domingo, 4 de diciembre de 2022
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Productividad, importaciones y consumo: entre los desafíos del sector lácteo

El Ministerio de Agricultura, con el apoyo de la UPRA, creó el Plan de Ordenamiento de la Cadena Láctea, en el que presenta la situación actual del sector, los retos y las proyecciones de crecimiento para los próximos 20 años.

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En Colombia hay acuerdo en que el sector lácteo debe trabajar en diversos frentes para ser más competitivo, tanto en el mercado local como en el internacional. El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, con el apoyo de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA), presentó en 2021 el Plan de Ordenamiento Productivo de la Cadena Láctea para los próximos 20 años, que incluye un análisis sobre la situación del sector.  

A continuación, le contamos algunos datos relevantes del sector y de los complejos desafíos que enfrenta —muchos de los cuales requieren inversión pública—, en un momento en el que se ve abocado a competir cada vez más con leche y derivados lácteos provenientes del exterior. 


7.500 millones de litros de leche al año: eso produce Colombia

Según el informe, en Colombia se producen 7.500 millones de litros de leche al año, lo que representa el 12% del PIB agropecuario. La industria láctea vincula a más de 700.000 trabajadores de manera permanente en todas las etapas de producción, el 16% del total del empleo del sector agropecuario. 

Aunque reducida, viene creciendo la oferta de productos lácteos diferenciados en el país. Más del 5% del volumen de leche que se produce está certificado con alguna característica diferencial, como denominación de origen, lácteos funcionales, sellos verdes o producción orgánica, entre otras. 

Importaciones: al alza y crecerán más

El Plan de Ordenamiento de la Cadena Láctea registró que las importaciones de productos lácteos pasaron de 8.232 toneladas, en el 2009, a 61.643 toneladas en el 2019, lo que indica un incremento de más de 7 veces en esos 10 años. 

Para el 2019, el volumen importado fue equivalente a más de 450 millones de litros de leche, que es un 6% de la producción nacional. Según el documento, esto evidencia una pérdida de participación en el mercado nacional frente a proveedores internacionales. 

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El caso del Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos es significativo. En declaraciones a Portafolio, Asoleche explicó que “se negoció un contingente arancelario que arrancó en el 2012 en 9.570 toneladas de productos lácteos y que en el año 2019 ya suman 18.650 toneladas distribuidas en 10.718 toneladas de leche en polvo, 214 toneladas de yogurt, 1.072 toneladas de mantequilla y 4.502 toneladas de queso y 2.144 toneladas de otros lácteos. Dichas cantidades ingresarán a Colombia en el 2019 sin arancel y, además, crecen a una tasa del 10 % anual”.


Asoleche añadió que es posible importar más una vez se supera esta cantidad por producto, para lo cual se debe pagar un arancel extra contingente. Este arancel va disminuyendo gradualmente, y llegará a cero en el año 2026. “Ese año las importaciones de productos lácteos originarios de Estados Unidos quedarán completamente liberalizadas, es decir, se podrán ingresar cantidades ilimitadas sin pagar arancel”, explicó el gremio a Portafolio.

Las vacas no dan mucho

La productividad de la cadena láctea es baja. Las cifras muestran que, por vaca, la productividad promedio es de 6,36 l/día, mientras que en Nueva Zelanda es de 18,01 l/día, en Uruguay es de 18,3 l/día y en Argentina de 20,5 l/día. 

Según el documento, los bajos niveles de productividad en el país se reflejan en los altos costos de la cadena, donde influyen factores como los insumos, la tierra, la disponibilidad de mano de obra y la capacidad de acopio de leche. 

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En cuanto a los insumos, hay una alta dependencia de productos importados como suplementos, alimentos balanceados y fertilizantes, entre otros. Estos precios dependen del precio internacional y de la tasa de cambio, lo que ha generado un aumento del precio de la leche y de sus productos derivados. 

El documento señala que, en el periodo comprendido entre el 2007 y el 2019, los productos como alimentos preparados para animales aumentaron en un 73%, las sales un 25%, los productos químicos y veterinarios un 48%, los fertilizantes un 33% y el combustible un 73%. Después de la pandemia, la problemática se agravó.

