El momento imperfecto
Marta Isabel González
Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.
Para decidir ser emprendedor hay que estar un poquito loco, además de otras cualidades mejor catalogadas, pero estar loco, en mi concepto, es obligatorio para empezar a crear en la vida real algo que solo existe en nuestras cabezas. En muchas partes —probablemente también en mis columnas anteriores—, he leído y oído que emprender es casi como tener un hijo; es una idea que nace de nosotros, a la que le damos vida, un proyecto en el que se trabaja todos los días y esperamos que lo que invertimos en él termine en algo que funcione.
No he tenido hijos, pero creo que tiene algo de lógica decir que, en efecto, son procesos similares. Y hablando de hijos, la siempre citada sabiduría popular dice que nunca, nunca, nunca, vamos a encontrar el momento perfecto para tenerlos y en consecuencia creo que también aplica para emprendimientos. No hay que buscar el momento perfecto, hay que escoger el momento imperfecto.
El mundo siempre ha sido un caos y hemos aprendido a vivir en él, pero del 2020 para acá creo que todos estamos de acuerdo en que el caos ha aumentado y ha desatado situaciones a nivel mundial que, por lo menos yo, nunca imaginé que íbamos a vivir. El virus, o mejor, las cuarentenas que por obvias razones se impusieron a nivel mundial, acabaron con miles de negocios (no solo con los que estaban empezando). Los costos aumentaron, la crisis mundial de contenedores no solo subió los precios sino que a muchos nos dejó sin materia prima y, cuando los que resistimos todo eso sentíamos que empezábamos a sacar la cabeza y que ya estaba pasando lo peor, no sabemos si estamos ad portas de la tercera guerra mundial y nos enteramos de que otra vez están clausurando ciudades enormes porque el bendito virus se niega a dejarnos tranquilos.
¿Y ahora qué? Como ya establecimos que para emprender hay que estar loco, todo ese caos no debería ser razón suficiente para no emprender. Las crisis, para quienes las saben aprovechar, son una fuente de oportunidades y probablemente haya miles de buenas ideas flotando en cerebros que todavía no se atreven a llevarlas a cabo. No digo que sea un buen momento para emprender; eso depende de cada negocio y de cada emprendedor, pero sí digo que el momento perfecto no existe, porque en este mundo en el que vivimos hay de todo menos cosas, relaciones, personas, negocios o momentos perfectos. El momento imperfecto es ya.