sábado, 24 de septiembre de 2022
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¿Qué significa el Festival ‘Petronio Álvarez’ para la ciudad de Cali? parte 1

Manuel Sevilla, investigador, músico y jurado del Petronio Álvarez, habla de la historia de este importante festival, que cumple 25 años y se llevará a cabo del 16 al 19 de diciembre.

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Continuamos con nuestra serie sobre la región del Pacífico, y en esta ocasión conversamos con el profesor Manuel Sevilla sobre uno de los festivales de música más reconocidos de nuestro país. Sevilla es Comunicador Social de la Universidad del Valle y Doctor en Antropología de la Universidad de Toronto. Ha sido becario de organizaciones como la National Geographic Society, Fundación Latin Grammy, New Orleans Jazz Festival y el Ministerio de Cultura, entre otros. Actualmente es profesor titular de la Universidad Javeriana de Cali y es integrante del Comité Conceptual del Festival Petronio Álvarez y del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural. Ha liderado varios proyectos de creación musical y teatral sobre el patrimonio cultural colombiano.

¿Podría contarnos cómo nace el Festival de Música del Pacífico ‘Petronio Álvarez’? 

La respuesta oficial y documentada es que la Gobernación del Valle del Cauca decide hacer un evento que haga visible la cultura del Pacífico colombiano. Recordemos que esto sucede después de la Constitución del 91, cuando estaba en el aire toda la idea de multiculturalismo y de plurietnicidad, que produce una explosion de festivales en Colombia. Por eso hay muchos festivales que por estos años están cumpliendo 20 y 25 años. 



En nuestro caso, la Gobernación de Valle del Cauca encargó a Germán Patiño, quien era el gerente de Cultura de la ciudad, para conceptualizar un evento en torno a las músicas del Pacífico, porque él las conocía. Germán Patiño hace un recorrido inicial y plantea lo que inicialmente se llamó el Encuentro de Orquestas y Conjuntos del Pacífico Petronio Álvarez. Dos años después, se llamó Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez. Esa sería la génesis oficial. 

Sin embargo, lo que es evidente para todos, es que Germán Patiño y la Gobernación del Valle capitalizaron algo que ya venía gestándose de tiempo atrás, que fue la presencia de migrantes de distintos puntos del Pacífico colombiano que hicieron de esta ciudad su hogar y que ayudaron a construirla. En las calles, barrios y plazas ellos hacían evidente su música y comida, lo cual ya pasó a hacer parte de la música y la comida de la ciudad de Cali. Estas son las dos formas de verlo, que, evidentemente, se complementan.

¿Cuáles son las categorías que compiten y en qué consiste el proceso de selección de los participantes?

El Festival originalmente se estructura como un concurso de música en torno a cuatro categorías, y se mantiene así: Tres están enfocadas en sonidos tradicionales, que son conjunto de marimba, conjunto de chirimía y conjunto de violín caucano. La cuarta es la categoría que se conoce como modalidad libre, en la se abre el espacio para cualquier agrupación o solista que quiera presentar una propuesta basada en sonidos tradicionales, pero combinada con otro tipo de músicas; lo que llamaríamos músicas fusión. De esas cuatro categorías han salido artistas muy reconocidos, y se han convertido en espacios importantes de visibilización y de motivación para las prácticas musicales. 

marimbas chirimia 1
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¿Cómo se da el proceso de selección?

Hasta el año 2012, o sea hasta hace 10 años, se abrían las convocatorias y, los que primero llegaban, lo lograban y se inscribían. Eso se revisó por dos razones: la primera, porque estar de primero o  de segundo en la fila no era garantía de que hubiera un proceso musical. La segunda, porque las inscripciones se hacían en la ciudad de Cali, entonces las agrupaciones de esa ciudad, de Santander de Quilichao o de Buenaventura tenían más posibilidades de inscribirse que una agrupación de Nuquí, del río Napi o de puntos remotos, y eso era inequitativo. 

