domingo, 7 de agosto de 2022
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“A Amazon le va a costar entrar con fuerza a Colombia”

Al término de la edición número 33 de la FilBo, Más Colombia habló con Felipe González, fundador y director editorial del sello Laguna Libros, sobre la cadena productiva del sector editorial y los retos de la transformación digital.

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¿Qué actores participan en la cadena productiva del sector editorial?

El trabajo editorial es mucho más que el proceso que hay entre recibir manuscritos e imprimir un libro. Entendamos el proceso editorial en el marco de la gestión cultural, que tiene que ver con pensar el contexto en su complejidad y conectar a los autores y autoras con los lectores y lectoras. Para eso se necesitan diferentes aliados.

En el proceso de publicación de un libro están los autores, los editores y los correctores. Según el libro, pueden participar también traductores o ilustradores. Nosotros, por ejemplo, les comisionamos a artistas plásticos las carátulas de nuestra colección de narrativa contemporánea. En algunos casos puede haber otra función dentro de la cadena del libro, como en los libros de novela gráfica, donde puede haber rotuladores o coloristas cuando los mismos autores no hacen estos procesos. 



Una vez diseñado el libro, ¿cuál es el paso a seguir?

Una vez está diseñado, el libro sale a la imprenta. Lo usual es que las editoriales no tengan una imprenta propia, y funcionen como un equipo pequeño sin maquinaria, porque todo el trabajo es inmaterial, se centra en reuniones y trabajo sobre archivos digitales.

En la imprenta, los libros impresos pasan por diferentes procesos: impresión, encuadernación, terminados y termosellado, porque en el mercado colombiano se acostumbra que los libros se entreguen en consignación en las librerías, entonces es muy delicado con el cuidado de los inventarios. Por eso se protegen con un empaque plástico. 

Después, una vez el libro está impreso, encuadernado y termosellado, se pasa al proceso de la circulación y la divulgación. 

¿Quiénes se encargan de esos procesos?

Para encargarse de la circulación están las distribuidoras. Nosotros trabajamos con una que se llama Diligencia Libros, que fundamos hace siete años con otras editoriales (Luna Libros y La Silueta) y se encarga de llevar los libros a las librerías. También hay muchas editoriales que lo hacen directamente.

La librería es el aliado principal de las editoriales para dar a conocer los nuevos libros, pero, al mismo tiempo, la editorial debe trabajar en una estrategia de divulgación. La nuestra se divide en prensa, redes y eventos. Durante el último año y medio, los eventos han sido en redes. 

¿Cómo es el proceso de distribución?

La distribución consiste principalmente en el proceso de enviar los libros a las librerías. Para eso, es necesario llevar una relación de cuántos libros se pueden dejar en consignación, pues no se pueden entregar todos los ejemplares que pida cada librería que existe, porque primero se debe tener una garantía de que van a responder por el valor del inventario. En este caso, cuando hay una librería pequeña que abre, hay que pedir referencias. Se hace un estudio de crédito.

Luego de que se tiene claro lo anterior, las distribuidoras pasan a llevar los libros y se encargan de pedir cortes mensuales, facturarlos y cobrar. Esa es la labor más logística de la distribuidora. 

¿Cómo se encuentra la oferta de libros en Colombia?

A Colombia llegan libros de todas partes. Hoy en día, los libros de las multinacionales españolas con oficinas en Colombia ocupan un porcentaje muy alto de la oferta. La participación de las editoriales independientes colombianas en el mercado no llega al 4% de la oferta, y en las ventas es mucho menos.

Las multinacionales importan, imprimen, y editan libros en Colombia, enriqueciendo la oferta para los lectores, pero no deja de ser importante fortalecer la edición nacional para depender menos de caprichos o coyunturas extranjeras.

Aclaro, me parece buenísimo que se consiga una oferta de libros tan amplia, tanto por lo que se importa como por lo que las multinacionales editan en Colombia, pero una caída del peso, como la que estamos viviendo, hace que los libros importados queden carísimos y puede hacer que se terminen colecciones o se cierren oficinas por una decisión de alguien en otro continente que no conoce el contexto local. Esto entorpece la buena labor que hacen los editores y editoras que contratan en el país.

Una editorial independiente tiene dificultades para que se escuche su voz en las discusiones gremiales, pero en muchos casos tiene más posibilidades de emprender alianzas a mediano y largo plazo con libreros, bibliotecarios y promotores de lectura. Esto fortalece no solo la oferta, sino el tejido cultural del país.

Editorial

 ¿Están ganando terreno los libros digitales frente a los impresos?

En Colombia, el libro digital ha mantenido una demanda pequeña pero estable desde hace más de diez años. 

¿Cómo avanzan las ventas de los libros digitales?

Con los ebooks, lo que pasa es que, cuando tenemos los derechos para todo el mundo, se terminan moviendo en lugares a donde no llega el libro impreso. En general, en Colombia, las ventas del libro siempre han sido marginales. 

En nuestro caso, hemos tenido años en los que la venta de libros digitales ha llegado al 5% de los ejemplares, algo que en facturación representa un poco menos, porque los precios de venta de los libros en formato digital son menores. Aun así, nos sigue pareciendo importante apostarle a diferentes formatos para llegar a otros lectores. 

¿Cómo funciona el tema de los derechos de los libros?

El tema de los derechos es otro mundo. Implica tener otros aliados como las agencias literarias, que ayudan a comprar o vender los derechos cuando no es directamente con el autor. Nosotros trabajamos con dos modelos: para unos libros, por lo general de autores colombianos, firmamos un contrato que nos permite representarlos para vender derechos de traducción y de publicación en otros países. Con otros libros, que ya están publicados en otros países, compramos los derechos solo para Colombia. En esos dos ejercicios, las agencias literarias son aliados importantes. 

