¿La economía va bien? | Más Colombia
jueves, 23 de abril de 2026
Inicio  »  Columnistas  »  ¿La economía va bien?

¿La economía va bien?

Juan Pablo Fernández, Columnista, Más Colombia

Juan Pablo Fernández

Economista. Analista económico, de políticas públicas y problemáticas sociales. Twitter: @FernandezMJP

Estamos ante una economía con líos de ahorro donde la sumatoria de recesión en actividades económicas como la industria y la construcción y de bajo crecimiento en las demás da como resultado estancamiento, reducción del ingreso promedio nacional, desigualdad y alto desempleo abierto u oculto. 

Esto nos mantiene alejados de los estándares de las naciones con mayores avances o de aquellas que superaron las distancias seculares.


Le puede interesar: Campesinos de la Costa instan al gobierno a buscar soluciones para la yuca en Colombia

Y los problemas estructurales ahí

Mientras en Estados Unidos, por ejemplo, una tasa de desempleo superior al 4-5% es inaceptable, en nuestro país tener tasas superiores al 10% es parte del paisaje. En solo cuatro de los 252 meses transcurridos durante el siglo XXI ha habido guarismos inferiores al 9% y nunca se han alcanzado datos menores al 8%. 

Solo en una ocasión se llegó a un número de desempleados inferior a 2 millones de personas. Por otro lado, en China y Corea el ahorro y la inversión siempre superan la tercera parte del PIB, mientras en Colombia el primero nunca llega a la quinta parte del ingreso nacional y el segundo apenas si lo supera, dando como resultado un bajo ingreso por habitante (USD $6.624).

Ahorro e inversión bajos más un alto y estructural déficit en la cuenta corriente —sostenido por la salida de utilidades (2022IV – 2023III = USD $23.183 millones)— llevan al país a ubicarse en el último puesto de la OCDE en ingreso por hora trabajada. 

Esta situación no será revertida por la tibia “revisión” del TLC con EE.UU., los incentivos a la industria ensambladora, los apoyos al agro que no afectan la penetración de las importaciones, la animadversión con los hidrocarburos y una política económica sujeta al FMI, las calificadoras de riesgo y el Tesoro Norteamericano.

Consumo bajo, poca producción

Recientemente, se registró el aumento de la producción total y el consumo por habitante de carne de cerdo. Entre 2022 y 2023, estos crecieron 7,3 y 3,1%, respectivamente. El mayor consumo se ha surtido con mayores importaciones. 


Lea también: Caída en las importaciones de Colombia reduce el déficit de la balanza comercial en USD $5.356,4 millones en 2023

En 2011, las compras externas de esta carne representaban el 11,6% de la producción, mientras que hoy equivalen a la cuarta parte. Y si se compara nuestro consumo (2020) con el de otros países, estamos alejados. 

Un norteamericano en promedio consume al año 2,9 veces más kilos de cerdo que un colombiano, un español 5 veces más kilos, un chino 3,4 veces más, un brasilero 35% más, y un argentino 38% más.

Las diferencias en consumo se expresan en otros bienes. Un estadounidense consume el doble de litros de leche que un colombiano y un brasilero 35% más litros. 

Un norteamericano demanda 6,7 veces más energía primaria que un colombiano, un surcoreano 5,8 veces más, un alemán 3,5 veces más, un español 2,9 veces más y un chino 2,6 veces más. 

Similar a la economía del hogar, se consume si hay ingresos, y los ingresos para los países provienen de producir algún bien o servicio que, entre más complejo, crea más riqueza y rentas.

Lamentablemente aquí, en bienes complejos, poco o nada. En 2022, por ejemplo, Colombia ensambló 51.455 carros. En España se produjeron 2,2 millones, en Brasil 2,4 millones, en Alemania 3,7 millones y en Estados Unidos 10 millones. Mientras en Brasil se produjeron 162 mil vehículos de transporte pesado, en nuestras fronteras el volumen es cero.

Con un ingreso por habitante limitado, Colombia no ahorra lo suficiente. El consumo es el 88% del PIB, mientras en Japón es el 75%, en Alemania el 71%, y en China el 54%. 


La situación es reforzada por el déficit de la cuenta corriente, variable cuyo monto se acrecentó después de la vigencia de los TLC con Estados Unidos y la Unión Europea en el terreno comercial, con unas importaciones de bienes que cada vez penetran más el mercado interno. 

Al respecto, el Gobierno recientemente ha celebrado la disminución del déficit comercial, el cual baja, ante todo, por efecto precios.

Como la Pandemia trajo líos en las cadenas globales de abastecimiento y en el precio de los contenedores, entre otros procesos inflacionarios, el precio de la tonelada importada entre octubre de 2020 y julio de 2022 subió 55%. Desde entonces y hasta agosto de 2023, cuando alcanzó el costo mínimo, bajó en -32%. Si se compara 2023 con 2022, las compras externas en tonelaje cayeron -6,63% y en dólares en -23,4%. En el otro frente, el de las exportaciones, en toneladas se mantuvieron constantes y en dólares se redujeron -13%.

El déficit comercial cae, ante todo, por efecto precio, y la penetración de las importaciones —donde más de tres cuartas partes son bienes de capital e intermedios— junto con la relación entre costo de tonelada importada y exportada se mantienen altas. Este indicador sigue por encima de 3. Por cada dólar de ingreso por tonelada exportada, debemos sacar 3,25 dólares para pagar una tonelada importada.

Una economía estancada y expoliada

El consumo de los hogares sortea sus limitantes con subsidios gubernamentales y remesas que mueven e intentan paliar las consecuencias inflacionarias de las medidas del gobierno y del Banco de la República. 

Gobierno y Banco reprodujeron la inflación en salarios, bienes, servicios y costo del capital, y agravaron el problema de oferta.

La economía colombiana tiene fuerzas en contradicción: una nación que consume poco y es consumista, no ahorra ni invierte lo suficiente, tiene una oferta de bienes nacionales restringida por las importaciones que al tiempo configuran a la oferta, cierra el faltante de inversión y el déficit privado y fiscal con ahorro externo alimentando la salida de ahorro nacional, y la política monetaria mueve poco la producción, sostiene el consumismo y “administra” el desmadre del modelo de succión de recursos nacionales. 


Producto de esta economía política, predomina la informalidad en la base empresarial y en el mercado laboral. Una economía que funciona así está estancada y expoliada y tal cosa no está bien.