domingo, 4 de diciembre de 2022
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El potencial de los sistemas agroforestales para conciliar el bienestar humano y la conservación ambiental en la Amazonia

Los agrobosques, bien planificados y gestionados, aumentan la biodiversidad, las reservas de carbono y tienen un gran potencial para restaurar áreas agrícolas degradadas. Análisis de tres investigadores brasileros.

Amazonia, Selva,

Por: Joice Ferreira, ecologista, investigadora de Embrapa Amazônia Oriental y cofundadora de la Red Amazonía Sostenible (RAS).

Judson F. Valentim, ingeniero agrónomo, investigador de Embrapa Acre y presidente del Comitê Gestor do Portfólio Amazônia.


Carlos Eduardo Young, Economista, Profesor Titular de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Recorrer algunas zonas agrícolas de la Amazonía puede causar cierta sorpresa al visitante. En el mosaico de pastos y huertas, que son más comunes en la región, el paisaje puede volverse más verde, más denso y más variado. En este caso, árboles frondosos como el castaño se ven compartiendo espacio con cultivos como açaí, andiroba, copaíba, cupuaçu, cacao y plátano, además de cultivos anuales como maíz y yuca. Estos paisajes conforman los llamados Agrobosques, Sistemas Agroforestales (SAF) o simplemente Consorcios, como los llaman las comunidades locales [brasileras].

No representan algo nuevo, al contrario. Las comunidades locales de la Amazonía han estado practicando sistemas integrados y diversificados a lo largo de los siglos, desde la época precolombina, incluso antes de la domesticación de especies nativas para la agricultura. Sin embargo, la novedad de las últimas décadas es el esfuerzo realizado por instituciones de investigación, como la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), Universidades, Organizaciones No Gubernamentales, junto a segmentos de la producción familiar y comunidades tradicionales para ampliar la implementación de estos sistemas de sustitución de monocultivos de baja productividad. Básicamente, busca ampliar el potencial de estos espacios productivos a través de la diversificación de especies cultivadas para reemplazar los sistemas de baja productividad y alta degradación ambiental que predominan en la región.

La urgencia es grande, ante las múltiples crisis que enfrenta la Amazonía –climática, hídrica, alimentaria y de derechos de los Pueblos Indígenas y Comunidades Locales (PICL)– y que se extienden a otras regiones de Brasil. La transición hacia formas más sostenibles de producción agrícola, es decir, que conserven el medio ambiente natural, minimicen el cambio climático, reduzcan los impactos sobre la biodiversidad y beneficien a los PICL, debe estar en el centro de las preocupaciones brasileñas. Los agrobosques, bien planificados y gestionados, sobresalen en todos estos aspectos: aumentan la biodiversidad, las reservas de carbono y tienen un gran potencial para restaurar áreas agrícolas degradadas. Por lo tanto, no faltan razones para aprovechar al máximo este potencial.

Todavía hay relativamente pocos estudios sobre el potencial socioeconómico de la agrosilvicultura. Aun así, las evaluaciones existentes han demostrado de manera muy consistente que los Sistemas Agroforestales (SAF) son altamente viables y que sus indicadores socioeconómicos son muy positivos. Abordamos algunos de ellos a continuación, a modo de ejemplo.


En el municipio de Tomé-Açu, Pará, agricultores vinculados a la Cooperativa CAMTA (Cooperativa Agrícola Mista de Tomé-Açu) desarrollan SAF en los que áreas de 10 a 20 hectáreas (ha) producen rendimientos comparables a los de la ganadería en pastos de 400 a 1200 ha. Estos SAF generan más empleos por unidad de superficie que el pastoreo extensivo. Además, han demostrado ser mucho más rentables que la agricultura de tala y quema para las comunidades de agricultores familiares en áreas del medio Tapajós, Pará.

