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miércoles, 6 de mayo de 2026
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«El trabajo infantil es indicador de atraso y pobreza»

Según el DANE, el 4,9% de los niños entre 5 y 17 años trabajó el año pasado. En el campo la cifra fue mayor. Ximena Pachón, Doctora en antropología, y Mariángela Niño, Magíster en en psicología clínica y de la salud, analizaron el fenómeno.
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Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo infantil se define como «todo trabajo que priva a los niños, niñas y adolescentes de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico». En los últimos años, la incidencia del trabajo infantil en el país ha venido disminuyendo. Mientras en el último trimestre de 2012 el 10,2% de los niños de 5 a 17 años trabajó, entre octubre y diciembre de 2020 esta cifra se situó en el 4,9%. Según el DANE, los sectores que registraron más trabajo infantil fueron Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca (44,1%) y Comercio y reparación de vehículos (20,7%).

El DANE evidencia la existencia de una brecha rural-urbana en materia de trabajo infantil. Entre octubre y diciembre de 2020, el 10,1% de los niños entre 5 y 17 años que habitan en las zonas rurales trabajó, a diferencia del 3% en el entorno urbano. Asimismo, el DANE reporta que los niños de las zonas rurales trabajaron desde edades más tempranas y en promedio más tiempo a la semana (entre 15 y 29 horas, mientras que en el entorno urbano laboraron por menos de 15 horas). Las cifras del DANE muestran que en el último semestre de 2020 el 5,6% de los niños rurales entre 5 y 14 años trabajó, contra el 1,4% en zonas urbanas. En el caso de los jóvenes entre los 15 y 17 años, la cifra de ocupados fue de 27,1%, comparado con un 8,8% en las zonas urbanas. 


El trabajo infantil tiene un impacto negativo en la educación. Según el DANE, en el último trimestre de 2020 el 89,5% de la población infantil asistió a clase, cifra que se redujo a 68,5% en el caso de los niños entre 5 y 17 años que trabajaban. 

Para Mariángela Niño, Magíster en psicología clínica y de la salud y directora del Centro Psicológico Waleker, son claras las consecuencias del trabajo infantil en el desarrollo cognitivo y emocional de los niños. La experta explica que esta situación los enfrenta a «situaciones no acordes a su ciclo vital», lo cual les genera «preocupación» además de «sentimientos de minusvalía». Si bien Niño entiende que el trabajo «se mezcle con la posibilidad de socializar o aprender», considera que «enviar un doble mensaje en que el niño pueda trabajar y estudiar, solo por tratarse de un ambiente rural, es maquillar el trabajo infantil». En su concepto, el aprendizaje «puede ocurrir en otros contextos y de una manera más sana». 

Por su parte, Ximena Pachón, Doctora en antropología y experta en el tema, condena el trabajo infantil, pero invita a adoptar «una visión más amplia de lo que puede ser». En su concepto, «el trabajo no necesariamente es una cuestión degradante», por lo que hay que poner especial atención a «las condiciones en las que se da». En ciertas ocasiones es difícil establecer «la diferencia entre el trabajo y el juego», explica la experta. Por ejemplo, en el campo «cuidar las vacas puede ser una actividad lúdica» para el niño, aunque esté trabajando. Adicionalmente, la antropóloga señala que el trabajo está vinculado a la socialización y la transmisión de saberes. Eso se da especialmente en las actividades que requieren un saber hacer, pues «el niño trabaja, pero está aprendiendo también».

Para las expertas, el trabajo infantil no es solo una cuestión de explotación o de transmisión de saberes. Para Ximena Pachón, «el niño trabajador es un índice de atraso y pobreza». En efecto, el DANE registra que, en 2020, el 34% y el 43% de los niños entre 5 y 17 años de zonas urbanas y rurales, respectivamente, trabajó porque debía «participar en la actividad económica de la familia». Ese año, la incidencia de la pobreza monetaria entre la población colombiana fue superior al 40%.

Las expertas consultadas son pesimistas en cuanto a la reducción del trabajo infantil, dados los niveles de pobreza del país y la difícil coyuntura de pandemia. Como consecuencia de lo anterior, «se mantendrá la tendencia de trabajo infantil y con más fuerza en los siguientes años», advierte Mariángela Niño.