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domingo, 16 de junio de 2024
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Exportador de la Semana: Kaironare, un negocio con propósito social que teje historias en “La Guajira profunda”

Entrevista exclusiva con Juanita Liévano, fundadora de Kaironare, una empresa con propósito social que ha logrado llevar desarrollo a La Guajira con la venta de artesanías Wayuú con diseños contemporáneos.

La tejeduría entrevera en sus hilos la historia y la cosmogonía de los pueblos indígenas colombianos. Los motivos, patrones, colores y entramados del tejido son narradores silenciosos del territorio, del paisaje y de los ciclos de vida. 

Lo anterior evoca lo que las artesanías de Colombia ilustran sobre los tejidos colombianos que son elaborados por las comunidades indígenas y que llegan a decenas de países en todo el mundo.

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Y eso es precisamente lo que Kaironare, un negocio con propósito social, hace a través de su directora, Juanita Liévano, quien ha logrado llevar a través de la venta de mochilas y manillas Wayuú el trabajo artesanal de las comunidades.

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Imagen: Cortesía Kaironare

Kaironare es una tienda de diseño contemporáneo de productos artesanales elaborados a mano. La empresa nació en el año 2016 con el propósito de transformar vidas y apoyar el desarrollo de familias artesanas en La Guajira, a través de programas de bienestar que acompañan su crecimiento. 

La promesa fundamental de Kaironare es la reinversión en las propias comunidades y la oferta de diseños especiales de su marca. Hablamos con Juanita Liévano, su fundadora.

Para ver completa la entrevista, lo invitamos a hacer clic en el video ubicado en la parte superior de la página.

¿Cuál es el origen y la inspiración detrás de este proyecto que lideras? 

Kaironare es el resultado de un llamado al corazón. Hace unos años, mi sueño siempre fue ir a África. Me inspiraba la madre Teresa de Calcuta, con todos sus proyectos comunitarios y solidarios. Me inspiró toda su obra, así que a finales del año 2007 me fui a África, a Benín, a un lugar muy especial que se llama Natitingú.

Duré tres meses en ese voluntariado y yo diría que mi vida se partió en dos. En ese momento, ese llamado al corazón se dio cuenta de que definitivamente mi proyecto de vida estaba enfocado en el servicio y, al final, me di cuenta de que era mi proyecto de vida. 

Agradecí los años de trabajo en el mundo corporativo, en una gran empresa a la cual honro y quiero mucho, pero organicé mi retiro, pensando en su momento en devolverme al África. En ese regreso a Colombia, hice un viaje a la Colombia profunda, llegué a La Guajira y ahí hice clic y me dije “¿cuál África? El África la tengo enfrente, es La Guajira”.

¿Cómo surge la idea de enfocarse en esta África colombiana, como la denominas tú, que encuentras allí en La Guajira, con la comunidad Wayuú? 

Una de las cosas que también me inspiró mucho en África fue el sistema de trabajo.

Vengo de una organización, laboralmente hablando, que acompañaba muchas fundaciones, que acompañaba muchos proyectos de desarrollo de vida y una de mis reflexiones es que la vida de la fundación es una vida fuerte. 

Desde luego depende de cómo sea concebida, pero fue la que a mí me tocó ver en su momento, donde de alguna manera es “por favor ayúdame”, “por favor necesito”, siempre desde la necesidad. 

La palabra que se me viene a la mente es escasez. Y fue maravilloso porque empezamos a desarrollar un comedor comunitario con propósito social.

¿Qué más movió a Juanita LIévano en esta Guajira olvidada?

Mi primera preocupación cuando vi esta situación en La Guajira fue el hambre. “Niños mueren de hambre y de sed en La Guajira”, decía ese título que vi en un noticiero. Y dije “esto no puede ser”.

Mi primera conexión fue el tema de la alimentación. A la par, trabajé unos indicadores de gestión que pude tener a partir del Banco de Alimentos, con el que he estado siempre vinculada. Evalué tres indicadores que me dejaron súper reflexiva. 

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Imagen: Cortesía Kaironare

El primero de ellos es que La Guajira tiene 14 puntos menos de coeficiente intelectual. Es decir, que los niños tienen menores capacidades de aprendizaje. Desde luego, a los adultos también les pasó. 

El segundo es que tienen seis años menos de escolaridad. Un niño promedio Wayuú no sale de quinto de primaria. 

Y el tercer indicador es que en su edad adulta tienen un 57% menos de ingresos.

