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domingo, 16 de junio de 2024
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Negar el agua de la llave: el error garrafal de muchos restaurantes en épocas de alta inflación

Cuando los restaurantes niegan o demoran el agua de la llave a sus comensales, además de hacerlos pasar un mal rato pueden terminar por perderlos como clientes.
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El costo de vida en Colombia se ha convertido en un tema omnipresente y en una preocupación constante para las familias. Comprar ropa, ir al cine o de fiesta e incluso darse un gusto en un restaurante son cosas que cada vez se piensan más, pues el bolsillo no aguanta tantos gastos. 

En 2022, la inflación, conocida como el Índice de Precios al Consumidor (IPC), cerró en 13,12%. Para febrero de este año, la cifra anual se ubicó en 13,28%. Estas cifras, aunque históricas, palidecen cuando se tiene en cuenta que el alza en los alimentos y en la comida que se adquiere en restaurantes ha sido mucho mayor. 


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En 2022, el IPC para los alimentos alcanzó un escandaloso 27,81% según el DANE, y un estudio realizado por Cluvi y la Asociación Colombiana de la Industria Gastronómica (Acodres) evidenció que los restaurantes subieron sus precios 19% ese año. 

Por eso, los colombianos han venido implementando pequeñas estrategias para ahorrar lo más que se pueda sin renunciar a esos placeres que tanto disfrutan. En lo que tiene que ver con los restaurantes, prácticas como evitar pedir entradas, postres, licor o café vienen en aumento. Otra, de la que se habla menos pero que no por ello es menos significativa, es la de acompañar la comida con “agua de la llave” en las ciudades donde esta es potable. 

Las bebidas pueden representar alrededor de un 20% de la cuenta. Con ello en mente, no sorprende que los comensales busquen la manera de reducir este monto. La respuesta de los restaurantes, sin embargo, no siempre es positiva. 

Los restaurantes están en “modo de supervivencia” 

Las fuertes alzas en los precios han tenido un impacto significativo en el sector gastronómico. Guillermo Gómez París, presidente ejecutivo nacional de Acodres, señala que el sector se encuentra en “modo de supervivencia”. 

Si bien el consumo se ha mantenido e incluso ha alcanzado los niveles prepandemia, el sector ha tenido que lidiar con el encarecimiento de los insumos y con las perspectivas de desaceleración económica que hay para Colombia en 2023. 


Como resultado de esto, además de subir los precios de los menús, los dueños de algunos restaurantes han apelado a estrategias como las de reducir las porciones, cambiar los ingredientes más costosos o simplemente reducir los márgenes de ganancia. 

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En ese contexto, no sorprende que, ante la solicitud de los clientes de beber agua de la llave, algunos administradores y meseros —cuyas propinas además dependen del valor de la cuenta— se muestren contrariados. El resultado es preocupante. 

Al pedir esta bebida, los clientes se encuentran cada vez más con prácticas como la de “olvidarla” a la hora de servir los alimentos, pequeños gestos que los hacen sentir que no son bienvenidos, respuestas tan molestas como “no hay” y conductas reprochables como traer una botella a pesar de que esta no fue solicitada.

Sin embargo, el demorar el único elemento que es gratuito de la cuenta, o incluso el negar su consumo, a lo único que conduce es a que esa familia o comensal se sienta mal atendido y piense dos veces si salir a comer fuera de su casa. A fin de cuentas, y como dicen las abuelas, un vaso de agua no se le niega a nadie.

Por más molesto que sea para un restaurante no obtener ingresos —u obtenerlos en menor medida— por concepto de bebidas, siempre será peor que el cliente decida no acudir. Así que la invitación, para estos tiempos de vacas flacas, es a atender igual de bien a los clientes que toman agua de la llave para cuidar su bolsillo —y, de paso, cuidar su salud y el medio ambiente—, al tiempo que disfrutan una salida fuera de casa. 

Y no olvidar: para los restaurantes siempre será mejor una cuenta barata que una persona comiendo en su casa o visitando otro establecimiento que sí brinde el agua de la llave —y hasta con hielo— sin hacer sentir mal a quien la pide.

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