué estamos en recursos y reservas, nos permitirá también saber si por ejemplo las nuevas tecnologías, con las cuales tenemos mucha expectativa, pueden ampliar la productividad sin que se necesiten nuevas áreas”, anotó la Ministra.

También dijo: “Estamos hablando por ejemplo del recubro mejorado, tecnología ya disponible en Colombia, se ha usado relativamente poco y en caso de ser más intensivos con esa tecnología en las mismas áreas podríamos mejorar la productividad”.

“Para nosotros es mucho más importante mejorar en la gestión de hidrocarburos, que salir desesperadamente a ampliar la frontera extractiva, ese es el principio con el que estamos actuando”, subrayó Vélez.

En otras palabras, la Ministra está negando implícitamente que se vayan a plantear nuevos contratos de exploración. Hay que relacionar esta declaración con otras dadas por la ministra de Medio Ambiente y por lo escrito por el coordinador de la campaña presidencial de Gustavo Petro del sector de energía, el actual director del Instituto Nacional de Minería, que concuerdan con lo que dice la ministra Vélez. 

En definitiva, como se piensa que en 12 o 15 años se eliminaría el consumo de petróleo, carbón y gas en Colombia, algo por supuesto super utópico, entonces parten de la idea de que para qué preocuparse por explorar, si con las reservas actuales, con lo que se descubra con los nuevos contratos ya firmados en 2021 y con una profundización de la recuperación secundaria habrá petróleo suficiente para abastecer la demanda y tener algunos excedentes para exportar. 

Y como nosotros debemos luchar contra el cambio climático, tenemos que contribuir a su solución dejando de sacar más petróleo, gas natural y carbón. Esta es la lógica que subyace en esta utopía.

Adicionalmente, como va a definirse una política de nuevos ingresos en divisas por turismo, reindustrialización y reorientación de la agricultura, podemos olvidarnos de las exportaciones de petróleo y carbón y ser ejemplo en el mundo, campeones del cambio climático para gusto de las ONG europeas.

¿No será necesario el petróleo?

A continuación, haremos un ejercicio preliminar de predicciones de oferta de petróleo, partiendo de que no hay nuevos contratos de 2023 a 2026.

De acuerdo con las cifras de la ANH, Colombia es un país con descubrimientos petroleros exitosos pequeños de promedio 20 millones de barriles y una tasa exitosa de exploración de 30% o menos. 

Solamente ha habido tres grandes descubrimientos: Concesión de Mares, Caño Limón y Cusiana-Cupiaga. De ahí que se necesitan muchos contratos petroleros, lo que significa en la práctica explorar mínimo 50 pozos exploratorios por año. Esto no ha ocurrido en los últimos años; el promedio de 2011 a 2021 ha sido de 26.

De los nuevos contratos firmados en 2021, cada uno obliga a perforar tres pozos exploratorios, con lo cual se tendrían máximo 351 pozos. Con una probabilidad de éxito de 30%, se tendrían 105 pozos exitosos y un potencial de nuevas reservas de 2.100 millones de barriles. 

Como toda predicción a base de probabilidades, estas se cumplen en el largo plazo, pero en el corto y mediano plazo pueden no darse.

Con los 2.000 millones de reservas actuales en 2022, más estas nuevas reservas, se tendrían 4100 millones en total.

Falta adicionar las posibilidades de incrementar la producción por recuperación secundaria, algo difícil de prever, pero suponemos unos 1.000 millones de barriles con base en la historia reciente.

En total, podríamos tener 5.100 millones de barriles de reservas, que, a un promedio de 324 millones de barriles de consumo interno y exportaciones, alcanzaría para 16 años. Es decir, para 2038 estaríamos en cero reservas.

Este ejercicio no es tan cierto porque hay una curva de producción que implica producir un mínimo económico cuando se encuentra un campo, que significa mayores producciones en los años iniciales, así que realmente el horizonte es más corto. Es decir, el  año en el que se tendría cero producción de petróleo estimamos que estaría entre 2032 y 2038.