Con la pandemia, ¿crecieron las ventas de libros digitales?

Hubo un repunte en las ventas de libros digitales en los primeros meses de la pandemia, cuando todo el mundo estaba encerrado. Hubo un par de semanas en las que las librerías no solo no podían abrir, sino que no podían despachar. En ese momento fue muy importante tener todo el catálogo disponible en digital.

Aquí es clave entender que, por un lado, está la venta libros en librería, y por el otro está la venta de libros digitales por vías digitales. Hay otro que también es muy importante, que es la venta del libro físico por canales digitales. Esto permitió que el sector se mantuviera activo. Las editoriales o librerías que tenían tiendas en línea bien montadas en abril en 2020, tuvieron un buen crecimiento en ventas, porque la gente estaba leyendo mucho, tanto libros digitales como impresos que compraba por canales digitales. 

Como las imprentas estaban cerradas, nosotros hicimos una estrategia con un par de libros, que consistió en una preventa, contando con la confianza de los lectores en que los libros se les iban a entregar cuando se pudieran imprimir, porque en ese momento estaban cerradas todas las imprentas. Además, mandamos la edición digital al momento de la compra para que el que quisiera la fuera leyendo. Eso nos ayudó mucho. 

Entiendo que, para el sector, la venta de libros digitales y la venta de libros físicos por canales digitales creció mucho entre marzo y agosto de 2020. 

¿Podrían los libros digitales ganar un mayor terreno frente a los impresos?

Aunque en 2020 hubo un pico en ventas de libros digitales, ya nadie cree que el libro digital vaya a reemplazar al impreso. 

En todas las ferias, más o menos entre 2007 y el 2012, siempre había un montón de conferencias y charlas acerca del fin del libro impreso, pero eso es algo que no sucedió y esa visión apocalíptica ha perdido terreno. El libro digital no reemplaza al impreso, aunque digamos que sí ofrece ciertas ventajas, como llegar a otros lectores y a otros lugares.

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¿Cómo ha impactado al sector la transformación digital?

Hay ciertas cosas que el formato digital sí acabó, por ejemplo, las enciclopedias. Además, la mayoría de los medios impresos está en crisis y la edición académica también ha cambiado mucho; ahora se imprimen menos ejemplares de cada título y funciona más a través de bases de datos y bibliotecas digitales. Sin embargo, para el sector editorial y en particular para nuestro enfoque de ficción y no ficción literaria, el libro digital es un complemento. Es una manera de llegar a otros canales, pero no es algo que, por ahora, represente el riesgo de acabar con el formato impreso. 

¿Cómo se comporta la venta digital de los libros físicos?

La venta digital de los libros físicos creció mucho y seguirá con esta tendencia porque las librerías que no tenían una tienda virtual, la desarrollaron. Aunque ya se puede ir a librerías, y no son lugares de multitudes, hay mucha gente que todavía prefiere no ir. Actualmente, hay muchos canales digitales por medio de los cuales se puede comprar los libros y se están moviendo. Las librerías han hecho un esfuerzo por atender al público y recomendar libros a través de redes sociales. Eso se terminará de reconfigurar.

Hay una visión optimista con respecto a esto y es que Amazon nunca ha terminado de entrar con fuerza en Colombia. El temor con Amazon, con base en lo que ha pasado en otros países, es que llega, les da buenas condiciones a los editores pero termina golpeando a las librerías y convirtiéndose en una especie de monopolio, que después puede poner cualquier condición. Lo que ha pasado es que Amazon ha entrado a países donde previamente no existía una oferta fuerte de venta digital del libro impreso. Acá han entrado otros actores como Buscalibre, que es polémico porque también le hace competencia desigual a las librerías y tampoco recibe material de editoriales pequeñas.

Esta coyuntura ha hecho que se fortalezcan los canales de venta digital del libro impreso, tanto en las librerías como en las editoriales. Entonces, se puede proyectar que le va a quedar más difícil a jugadores como Buscalibre o Amazon entrar después con tanta fuerza, porque ya se cerraron un poco esos vacíos que había hasta hace dos años. 

 ¿Qué pasos concretos de conciencia ambiental se están dando en el sector editorial?

El sector editorial trabaja con la oferta que hay desde el sector de las artes gráficas, las imprentas, y no es que haya una oferta muy grande. No hay una oferta grande de papeles y de tintas, entonces se trabaja con lo que hay. Sí hay un papel que se ha promocionado desde 2013, pero se demoró un poco en empezar a conseguirse fácil. Este es un papel 100% de bagazo de caña y que no tiene blanqueadores, por lo que es más amigable ambientalmente. Es un papel que se usa para la mayoría de libros que piden las bibliotecas públicas, pero que, en general, es un poco oscuro, por lo que no da un contraste suficiente para que la lectura sea cómoda y no es la primera opción para ediciones comerciales. Nosotros lo usamos para las carátulas de una de nuestras colecciones. 

¿Qué otros retos tiene el sector editorial local?

La industria editorial en español es muy particular. No hay otra lengua en el mundo que tenga un mercado tan complejo, ya que hay muchos países produciendo libros en español. Eso abre muchos retos, porque permite pensar que es fácil llevar tus contenidos a ser publicados en otros territorios que comparten la lengua, pero al mismo tiempo hay mucha competencia y se satura el mercado.  

¿Cuáles son los mercados más grandes en el sector editorial en español?

En español, España ha sido el monopolio, pero también México y Argentina llegaron a ser muy grandes en un momento y siguen siendo grandes. México más que todo desde la edición pública, con el Fondo de Cultura; y Argentina desde editoriales comerciales, como Sudamericana, Losada y Emecé, entre otras.