Entonces, en alianza con alcaldías municipales y entes municipales de cultura empezamos a hacer las Zonales. Las zonales son unos encuentros que se hacen en la primera parte del año, generalmente entre mayo y junio, en los cuales las agrupaciones de esa región se presentan ante una comisión del Festival y se hace una selección por puntaje. Como resultado de esa selección, llegan las 44 preseleccionadas para las distintas modalidades, y esas son las que después se dan cita en agosto para presentarse en el Festival como tal. 

¿Cuales han sido esos artistas reconocidos que han pasado por el Festival?

Este es un festival que nos obliga a repensar muchas de las ideas que tenemos sobre la dinámica de las músicas. A veces pensamos que lo importante es quién se ganó un Grammy, quién se ganó un Gaviota de Plata o quién está sonando en las listas de reproducción, pero no es lo único. 

En el caso del Petronio tenemos agrupaciones logrando los éxitos desde la perspectiva de la industria musical. Puedo dar ejemplos como Chocquibtown, que curiosamente llega a la final del Petronio en el año 2006, en la modalidad libre, con una agrupación de jóvenes migrantes del Cauca que se llamaba Herencia de Timbiquí. Cosas que la gente no tiene muy presentes, pero ese año hubo una tarima donde tuvimos de finalistas a Choquibtown y a Herencia de Timbiquí. Herencia ganó, pero Chocquibtown lanzó la canción que se llamó “Somos Pacífico”. Y si revisas el libro de memorias que tenemos del Petronio, encuentras el documento de inscripción de la agrupación, que en una letra muy clara y con mucha presencia, dice: “Somos Pacífico – agrupación Chocquibtown”. Me gusta pensar que la letra es de Goyo, quien la compuso. Esa fue una final maravillosa que mucha gente tiene en la memoria. 

En el año 2000, en esa misma tarima, ganó una agrupación que se llama Saboreo, con una canción que ganó en el Festival y que en diciembre hizo parte del disco de la Feria de Cali, que se llama “La vamo’ a tumbar”, de la agrupación Saboreo bajo la composición de Octavio Panesso.

Entonces, el Petronio Álvarez ha sido el espacio para que muchas personas le pongan rostro a la voz de la canción que por muchos años fue el principal referente sonoro de la música del Pacífico, que se llama “Mi buenaventura”. Esa canción fue compuesta por el maestro Petronio Álvarez e interpretada por Peregoyo y su combo. Cuando la gente dice: “—Venga, ¿usted es Markitos Micolta, el que cantaba con Peregoyo?” y él responde —“¡Sí!”, entonces la gente le pone un rostro a la canción, y el Petronio se vuelve una autoridad. Por supuesto, también están las agrupaciones Canalón de Timbiquí, y Hugo Candelario con el grupo Bahía, que ha sido inspiración para muchas agrupaciones. 

Además de alcanzar esos estándares, que son los que uno esperaría en cualquier espacio y circulación musical dentro de la industria, hay otro efecto que es menos visible y que tiene menos nombres propios, pero que es de igual o mayor impacto. Es el de una cantidad de gente que va al Festival por volver a escuchar esa música y muchas veces no sabe cuál es la agrupación que está tocando, pero sabe que esa agrupación sabe. Entonces, cuando un Changó, un Son Balanta o un Pregones del manglar o Semblanzas del río Guapi se presenta y vuelve a su comunidad, la gente dice: “¡ellos son los que estuvieron en el Petronio!”, y a nivel local se produce un efecto de arrastre enorme. 

Podemos decir, con mucha satisfacción, que una manifestación musical que estaba muy disminuida y circunscrita a unas cuantas vereditas del norte del Cauca, como los violines caucanos, en los últimos años ha visto que los jóvenes están cada vez más interesados. Ya hay niñas y jóvenes mujeres tocando violín, una música que hasta hace unos 15 años era la música de unos abuelitos que ya iban de salida y no se sabía a quién le iba a quedar el violín. 

Entonces, nos gusta hablar de esos indicadores de éxito: tanto de los que están en la ruta de la circulación, desde la industria de la música, como de aquellos que están en otras lógicas de circulación, pero que son igual de importantes para sus comunidades locales.