Entonces, desde luego para mí el corazón era cómo alimentar mejor a las personas. Y en ese camino, conociendo esa Guajira, me encuentro por primera vez con un niño llamado Daniel, que en lugar de sacar la mano y decir regálame, que es lo común, me dijo “yo quiero estudiar, ayúdame”. Y a mí eso me pareció como un acto fenomenológico.

Aquí hay una oportunidad. Y decidí apoyarlo con ese propósito social. En esta comunidad hacíamos trueque de agua por mochilas, por lo tanto los carrotanques de agua que llegaban eran cambiados por mochilas de esta comunidad. Esa fue la primera aproximación.

Y en ese momento, cuando Daniel dice “yo quiero estudiar”, empezó la magia porque nos inspiramos en cómo seguíamos o continuábamos haciendo trueque con esa comunidad donde había un niño que quería estudiar.

Y había la posibilidad de educarlo y acompañarlo en un proyecto con propósito social. Esa fue la primera vez donde esto fue cogiendo forma para avanzar en Kaironare. 

¿Qué quiere decir Kaironare?

Kaironare es una palabra en wayuunaiki que traduce desierto soleado

Dentro de esa mirada apreciativa de la vida, de esa mirada que me caracteriza y que siempre he tenido, pensamos en un nombre y llegó Kaironare, tienda solidaria, la tienda donde siempre sale el sol.

¿Cuáles son las principales metas que Kaironare busca lograr con esta comunidad que estás impactando?

Tenemos cuatro pilares fundamentales. El primero es asegurar la alimentación. Definitivamente el comedor, que es como el núcleo central, es el lugar que nos une, es el lugar que nos conecta y el sistema por el cual nace esto con la alimentación. 

Es una casa comunitaria con propósito social, donde mensualmente hacemos el mercado. En la comunidad no hay acceso a energía eléctrica. Hoy en día, tenemos un panel y una nevera, y allí obviamente llega toda la comida.

Nuestro segundo pilar es el agua porque sin agua no comemos. Entonces, de alguna manera —apoyando o trabajando, porque no es fácil cuando tú estás ya metido en La Guajira profunda—, tenemos un acceso al agua del sector donde estamos, de un pozo que funciona completamente a través de un panel solar. 

Y el tercer pilar es la educación. Tenemos una escuela satélite multigrado y una profesora dentro de la comunidad. Esto es del Estado. El PAE y la educación van de la mano. En esta escuela están los 20 niños donde, en la misma aula de clase y en simultánea, estudian de primero a quinto de primaria. Es un propósito social.

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Nuestro proyecto es acompañar todas esas labores del colegio, útiles escolares, utensilios para temas didácticos y demás dar bicicletas a los niños que pasan a primero de bachillerato para el acceso a la educación. 

Y, como cuarto pilar, el acompañamiento en el tejido de sus mochilas, pensando en que tengamos un diseño distinto y mejores calidades para la comercialización de estos artículos.

¿Estas mochilas son el sustento económico de Kaironare?

Kaironare es un negocio con propósito social. Me gusta empezar a hacer la distinción con una fundación. Cuando se sirve o se tiene un proyecto social tan latente como en el caso de Kaironare, es impajaritable que la gente pregunte: ¿…y cómo va la fundación?, ¿…y tu fundación? ¿…y qué es lo que hacen en la fundación?

El concepto de empresas B, empresas benefit, empresas triple impacto, fue lo que nos inspiró para pensar en que queríamos nacer como empresa solidaria con impacto social.

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Imagen: Cortesía Kaironare

Obviamente, lo primero es que tiene que ser un negocio que tenga impacto en la comunidad y que haya reinversión con propósito social con tres ejes fundamentales. 

Lo primero es la venta de mochilas elaboradas por mujeres de la comunidad, donde tenemos el proyecto del comedor y la escuela. 

Adicionalmente, trabajamos con otras dos comunidades, donde tenemos unos círculos de mujeres tejedoras de distintas comunidades, donde también compramos a través de comercio justo y con proyectos de acompañamiento de bienestar. 

Es muy importante trabajar con indicadores de gestión dentro del contexto en el que trabajamos y las distintas técnicas de tejido. En La Guajira hay distintas técnicas de tejido y nosotros las tenemos: tejido puyado, tapizado, tejido tradicional en una hebra o tejido susu, tejido ancestral liviano. 

¿Cómo hace Kaironare para que sus mochilas y sus manillas las tenga un extranjero? 

