De esta manera contribuye la lengua de señas colombiana a la diversidad lingüística y la participación social
Más que un medio para comunicarse, la lengua de señas colombiana es una herramienta para ejercer derechos, integrarse y fortalecer la diversidad. Aún persisten brechas.
La lengua de señas colombiana (LSC) es un sistema lingüístico con gramática, vocabulario y expresiones propias, utilizado por miles de personas sordas en el país como su principal medio de comunicación. Reconocida oficialmente por la Ley 324 de 1996, esta lengua constituye no solo una herramienta comunicativa, sino también un elemento fundamental de la identidad cultural de la comunidad sorda.
Cada 23 de septiembre, el país conmemora el Día Nacional de la Lengua de Señas Colombiana, fecha que coincide con el Día Internacional de las Lenguas de Señas, instaurado por la ONU para visibilizar la diversidad lingüística y promover el respeto a los derechos de las personas sordas.

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Un idioma con reconocimiento legal y cultural
La lengua de señas colombiana está definida por la Ley 2049 de 2020 como “la lengua natural de la población sorda, parte de su patrimonio cultural y tan compleja como cualquier lengua oral”. Se caracteriza por ser visual, gestual y espacial, con estructuras gramaticales distintas al español.
Este reconocimiento implica que las instituciones públicas y privadas deben garantizar el acceso a la comunicación en igualdad de condiciones, incluyendo servicios de interpretación en distintos espacios. El 27 de septiembre se celebra, además, el Día del Intérprete de Lengua de Señas, en homenaje a quienes facilitan la interacción entre personas sordas y oyentes.
¿Pero cuáles son las barreras que persisten en la inclusión?
A pesar de los avances en la normatividad, las personas sordas aún enfrentan barreras que dificultan su participación plena en la sociedad. La falta de acceso a la educación en su lengua natural, la ausencia de intérpretes en servicios de salud o justicia, y los prejuicios culturales siguen siendo obstáculos frecuentes.
En este sentido, la lengua de señas colombiana se convierte en un instrumento fundamental para ejercer derechos, construir identidad y fortalecer la autonomía de esta población. Líderes de la comunidad sorda en Bogotá han resaltado cómo el uso de esta lengua les permite formar percepciones propias y reforzar su sentido de pertenencia.

La lengua de señas colombiana como parte de la diversidad lingüística
La Asamblea General de la ONU reconoció en 2017 la relevancia de más de 300 lenguas de señas en el mundo, en el que enfatizó que son parte de la diversidad cultural y del patrimonio intangible de la humanidad. En Colombia, la LSC refleja tradiciones, valores y formas de interacción propias de la comunidad sorda.
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Además, aprenderla no se limita a quienes tienen discapacidad auditiva. Cualquier persona puede hacerlo y contribuir a eliminar barreras comunicativas. Este aprendizaje implica más que memorizar gestos: requiere entender expresiones faciales, emociones y estructuras gramaticales particulares.
Actividades para conmemorar este día
Con motivo de la celebración anual, instituciones distritales y organizaciones realizan jornadas culturales, pedagógicas y artísticas con interpretación en LSC. Algunos de los eventos programados incluyen:
- 27 de septiembre: laboratorios de arte dramático “Teatro a la Mano” en la Universidad Javeriana y actividades de lectura de plantas con interpretación.
- 2 de octubre: círculos de bordado con interpretación en la Biblioteca Pública Virgilio Barco.
- 3 de octubre: club de lectura y talleres de español escrito como segunda lengua en la Biblioteca El Tunal.
Estas iniciativas buscan visibilizar la importancia de la lengua de señas colombiana en la vida cotidiana y en la participación cultural. Si quiere más información, ingrese aquí.

Desafíos en la educación y oportunidades
Uno de los principales retos sigue siendo el acceso temprano a la lengua de señas colombiana. Mientras que quienes la aprenden desde la infancia logran un desarrollo lingüístico natural, muchas personas sordas acceden a ella en la adultez, lo que genera desigualdades en educación, salud y empleo.
El Estado ha promovido programas educativos y espacios de formación en LSC, tanto presenciales como virtuales, con el fin de ampliar las oportunidades de aprendizaje. Aun así, la cobertura sigue siendo limitada, especialmente en zonas rurales.
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