domingo, 29 de enero de 2023
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Se necesitan políticas públicas para preservar el sombrero aguadeño

Carlos Mario Muñoz Arias es un empresario comercializador del sombrero aguadeño. Hablamos con él sobre la elaboración de este producto, parte de su historia y los retos que enfrenta la producción y comercialización del aguadeño en Colombia.

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David, Carlos Mario y Juan Diego Muñoz Arias son tres hermanos de Aguadas (Caldas) que crecieron en medio de los sombreros aguadeños, una tradición que comenzó con su abuelo, siguió a su padre y hoy continúa con ellos. 


Estos tres jóvenes se fueron del pueblo para formarse en Manizales y Medellín. Sin embargo, luego de un tiempo vieron que la producción y la comercialización del sombrero aguadeño era una buena oportunidad de negocio con la que también ayudarían al comercio local, y en especial a la economía de las mujeres tejedoras. 

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En 2009, fundaron la empresa familiar Palmato, productora y comercializadora del sombrero aguadeño. En los inicios de la empresa, la comercialización comenzó en el Mercado de las Pulgas de Usaquén en Bogotá, donde aún continúa con un punto de venta. De allí decidieron establecer la empresa en Aguadas, abrieron una tienda física y comenzaron el proceso de comercio electrónico del sombrero aguadeño. Hoy en día, su página web y las redes sociales son sus principales canales de comercialización. 

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Más Colombia habló con Carlos Mario Muñoz Arias, uno de los fundadores. Desde Aguadas, Caldas, nos compartió el conocimiento de esta tradición y algunas particularidades de su empresa. 


¿De dónde nace el sombrero aguadeño?

El sombrero es un producto del conocimiento ancestral, es un tejido milenario que se ha reconocido incluso en pinturas rupestres desde hace siete u ocho mil años. En el caso de Aguadas, ese saber se ha conservado desde hace alrededor de 180 años. Desde ese momento, el conocimiento de su elaboración ha pasado de madres a hijas, y su comercialización como producto de exportación inició por el Canal de Panamá.  

Se dice que el sombrero llegó al municipio con el ecuatoriano Juan Crisóstomo Flórez en 1860, dando origen a la industria del sombrero aguadeño. Al parecer, el ecuatoriano trajo un sombrero tejido en fibra extraída de la iraca.

¿Qué significa para ustedes que el sombrero aguadeño haya sido reconocido con denominación de origen? 

La denominación de origen se la dan a este producto como una forma de protegerlo de las falsificaciones y de diferenciarlo de productos de otras regiones con características similares. El tener la denominación nos permite certificar que el sombrero está hecho en la región de Aguadas, Caldas. Es una forma de garantizarle al cliente que está comprando un producto auténtico. 

Esta denominación se entrega porque el sombrero que se elabora en Aguadas cumple los requisitos de esta indicación: ser de un lugar específico y conservar ciertas características. En este caso, el sombrero de color blanco o crema con la cinta negra y el ala de aproximadamente ocho centímetros. Esas son algunas características que el producto tiene que conservar. 


¿Qué es el comercio justo en Palmato? 

tejido sombrero aguadeno
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En Palmato se hacen sombreros de varias calidades del tejido. La calidad del tejido la determina el grosor de la fibra y la habilidad de la artesana para trenzar esas fibras delgadas o gruesas. Un sombrero de un estándar grueso se puede tardar un día en hacerse, en un promedio de ocho a nueve horas. En cambio, un sombrero extrafino a la artesana le puede tomar 20 días, en jornadas de cinco a seis horas diarias en promedio, con ala ancha de 11 centímetros. 

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En ese proceso decidimos apostar por el comercio justo y favorecer el pago del sombrero de una forma más cercana a lo que debería pagarse por el tiempo que invierte la tejedora. Con ellas trabajamos de dos formas: les podemos comprar el sombrero directamente a ellas o les proveemos la fibra hidratada de Palmato, que hace que los sombreros sean más resistentes, y les pagamos por el sombrero con un precio justo por su trabajo. 