Definitivamente es nuestra proyección. Es por lo que estamos trabajando. Nuestro fuerte es lo digital. Estamos a través de Instagram, como Kaironare Tienda Solidaria. 

Es nuestro canal de comunicación con el cliente, donde obviamente mostramos nuestros productos con propósito social y adicionalmente tenemos la oportunidad de ir contando a través de nuestras historias lo que hacemos con las comunidades, cómo nos vemos con la comunidad y todo lo que hacemos. 

Entonces, tenemos muchos seguidores y tratamos de pautar en el extranjero. Ya nos conocen, ya saben dónde estamos, somos una fuente de referencia de mucha gente. El voz a voz de alguna manera ha ido llegando.

Muchos colombianos en el extranjero nos tienen como referente y eso para nosotros es súper importante. 

Lo segundo es que tenemos nuestro punto físico. Tenemos una pequeña tienda en Usaquén, en la carrera séptima, Centro Comercial Sula. Usaquén es, llamémoslo así, la meca de los extranjeros. Muchas de las personas que llegan a Colombia pasan por Usaquén y nos conocen en este lugar.

Y nuestra promesa de valor adicional es que les enviamos nuestros productos a través de correo certificado a cualquier parte de Colombia y el mundo, a las personas que quieran los productos con propósito social. 

Desde luego, buscamos compradores en el exterior interesados en tener una colección petite, porque nuestra capacidad de producción, sobre todo en estos productos, es muy pequeña por el tipo de trabajo social que tenemos por detrás.

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Pero es una producción muy exclusiva y linda. También estamos ofertando a los distintos países para que puedan llegar los productos. Nuestros tiempos de producción son largos, pero nuestra calidad y nuestros diseños son súper especiales.

¿Cuáles son los países que muestran mayor interés? 

Yo diría que, definitivamente, Estados Unidos y España son dos países súper interesados en nuestros productos. También tenemos gente en Oriente, Japón y China incluso. Son países que también se interesan muchísimo. Sobra decirte que Latinoamérica, México y Brasil son países a los que también les gusta muchísimo. 

¿Qué obstáculos han tenido al enviar los productos al extranjero?

Para hacer envíos internacionales, a veces, sobre todo con Brasil, tenemos problemas arancelarios.

Los costos de aranceles de llegar a esos países no son tan fáciles. Los países más desarrollados, como Estados Unidos, Australia, Canadá, España o Italia, son países que se prestan más para que los envíos puedan ser muchos más fáciles. 

Pero yo te diría que Estados Unidos y España son dos países de gran interés hacia nuestros productos.

¿Cómo reciben ustedes en esta empresa el apoyo estatal para sacar del anonimato este emprendimiento? 

No, a nivel empresarial no. Hubo un intento en el gobierno pasado y fue interesante, que se llamó la economía naranja, donde, de alguna manera, dentro de ese contexto estaban metidas este tipo de empresas con formación y se estaban viendo temas como impuestos. 

La realidad es que una empresa hoy en día, al margen de que tenga impronta social, es una SAS. En términos tributarios, es una empresa común y corriente, conformada con todo lo que ello implica. 

Así que, como tal, yo te diría que no. Ahora bien, aparte del Estado, lo que sí ocurre es que el comprador hoy en día es consciente. El comprador está pensando en adquirir un producto de buen diseño, de buena calidad, y si además este producto tiene un proyecto social que soporta, lo valora más. 

El comprador está eligiendo y está queriendo este mundo green, verde, este mundo de apoyo solidario. Sobre todo, y curiosamente, las nuevas generaciones.

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Imagen: Cortesía Kaironare

Entonces, te resumo que somos una empresa común y corriente y realmente lo que tenemos es un proyecto de vida, un propósito, y eso hace que el comprador quiera elegirnos y comprar el producto acá. Eso sí nos pasa. 

¿Cuáles son los planes que tiene Kaironare a futuro?

Los planes son muchos, pero yo diría que nos vamos a enfocar en tres puntos. Lo primero es avanzar en lo que tenemos actualmente. Queremos internacionalizarnos, es decir, queremos salir y tener compradores en el exterior interesados en nuestras producciones.

Lo segundo es que queremos incrementar la línea de productos. En este momento también estamos teniendo canastos con palma de iraca y pensando en comunidades que, obviamente, nos permitan tener una oferta al cliente.

Después de siete años de tener todo el proyecto, cinco de ser tienda, ya se están pidiendo nuevos productos. Cualquier producto que llegue a Kaironare tiene por detrás una impronta social.