viernes, octubre 15, 2021
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Desempleo y debilidad empresarial

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Jorge Enrique Robledo
Senador de la República

Empiezo este nuevo formato de videos explicando la relación que existe entre el desempleo, la pobreza y el subdesarrollo con el atraso empresarial de Colombia. Las cifras antes de la pandemia son dolorosas. Entre desempleados reconocidos por el Dane y unos llamados inactivos por el Dane, gente que queriendo trabajar no lo consigue, teníamos doce millones de compatriotasen esa situación. Además, hay cinco millones de colombianos que debieron irse del país porque no pudieron emplearse en Colombia. El Ministerio de Hacienda precisa que la informalidad es del 69 por ciento. Informalidad significa empleo precario y bajos ingresos.

Hay otra cifra muy elocuente: apenas cotiza para pensión el 23 por ciento de los colombianos, entre quienes trabajan y quisieran trabajar, pero ese mínimo porcentaje apenas cotiza sumas que les aseguran una vejez en condiciones supremamente duras, sin un ingreso suficiente.

Hagamos un ejercicio para entender en qué consiste el fenómeno. Si empleáramos a esos doce millones de personas que queriendo trabajar no pueden hacerlo, se podrían crear en Colombia 240 mil empresas de cincuenta trabajadores cada una, o sea, empresas y empresarios de una cierta importancia.

Cabe entonces afirmar que desempleo, subdesarrollo y atraso empresarial son sinónimos, van juntos, no se pueden escindir los unos de los otros. El desempleo entraba de otra manera el desarrollo empresarial, porque reduce la capacidad de compra de los colombianos.

Hagamos otro ejercicio matemático. Si esos doce millones que he mencionado percibieran un salario mínimo, tendrían un ingreso por 144 billones de pesos, 144 millones de millones. Imagínense cuántas más empresas, cuánta más economía campesina e indígena, cuántos trabajadores por cuenta propia, cuántos más empleos podríamos generar si esa capacidad de compra existiera en Colombia. Pero no existe.

A quién responsabilizar de este desastre. La culpa no es ni de los trabajadores ni de los empresarios, como se puede demostrar hasta la saciedad.

Les asiste plena razón a Jimmy Mayer y a Cristián Daes, dos empresarios colombianos muy exitosos, cuando afirman que ellos se sienten muy orgullosos de la calidad de los trabajadores colombianos, tanto quelos comparan con los mejores del mundo. Es que el colombiano consigue trabajo en cualquier país del mundo, menos en Colombia. Es una realidad. Y lo mismo podemos afirmar de los empresarios colombianos. No es ahí donde está el problema.

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Qué es lo que ha pasado. Aquí los que han fallado son los gobiernos, en especial desde 1990 hasta hoy, con la apertura de César Gaviria y con los tratados de libre comercio. Ambas políticas definieron que era mejor traer del extranjero, importar, que producir aquí mismo en Colombia. Y claro que hay que importar lo que no producimos. Pero es que estamos importando 14 millones de toneladas de productos agrícolas que podríamos producir, y una buena parte de las confecciones y del calzado también la estamos importando, cuando podríamos producirla nosotros.

En resumen, aquí no se ha hecho ni se hace lo que sí han hecho los países exitosos en la economía de mercado, en el capitalismo, porque este es el debate que estamos planteando. No es cierto que aquí se esté haciendo lo que han hecho los países exitosos.

Cuál es entonces el camino. Los colombianos y las colombianas debemos unirnos en torno a tres ideas. La primera, reconocer que estamos muy mal. El hecho de que a unos cuantos les vaya bien no quiere decir que al país le vaya bien. Es un error garrafal.

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La segunda, unirnos en la convicción de que debemos hacerle reformas importantes a la economía de mercado de Colombia. No se trata de estatizar la economía.

Y la tercera, que para poder acometer una tarea de tales dimensiones tenemos que unirnos asalariados, campesinos, indígenas, clases medias y empresarios, todos unidos en torno a estas tres ideas que estoy planteando. Con un norte muy preciso, consistente en crear y crear y crear fuentes de empleo, fuentes de empleo y fuentes de empleo, fuentes de empleo que son fuentes de riqueza, la base para crear más valor y más progreso. En eso es en lo que tenemos que trabajar. No olvidemos que el origen de todo progreso en la historia de la humanidad radica en lograr que el trabajo sea más productivo y más amplio en la sociedad. 

Les propongo unirnos en torno a esas tres ideas.

Muchísimas gracias y hasta la próxima semana.

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Jorge Enrique Robledo
Senador de la República

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