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jueves, 13 de junio de 2024
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Envejecimiento y sexualidad

Bernardo Useche, Columnista, Más Colombia

Bernardo Useche

Psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia, PHD en Sexualidad Humana del IASHS de San Francisco, CA y PhD en Salud Pública de la Universidad de Texas en Houston.

Contrario a los prejuicios y estereotipos que desconocen y discriminan la vida sexual de hombres y mujeres mayores, estudio tras estudio confirma que el envejecimiento no conlleva necesariamente a la pérdida del deseo sexual, ni de la práctica de actividades sexuales. 

Las investigaciones también confirman que las experiencias sexuales satisfactorias hacen parte y contribuyen al bienestar físico y mental durante el proceso de envejecimiento.


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La actividad sexual nos dio la vida y hace parte íntima de nosotros desde la concepción hasta la muerte, ojalá de avanzada edad y con relativa buena salud. La esperanza de vida en Colombia es de 74 años, pero las mujeres viven aproximadamente 7 años más que los hombres. 

Somos una sociedad con un número cada vez mayor de personas mayores que, a pesar de los cambios biológicos y psicosociales que conlleva el paso de la edad y de las enfermedades asociadas con el envejecimiento, no tienen por qué eliminar de sus vidas el interés y el disfrute de la sexualidad. 

Con la edad no nos convertimos en seres asexuales. Todo lo contrario, a través de nuestra propia historia sexual, las personas mayores desarrollamos mapas eróticos individualizados en el cerebro y en la mente que nos guían en la búsqueda de satisfacción sexual. 

Esta es una búsqueda consciente o inconsciente que realizamos a partir de los patrones de deseo, estimulación, excitación sexual y tipo de relación de pareja que hemos construido con la experiencia vivida. 

En un estudio realizado en Suecia, el 10% de las personas mayores de 90 años reportó actividad sexual regular. En Polonia una serie de entrevistas con hombres y mujeres entre 65 y 82 años encontró que practicaban una diversidad de expresiones y comportamientos sexuales. Estos comprendían desde el coito hasta las caricias íntimas y el autoerotismo, orientados a obtener placer y a experimentar ese sentimiento único de equilibrio y seguridad emocional que genera un orgasmo. 


La Dra. Liliana Arias y sus colegas colombianos investigaron la sexualidad de hombres y mujeres mayores de 50 años (el 57 % con más de 65 años) y encontraron, entre otros hallazgos, que la mayoría consideraba apropiado tener actividad sexual a su edad, que sus prácticas sexuales se asociaban con los niveles de deseo percibidos y que el 16% de los participantes se había masturbado el año anterior al estudio.

Estos datos y muchos otros que se podrían citar, ilustran bien de qué manera la vida sexual continúa haciendo parte de las personas mayores. Por supuesto, la conducta sexual durante la vejez debe tener lugar en el marco de criterios éticos, de responsabilidad y dentro del respeto y cumplimiento a las políticas, leyes y normas vigentes en Colombia o en cualquier otro país.

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Dada su importancia, es necesario realizar encuestas periódicas que permitan caracterizar y hacer seguimiento a los conocimientos, actividades y actitudes sexuales de las personas mayores en Colombia. Sin esta información es muy difícil acertar en la vida real en la promoción y garantía de los derechos sexuales de la población que envejece.

Se deben superar dos grandes obstáculos: el primero, las barreras para obtener una educación sexual con fundamento científico y para acceder a servicios de salud sexual. El segundo, la persistencia de actitudes y normas culturales que se alimentan de la erotofobia y niegan o desconocen el derecho de mujeres y hombres mayores a una vida sexual activa.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud se encuentran discutiendo actualmente la propuesta presentada por la Universidad de Caldas para implementar oficialmente estrategias que garanticen el ejercicio de los derechos sexuales de las personas mayores. 

Hacemos votos para que esta pieza de política pública se materialice y se financie apropiadamente, y que no se someta a las vicisitudes del Plan Nacional de Educación Sexual formulado en 1993 por el Ministerio de Educación Nacional.