domingo, 7 de agosto de 2022
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4 de cada 10 alimentos se desperdician en el mundo

El informe de WWF y Tesco midió la cantidad total de alimentos desperdiciados en finca a nivel mundial y brinda recomendaciones a todos los actores de la cadena, con miras a reducir el impacto de los sistemas alimentarios en la naturaleza y el clima.

desperdicio de alimentos

El informe titulado Driven to waste: The Global Impact of Food Loss and Waste on Farms, publicado en julio, considera que el desperdicio de alimentos en la etapa de la finca se aplica a “cualquier producto de la producción primaria de alimentos que está, o estuvo en algún momento, destinado al consumo humano, pero que termina por no ser cosechado ni enviado a alguno de los destinos diseñados para los residuos alimentarios”. 

Uno de los principales hallazgos consiste en que “alrededor de 2.500 millones de toneladas de alimentos” se quedan sin consumir cada año, una cantidad que equivale al “40% de todos los alimentos producidos”. Al considerar por separado los alimentos que se producen en las fincas, bien sea “durante, alrededor o después de la cosecha”, el informe estima que unas “1.200 millones de toneladas de alimentos” se pierden, es decir, el 15,3% de los alimentos producidos. Según el informe, esto representa “una cantidad suficiente para alimentar a los 870 millones de personas desnutridas que hay en el mundo hasta cuatro veces”.  

Lejos de la “creencia arraigada”, según la cual la pérdida de alimentos en las fincas “es un problema de las regiones menos prósperas”, el informe evidencia que el fenómeno es mayor en “las regiones industrializadas”. De hecho, los países de ingresos altos y medianos en Europa, América del Norte y Asia industrializada contribuyen con el 58% de los desechos de cosecha, a pesar de concentrar únicamente el 37% de la población mundial. 



¿Por qué es un problema?

El informe hace hincapié en el impacto negativo del desperdicio alimentario en la búsqueda de soluciones para el hambre que padecen millones de personas en el mundo. Al respecto, plantea que, si bien “ya se produce lo suficiente para alimentar a 10 mil millones de personas, 1 de cada 9 está desnutrida” y concluye: “reducir el desperdicio alimentario jugará un papel significativo en el mejoramiento de la seguridad alimentaria a nivel global”.

Adicionalmente, el informe muestra que el desperdicio tiene un impacto significativo en el cambio climático, pues la producción de alimentos requiere una gran cantidad de tierra, agua y energía. Concretamente, “se utilizan 4,4 millones de km2 de tierras agrícolas y 760 km3 de agua para producir los 1.200 millones de toneladas de alimentos que se pierden antes, durante y después de la cosecha o que se desvían a otros usos, como la alimentación animal y los biocombustibles. Estas cifras, alarmantes, no incluyen los alimentos que “se desperdician más adelante en la cadena de suministro”. 

En materia ambiental, el informe concluye que el desperdicio alimentario contribuye con “aproximadamente el 10% de todas las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI)”, lo cual representa “casi el doble de las emisiones anuales emitidas por todos los carros estadounidenses y europeos”.

¿Cuáles son sus causas?

El desperdicio alimentario empieza a generarse en la finca misma. Si bien el informe identifica factores “fuera del control de los productores” como el “deterioro biológico causado por plagas o enfermedades” y los que están “relacionados con el clima”, también resalta factores que resultan de carencias en tecnología e infraestructura. Así, por ejemplo, explica que “las cadenas de suministro en regiones de ingresos más bajos” no siempre disponen de un “almacenamiento en frío bien establecido”. 

Asimismo, “las decisiones tomadas más adelante” en la cadena afectan los niveles de desperdicio de alimentos. Los mercados contribuyen a aumentar los niveles de desperdicio de alimentos, al “separar a los agricultores de su mercado final”, y los ciudadanos también desempeñan un papel importante, “a través de lo que compran y lo que comen”, señala el informe.

¿Qué soluciones propone el informe?

El informe brinda algunas recomendaciones para abordar el desperdicio alimentario desde una “visión más holística”, que incluya factores directos e indirectos. En cuanto a los primeros, plantea que es “imperativo” virar “hacia un modelo de agricultura sostenible” e invita a los productores a mitigar el problema del desperdicio alimentario a través de la “elección de cultivos resilientes y apropiados” y de una “mejor protección contra los fenómenos meteorológicos”. Asimismo, resalta la importancia de ofrecer “formación y educación agronómica para agricultores”, realizar un “tratamiento temprano de plagas y enfermedades”, brindar “apoyo financiero para invertir en capacitación y tecnología” y gestionar una “mejor administración del agua”. 

En cuanto a las causas indirectas del desperdicio alimentario, el informe menciona la importancia de que los consumidores se comprometan a “incrementar la variedad de las dietas”, “ajustar la frecuencia con la que comen carne” y “cuestionar [sus] creencias sobre cómo debe lucir la comida”. En el caso de los mercados, otro vector indirecto del desperdicio, el informe recomienda facilitar “las discusiones con las cooperativas y asociaciones de campesinos”, “desarrollar alternativas de mercados para comercializar los excedentes” de alimentos, “pagar precios justos para que los agricultores puedan mejorar sus técnicas de recolección y manejo del campo”, “apoyar iniciativas que busquen mejores variedades de cultivos” e incentivar los “cultivos alternativos”.

El informe estima que las agendas políticas deberían dedicar mayor importancia a la pérdida de alimentos en las fincas. Recomienda adoptar medidas de protección para los agricultores ante “prácticas comerciales desleales”, realizar “inversiones en infraestructura, innovación y desarrollo” y revisar “las prácticas de apoyo a los agricultores que favorecen los cultivos destinados a la exportación sobre los destinados al consumo interno”. 

A nivel mundial, sugiere que las instituciones multilaterales y las ONG adopten iniciativas con el objetivo de “reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos desde la finca hasta la mesa en un 50%”.

Para Lilly Da Gama, Gerente del Programa de Pérdida y Desperdicio de Alimentos en WWF-Reino Unido, “las políticas actuales no son lo suficientemente ambiciosas”. En su concepto, “proporcionar acceso a tecnología y capacitación en las fincas no es suficiente”. Da Gama resalta que, para lograr una “reducción significativa” del desperdicio, “los gobiernos nacionales y los actores del mercado deben tomar medidas para apoyar a los agricultores de todo el mundo y comprometerse a reducir a la mitad el desperdicio de alimentos en todas las etapas de la cadena de suministro”. Pese a la “gravedad del problema”, WWF contabiliza solamente “11 de los 192 planes climáticos nacionales” presentados en el marco del Acuerdo de París que “mencionan la pérdida y el desperdicio de alimentos”.