Tradicionalmente, las tejedoras ponían la iraca y ese valor lo recuperaban con la venta del sombrero. Nosotros, en cambio, les damos el material y además les pagamos por el producto. Y en ese proceso, nosotros también decidimos aprender a tejer como parte del compromiso con este conocimiento ancestral y con el negocio. 

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¿Cómo sostener la tradición de las mujeres tejedoras? 

Se calcula que hace cuarenta años había alrededor de cinco mil artesanas en Aguadas, mientras que hoy se aproximan a las setecientas. En sus tiempos de mayor producción, Palmato puede llegar a contratar hasta 90 tejedoras. 


Es difícil que un negocio pueda sostener el conocimiento tradicional del tejido de los sombreros. Por eso creo que es necesario tener políticas públicas a largo plazo que permitan mantener el conocimiento del tejido. Por ejemplo, se puede pensar en un subsidio básico para las mujeres artesanas. 

Otra de las formas es crear una escuela de tejedoras en la que sean las mismas artesanas las que les enseñen el oficio a las personas más jóvenes, porque hoy son prácticamente las mujeres mayores quienes saben tejer; son pocas las jóvenes o las niñas. 

Sin embargo, este interés en aprender a tejer no se va a dar si no se ven los beneficios económicos. Por eso nosotros apostamos por un buen pago, ya que esto sí promovería el interés en aprender este oficio porque sería un oficio rentable. Y esto va de la mano en que la gente reconozca que el producto es costoso porque hay un trabajo manual único detrás que se puede tardar entre 20 y 100 horas en ser elaborado.

¿Cómo se mide el valor del sombrero aguadeño? 

En este momento en Aguadas hay alrededor de 15 emprendimientos de sombreros entre grandes y pequeños, antiguos y nuevos, una cooperativa que tiene alrededor de 45 años y otros muy nuevos. Palmato lleva aproximadamente 13 años en el mercado. 


Actualmente el valor de los sombreros depende del tiempo que se invierte en su elaboración. Por ejemplo, un sombrero extrafino, que tarda veinte jornadas de seis horas en ser tejido, tiene un costo de 320 mil pesos, más o menos un cuarto de salario mínimo. 

Ese es el precio al público, del cual la artesana solo recibe una parte. Otra parte va al pago de impuestos, costos de envío y gastos bancarios. Entonces, al final no termina representando el valor que debe recibir toda la cadena productiva, incluido el comercializador. 

El valor del sombrero no debe determinarse por el volumen a la hora de comercializarlo porque eso desfavorece la labor de las artesanas, pero es una discusión de fondo en temas financieros. 

fibra de iraca
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¿Cuáles son las principales dificultades a la hora de hacer crecer el negocio? 

Una de las barreras más grandes a la hora de comercializar y presentar la experiencia turística de la elaboración del sombrero de iraca es, sin duda, el mal estado de las vías de acceso a Aguadas y la conexión a internet, pues las veredas no cuentan con el servicio o la calidad es muy mala. La otra dificultad es el acceso a la fibra de iraca con la que se tejen los sombreros. Los cultivos son muy pequeños, lo que genera su escasez. 


¿Cómo han visto la piratería o la falsificación del sombrero aguadeño? 

Los sombreros que empezaron a traer de China se restringieron, pero se empezaron a fabricar en Colombia. Sin embargo, no creo que compita con el sombrero original porque el aguadeño legítimo es fácilmente reconocible por su calidad. Además, es fácil reconocer que no es de iraca sino de tela. 

La denominación de origen también nos ha ayudado a mostrarle al cliente cuándo un sombrero es original. Sin embargo, no es muy estricta la aplicación de la denominación de origen, ya que no hay una directriz al respecto desde el gobierno.

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