La falta de tecnología también influye en los altos costos del procesamiento de leche. Por ejemplo, el costo de pulverizar una tonelada de leche se estima en USD $680 por tonelada. En Argentina, este valor está entre los USD $380 y los USD $450 por tonelada, de manera que el costo nacional es un 61% más alto que el argentino. 

En países como Estados Unidos, Nueva Zelanda y algunos europeos, con plantas de procesamiento de más de 2,2 millones de litros por día, los costos están alrededor de USD $180 por tonelada. Según el documento del Ministerio de Agricultura, la planta de pulverización más grande de Colombia tiene una capacidad de 600.000 l/día. 


Comercialización 

En cuanto a la comercialización, el Plan de Ordenamiento del Ministerio de Agricultura informa que casi la mitad de la leche —el 45%— que se produce en Colombia es comercializada por canales informales. De esta leche, el 50% se destina a la fabricación de quesos artesanales, el 12% al consumo humano directo y el 38% restante a otras categorías de productos lácteos. 

Calidad y seguridad de los productos lácteos

Las buenas prácticas en toda la cadena son esenciales para lograr productos aptos para el consumo y con estándares de calidad sobresalientes, lo cual cobra particular importancia si se tiene en cuenta que niños y adultos mayores se encuentran entre los principales consumidores de alimentos lácteos. 

Nuestro país ha avanzado en el control de enfermedades propias del ganado, como la brucelosis bovina. Además, el Ministerio de Agricultura resalta que Colombia tiene estatus de país libre de fiebre aftosa con vacunación.

No obstante, persisten riesgos en la salud de los bovinos y hay debilidad en la inocuidad de los productos lácteos. Esto se da en parte, según el Plan, por las prácticas inadecuadas de algunos productores, transportadores, procesadores y comercializadores de leche y sus derivados. A lo anterior se suma la infraestructura insuficiente, la debilidad institucional al aplicar las políticas sanitarias y de inocuidad, y la existencia de fallas en la inspección, la vigilancia y el control. 

Esto se refleja en las cifras. En 2018, el número de predios productores de leche con autorización sanitaria y de inocuidad fue de apenas 7.728, una cifra pequeña si se tiene en cuenta que el Censo Nacional Agropecuario de 2014 reportó 396.800 unidades de producción agropecuaria lecheras en el país. En 2019, solo se identificaron 632 predios productores de leche que contaban con la certificación de Buenas Prácticas Ganaderas (BPG). 

El consumo es bajo frente al de otros países

El consumo de leche en Colombia ronda los 152 litros por persona al año. Se requerirían 18 litros más —para un total de 170 litros— para alcanzar las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Si se mira el consumo per cápita por estrato socioeconómico, se tiene que en estratos altos es equivalente a 179 litros por año, mientras que en el estrato medio es de 85 y en estratos bajos de 38 (casi cinco veces menos que en el primer caso), de acuerdo con las cifras reportadas por el Ministerio de Agricultura y la UPRA.  


Asimismo, hay un bajo consumo de derivados lácteos. Mientras que en Europa el consumo de leche tiene una participación del 55% a 60% y el de derivados lácteos una del 40% al 45%, el comportamiento en Colombia es muy distinto: el 92% del consumo se dirige a la leche y apenas el 8% a derivados, sin contar el queso. 

Propender por un aumento del consumo, en un país con graves deficiencias en la alimentación y la nutrición de la población, es una alternativa que beneficiaría a productores y consumidores por igual. 

El sector lácteo enfrenta varios desafíos. Tener una mano de obra más capacitada, aumentar la productividad, mejorar las prácticas de producción, fortalecer el acceso al crédito, fomentar la asociatividad, apostar por la innovación y la tecnología, avanzar en la infraestructura y los servicios públicos rurales, y trabajar en la sostenibilidad ambiental, son algunos de esos aspectos por mejorar en los próximos 20 años. Se trata de una tarea titánica y especialmente urgente, si se tiene en cuenta que los tiempos del TLC con Estados Unidos están corriendo y que los productores nacionales perderán la protección arancelaria con ese país en 2026.

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