En Rondônia, un sistema agroforestal del Proyecto RECA (Consorcio y Reforestación Económica Densa), los investigadores también mostraron resultados igualmente prometedores. RECA, junto con CAMTA, son ejemplos exitosos de agroforestería en la Amazonía. En uno de los SAF establecidos en RECA –compuesto por copaíba, andiroba, cupuaçu, chontaduro y banano– los emprendedores tuvieron retornos financieros desde el 2º año de implementación, a partir de los ingresos por la venta de banano. Este resultado fue una novedad, ya que los SAF con especies perennes generalmente requieren de 8 a 12 años para obtener un retorno económico positivo de las inversiones. En este caso, el valor actual neto, calculado para 20 años, representó aproximadamente $41.300,00 reales brasileños [aproximadamente $8.699,84 dólares estadounidenses], con una renta anual de aproximadamente $4.200 reales [aproximadamente $884,73 dólares estadounidenses] por hectárea.

Pero, ¿cómo se comparan estos beneficios de los SAF con otros sistemas agropecuarios que están en curso en la región? Utilizamos aquí un estudio de la Red Amazonía Sostenible (RAS), que comparó la variación de ingresos entre propiedades que adoptan diferentes actividades agrícolas, en 2011, en Santarém y Paragominas (en Pará). El ingreso promedio anual por hectárea en las propiedades con cultivos perennes más especializados, como frutas y pimienta negra, era unas cuatro veces mayor que el de la producción de soja y unas nueve veces —es decir, NUEVE veces—, mayor que el ingreso de las propiedades con ganado en la región de estudio.

A pesar de las ventajas de los sistemas agroforestales, existen varios obstáculos para su adopción a gran escala por parte de los productores familiares, que en Brasil representan el 83% de los 919.057 establecimientos de la Amazonía Legal. Entre estos se destacan los altos costos de implementación inicial de los SAF, las dificultades de acceso y la insuficiencia de las líneas de crédito rural, los servicios de asistencia técnica y extensión rural y el acceso a los mercados para la comercialización de estos productos.

Por otro lado, existe un impulso creciente hacia una nueva bioeconomía del bosque y sus ecosistemas en la Amazonía, que aboga por todo un ambiente de innovación e integración de la ciencia con el conocimiento tradicional. A juicio de los amazonistas, esta Bioeconomía innovadora implica, por ejemplo, nuevos bioproductos con mayor valor agregado y nuevas formas de producción o cooperación social, a la par que se preservan los ecosistemas y los conocimientos tradicionales. Es cierto que una producción tan innovadora amplía enormemente las oportunidades y el potencial de la agrosilvicultura para contribuir a un proceso de desarrollo inclusivo, con mayor equidad y que concilie el bienestar humano con la conservación de la biodiversidad.

Sin embargo, no seamos ingenuos: la realización de este potencial solo será posible con cambios profundos en la realidad amazónica. Son esenciales las políticas públicas y las grandes inversiones estructurales en pilares fundamentales: educación, salud, investigación científica aplicada, asistencia técnica continua y de calidad, ampliación del acceso al crédito, prioridad para la implementación de una infraestructura sostenible de los modos de transporte, además de la ampliación del acceso a la comunicación rural.

Estos avances fundamentales serán facilitados por la cooperación entre países amazónicos y no amazónicos, así como entre instituciones de diversos orígenes y sectores. Interrumpir los incentivos actuales para las actividades depredadoras es un punto de partida fundamental para el surgimiento de este entorno de innovación. Los cambios son urgentes y necesitamos implementarlos en un tiempo récord.


Por: Joice Ferreira, ecologista, investigadora de Embrapa Amazônia Oriental y cofundadora de la Red Amazonía Sostenible (RAS).

Judson F. Valentim, ingeniero agrónomo, investigador de Embrapa Acre y presidente del Comitê Gestor do Portfólio Amazônia.

Carlos Eduardo Young, Economista, Profesor Titular de la Universidad Federal de Río de Janeiro.