Extrañé la flauta caucana en las categorías del Festival. Pensé que era también una modalidad dentro del Petronio.

La decisión de nombrar las categorías a partir de un instrumento insigne es una decisión muy polémica. Por ejemplo, hablamos de chirimía y la chirimía chocoana está asociada principalmente al clarinete, que es el instrumento que lleva la melodía, pero en Chocó hay personas que dicen que hay mucha más música además de la chirimía. Preguntan “¿y por qué no hay tamborito o por qué no hay guitarras?” Sobre eso se ha discutido bastante. 

Efectivamente, en el sur de la costa caucana, sobre todo en la zona en el río Napi, hay una tradición larguísima de flautas, en manos de comunidades afro, con las cuales se hacen melodías que se acompañan con una base rítmica y con voces también. Esos conjuntos de flauta son importantes y están presentes. Generalmente participan en la modalidad de chirimía, de la mano de la chirimía chocoana de clarinetes, y los jurados son cuidadosos de prestarles equivalente atención. 

Entonces sí existen los conjuntos de flauta y sí están presentes, pero no en una modalidad exclusiva.

Flautas caucanas mujeres cantoras
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¿Qué significa para los músicos tradicionales del Pacífico, que en su mayoría no han pasado por una academia musical y son campesinos, pescadores, artesanos o hasta parteras, trasladarse hasta la ciudad de Cali y participar en el Petronio? 

El Petronio Álvarez nos obliga a pensar de manera distinta sobre la circulación, los modelos de éxito y cómo vivir de la música. Por lo general pensamos que el éxito para un artista es no hacer nada distinto al campo de su arte. Eso puede pasar en muchos escenarios, pero en el caso del Pacífico no. Muchas de estas personas involucran su vivencia como agricultores, pescadores, como maestras de escuelas, o como síndicas [organizadoras] de las adoraciones del niño Dios, con su ejercicio musical. 

Entonces, pensar que el éxito es “dejo todo para meterme en la música” como indicador de que me fue bien, no necesariamente aplica en nuestro caso, porque hay personas que, por el contrario, nos demuestran que pueden hacer dos cosas. 

Conversando recientemente con personas conocedoras de este asunto, ni siquiera por fuera del Pacífico tenemos tantos ejemplos de personas que digan “me dedico solamente a la música y no hago nada más”. Es un indicador que hay que entrar a revisar. El Pacífico nos da cátedra al decirnos “mire todo lo que se puede hacer y mire cómo una persona puede atender varios frentes y nutrirse de sus distintas actividades”. Entonces lo que nos dice el Petronio es eso, que es posible tener múltiples caras en el ejercicio de la cultura y del patrimonio.

Ahora, para una persona del Pacífico venir al Festival significa llegar a un espacio de prestigio y reconocimiento. Muchas escuelas se trazan como norte poder llegar al Festival y presentarse,  de la misma manera que se trazan como norte presentarse en las fiestas patronales de su municipio. Estar en ese tablado y en esa tarima es fundamental. Para los niños y jóvenes que se están formando es fundamental. 

¿Qué significa para una ciudad como Cali el Festival Petronio Álvarez? 

Significa muchísimo. Es muy importante porque ratifica, año tras año, un pilar de la identidad cultural de la ciudad. Cali es impensable sin la presencia de migrantes del Pacífco de distintos puntos: del Chocó, del Cauca, de Nariño, de Buenaventura. Soy muy crítico de la idea de cuál es el “aporte” a Cali, porque aporte me suena a que Cali estaba hecha, Cali estaba lista y llegaron unas personas que aportaron la cortina, la mesa de centro. No. 

La migración del Pacífico colombiano a Cali arranca desde los años 30 del siglo pasado de manera sistemática, con proyectos en muchos casos sólidos de gente que quiere venir acá y llega con recursos porque viene de una zona minera. Mucha población afro vino a radicarse. Claro, hay otra migración, un poco más compleja por otras razones. Recordemos en los años 70, a finales, cuando tenemos un maremoto en Tumaco y eso expulsa a muchas familias que llegan a Cali en unas condiciones diferentes. Y, por supuesto, por todos conocido, la ola de expulsión violenta a principios de los años 2000, que motivó el desplazamiento hacia Cali. 