El perfil de la producción por año es muy importante porque da el potencial de la producción anual y la distribución del consumo entre exportaciones y demanda interna. Es de esperar que en los primeros años habrá un salto en las exportaciones, las cuales disminuirán con el tiempo.

Ahora, en cuanto a la recuperación secundaria o recobro, como lo llama la ministra de Minas y Energía, el promedio mundial es de 24%, no 30% como ella dice, repitiendo el documento del coordinador del sector de energía del programa del Presidente, el actual director de la Agencia Nacional de Minería. Ese 24% implica un rango amplio de posibilidades de recuperación secundaria que puede ir hasta 50% en las situaciones más optimistas y menos de 24%, por supuesto que depende de muchas variables.

Pero, como en Colombia los campos son en su mayoría pequeños, no se puede hacer el recobro en todos ellos. Así, según expertos, se puede llegar a un 5% más de recobro, sobre el promedio actual de 175 por recuperación primaria.

Este escenario, que es lo que intenta determinar la Ministra, si se cumple, le permitirá decir que no se requieren nuevos contratos. Como el escenario de ella es de 15 años, habría petróleo suficiente para abastecer la demanda interna según lo que piensan en el gobierno, porque en 2037 el consumo del petróleo se acabaría ya que todo el transporte estará electrificado, se sustituirá el gas natural  por electricidad y el carbón no se consumiría más. Pero no se piensa en los consumos para petroquímica, que continuarían. Es el mundo ideal subjetivo sin ningún apoyo en la ciencia, la técnica ni la economía. 

Y desaparecerían las exportaciones, pero eso no importa porque como somos campeones del cambio climático, estaríamos dando un ejemplo al mundo de acabar con los combustibles fósiles.

Lo que no exporte Colombia lo harán otros, como Venezuela, México, Guyana y Argentina en Latinoamérica. Así que desde el punto de vista del cambio climático nada cambia, y Colombia quedaría como un tonto.

En realidad, dado que los contratos tienen una vida de 20 años, después de 2032-2028 se está en la parte final decreciente de cada yacimiento, con producciones por debajo de la demanda interna (que incluye las necesidades de la petroquímica) y habría que importar petróleo.

Afortunadamente, al final del gobierno de Gustavo Petro, en 2026, es posible que el nuevo gobierno impulse nuevos contratos petroleros, pero se habrán perdido cuatro años.

Hoy el panorama internacional ha cambiado por la guerra de la OTAN contra Rusia y por el cambio de Estados Unidos con respecto a Venezuela. Lo que no se invierta en Colombia se irá para este país, que se va a convertir en un nuevo centro petrolero mundial. 

Igualmente, en Guayana se han descubierto grandes yacimientos, y están Brasil con yacimientos importantes off-shore y Argentina con los yacimientos no convencionales.

El petróleo no se acabará en el siglo XXI

Todos los estudios de entidades serias que hacen análisis predictivos hasta 2050 no determinan que el consumo de hidrocarburos vaya a acabarse. En general, hay un crecimiento de 94 millones de barriles por día en 2022 a un pico de 100 millones de barriles en la segunda mitad de la década de los veinte, que se estabiliza en este valor hasta entrada la segunda mitad del siglo XXI.

Las perspectivas de la Agencia Internacional de Energía (IEA), la Agencia de Información de Energía (EIA), la British Petroleum-BP, la OPEP y Exxon-Mobil muestran que el petróleo y el gas no dejarán de ser demandados en 2050. 

Nadie proyecta que los hidrocarburos vayan a desaparecer, pero para el carbón existe consenso en que después de 2030 comienza su declive. Igualmente, hay consenso sobre la creciente participación de las energías solar y eólica y de los biocombustibles.

Nadie en el mundo tiene el atrevimiento de políticos del Pacto Histórico como Roy Barreras, algunos ambientalistas desorientados y algunas ministras que supuestamente hablan de una transición energética de entre 12 y 15 años, lo que es una locura sin base en nada. Sería bueno que pasaran de las palabras y los deseos subjetivos a las cifras para que mostraran sus cálculos.

