Amigos emprendedores
Marta Isabel González
Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.
Algo que he discutido con amigos emprendedores, y que muchos de nosotros hemos vivido, es la soledad que se siente al empezar a emprender. Generalmente salimos de una empresa, soltamos la seguridad del salario y el estatus del cargo y empezamos a aprender de un mundo del que no sabemos nada.
En mi caso, cuando decidí montar un negocio y empecé a ir a las ferias de emprendimiento y a ver que había grupos de amigos emprendedores, sentí que yo no lo necesitaba. Me pareció que ya tenía algunas bases para manejar mi negocio y no quería hacer parte de esos colectivos de marcas que van juntos a las ferias, que se vuelven amigos, que se reemplazan en sus diferentes negocios para que los otros puedan ir a almorzar y que sentía tan lejanos a mí.
Unos creemos que podemos solos, otros buscan desde el principio pertenecer a alguno de estos grupos, pero no para todos es fácil conocer personas nuevas; lo cierto es que, con el tiempo, todos los emprendedores terminamos perteneciendo a uno u otro grupo, formal o informal; todos son válidos, o más que válidos, necesarios. Al empezar creemos que solo tenemos que saber sobre el producto o servicio que ofrecemos y después empezamos a darnos cuenta de que necesitamos, si no conocer a profundidad, sí empaparnos de temas legales, administrativos, financieros y técnicos que, aunque queramos, no podemos manejar al 100% porque no nos alcanzaría la vida para estudiarlos.
Ahí es cuando se vuelven más útiles estos grupos de emprendedores en los que cada uno sabe de algo diferente y que al final se vuelven el soporte de los emprendedores y son casi que un departamento de consultoría. Si son necesarios o no, no me atrevería a decirlo, pero desde mi experiencia han sido muy útiles y me han ahorrado tiempo y dinero, dos variables escasas para la mayoría de emprendedores.
Desde una perspectiva más personal, estos grupos se han vuelto para mí amigos y confidentes que me aconsejan mejor que cualquier otro porque han vivido lo mismo. También son una fuente de inspiración porque cuando me va mal a mí, a otros les está yendo bien y eso me da esperanzas y ánimos para seguir en esta locura de emprender. Si pudiera volver a empezar, no dudaría un segundo en rodearme de emprendedores desde el día uno, porque más que mi marca y mi negocio, mis amigos emprendedores son lo más valioso que me ha dejado emprender.