Lo que no es justo es pensar que todas las poblaciones de migrantes del Pacífico llegaron  desplazadas a Cali y en condiciones de precariedad. Eso no es preciso. Barrios enteros han sido construidos y conceptualizados por líderes afro pacíficos. Mucho de lo que hoy se considera en Cali como un rasgo de música salsera estuvo atravesado por la presencia de migrantes afropacíficos, que tenían espacios para escuchar y bailar salsa, lo cual viene de esa relación con el cuerpo que es propia de comunidades danzantes. 

Entonces, para Cali el Festival significa exaltar uno de sus pilares de identidad más fuertes. Considero que ha sido una suerte de norte que se le traza a la ciudad, que entra a ser complementario de una muy importante tradición de producción cinematográfica que reconocimos como el Caliwood de los años 80, de una producción muy importante en torno a la salsa y el baile de salsa caleño, de una muy importante producción de dulcería, que se exalta con la tradición de los ahijados con macetas de alfeñique. En ese panorama está la música, la gastronomía y la ritualidad del Pacífico, que es pilar de lo que hoy conocemos como Cali, una ciudad culturalmente diversa. 

¿En qué medida el Petronio es un motor de desarrollo económico y turístico para la ciudad de Cali? 

La oportunidad desde lo económico efectivamente se ha ido consolidando. Hay ciudades como Nueva Orleans, con el Jazz Fest; Valledupar, con el Festival de la Leyenda Vallenata, o Cali, con el Petronio Álvarez, en las cuales sus respectivos festivales son una visibilización de lo que ahí realmente ocurre en un ejercicio cotidiano. No ocurre lo mismo en Festivales como Rock en Río, una franquicia que se mueve por muchas partes y no solo ocurre en Río [de Janeiro]. 

En el caso de Cali uno puede encontrar comida del Pacífico en las plazas de mercado; no es algo que se haga solamente para el festival. Hoy es posible ir a la plaza de la Alameda y encontrar a la maestra Basilia en su punto de venta, o lo mismo con Lida Venté, que lleva a domicilio platos de su cocina, y lo mismo con las bebidas tradicionales. Y, aunque no estamos allí en la oferta musical todavía, en términos de que uno pueda ir a cualquier parte a escuchar música del Pacífico, es un norte al cual podemos aspirar porque los músicos y el ambiente de la ciudad se presta para eso. 

Entonces, el Festival sí es un motor económico importante para muchas familias. Por eso hay que reconocer el esfuerzo que se hace desde la ciudad para sentar esta plataforma. Hay familias, y esto lo puedo decir soportado en cifras, que a través del Festival y por ventas de comida y bebidas logran un importante ingreso para la familia, equivalente a un salario mensual, durante 11 meses del año.

Cuando uno le cuenta de esto a otras personas, le muestra las cifras de 70 mil asistentes por noche, de cuántas agrupaciones se presentan, del nivel de montaje con todas las condiciones de producción de alta calidad, la siguiente pregunta es: ¿Cuánto cuesta la boleta? Porque, para entrar al Jazz Fest en Nueva Orleans debes pagar 70 dólares el día, pero la entrada al Petronio no cuesta, solo cuesta el bus, el Mio, es decir, no son 2.000 pesos. Es un festival que Cali subvenciona a través de nuestros impuestos y que es, desde mi punto de vista, una apuesta muy importante para el desarrollo económico y simbólico de la ciudad, y es algo que deberíamos seguir haciendo. 

*Espere en los próximos días la continuación de esta entrevista que toca temas relativos a Cali como capital musical y brinda detalles sobre las becas de investigación otorgadas a Manuel Sevilla en 2015 por la Fundación Latin Grammy y por la National Geographic Society en 2019.

Lea aquí la segunda parte de esta entrevista: “En Colombia hay programas universitarios que enseñan a tocar marimba y a destilar viche”: Manuel Sevilla