El mundo irreal de las ministras y el gobierno

Hemos pintado el mundo irreal de nuestra política de cambio climático, centrada en el sector energético, que no aguanta ningún análisis serio.

Lo más loco de esta utopía es pensar que en 15 años Colombia habrá hecho la transición energética, algo que ningún país del mundo ha planteado ni siquiera para 2050. 

En segundo lugar, se asume que en el mundo desaparecerá el consumo de petróleo, gas natural y carbón dentro de 15 años (cosa que ningún instituto privado u organizaciones como BP, OPEP, Agencia Internacional de Energía-AEI y la Energy  Information Administration-EIA predice). De ahí que no haya que preocuparse por tener excedentes para exportar. O, si acaso, se asume que las demandas de gas natural y petróleo caerán tanto que Colombia no podría competir con otros países.

Son todos argumentos falaces sin ningún sentido de la realidad, locuras ambientalistas sin base en criterios científicos, económicos, sociales ni políticos. 

Para dejar de consumir petróleo hay que electrificar el transporte

Dado que el transporte explica el 90% del consumo en Colombia, su eliminación interna exige que los 18 millones de vehículos actualmente en operación sean electrificados para 2037. Esto implica, sin tener en cuenta los incrementos futuros, que cada año dejen de consumir combustibles líquidos 1,2 millones de vehículos, algo que solamente China está haciendo. 

Según el registro en el RUT, había en Colombia 8.299 vehículos eléctricos o híbridos a mediados de 2022, y no existe ningún plan. En definitiva, pensar en electrificar el transporte en 15 años es una locura total.

Para dejar de consumir gas natural habría que volver a la electrificación

Hoy casi todos los hogares utilizan gas natural para cocción y calentamiento de agua, y en la industria y comercio para calor. Esto ha sido resultado de un trabajo continuo desde el decenio de los setenta del siglo XX, es decir, cerca de 50 años. Antes se utilizaba electricidad porque no había gas natural, pero al aparecer este y por ser más barato que utilizar energía eléctrica, se inició la sustitución.

Revertir este proceso cuesta recursos inmensos, aumentarían las facturas energéticas y sería un trabajo de 50 años. De ahí que pensar en que desaparezca el gas natural en 2037 es otra locura.

Conclusiones

No existe ninguna posibilidad técnica, económica ni social para que desaparezca el consumo de petróleo y de gas natural en 15 años en Colombia. Ni siquiera en 50 años.

Hoy no hay ningún plan por parte del gobierno para establecer una ruta de electrificación del transporte y de sustitución del gas natural. De ahí que estos combustibles son necesarios y requerimos tenerlos internamente para asegurar la soberanía energética.

Hay que distinguir entre el corto, el mediano y el largo plazo. En el corto plazo no tenemos problemas con las reservas actuales, los nuevos contratos y la recuperación secundaria. El asunto está en el mediano y el largo plazo. 

Una nueva ronda petrolera, si se decidiera, requiere prepararla, hacer los pliegos de cargos, iniciar las licitaciones correspondientes y firmar los nuevos contratos, los cuales entrarían en operación en 2024 o 2025. Si no se hacen en el gobierno actual, para el siguiente gobierno entrarían en 2029.

La ministra de Minas y Energía trata de confundir a la opinión con su cuento de que se están estudiando los nuevos contratos, como una forma de evitar abrir nuevas rondas petroleras. 

Una cosa es que se cumplan los contratos firmados, lo cual es correcto y obligatorio, y otra firmar nuevos. Son dos temas muy diferentes. Lo que se discute es, precisamente, la posición de cerrar la exploración a contratos nuevos, diferentes a los ya firmados que tienen que cumplirse por ambas partes, las compañías y el gobierno.

En conclusión, no juguemos con candela. Hay que explorar para satisfacer la demanda interna y tener excedentes para exportar en el mediano y largo plazo, puesto que el petróleo y el gas natural no desaparecerán de la matriz energética mundial en mínimo 50 años.

Pregunta: ¿Lo que se prometió en campaña y en el programa presidencial hay que cumplirlo como sea, sin importar que perjudique al país?

Lo que se está haciendo en Colombia en política energética es gravísimo.

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