A veces vender sale caro

Marta Isabel González
Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.
A veces, como consumidores finales, no nos queda fácil entender todo el esfuerzo y el trabajo que hay detrás de cada producto o servicio. En nuestra cultura es considerado normal pedirles rebaja a los emprendedores y hay incluso quienes se enorgullecen de saber regatear.
Creo que cuando nos convertimos en emprendedores, empezamos a entender todo lo que cuesta sacar un producto o servicio al mercado, no solo en dinero sino en trabajo, esfuerzo, creatividad y vemos el otro lado de la moneda. Evidentemente, los vendedores quisiéramos venderle nuestros productos a todo el mundo, entre otras cosas porque necesitamos flujo de caja, y creo que a veces no nos damos cuenta de que no todos los clientes son para nosotros.
Como emprendedora sé que queremos que todos sean nuestros clientes, pero el mundo real no funciona así y cuando tratamos de captar todos los clientes, incluidos los que regatean, o los que se quejan por todo, o los que simplemente no encuentran valor en nuestro producto, cuando no detectamos que es tan sencillo como que no son las personas a las que está dirigido nuestro negocio, terminamos teniendo un desgaste excesivo que no se compensa con las ventas que se puedan hacer y nos sale más caro vender que no vender.
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Esto es algo que he aprendido a las malas y que, por el afán de vender, muchas veces no he querido ver a pesar de lo obvio que haya podido ser. No es fácil de procesar, pero para este tipo de clientes nunca será suficiente el esfuerzo que hagamos, y no es porque sean malos o nosotros tengamos productos o servicios malos, sino porque lo que hacemos no está diseñado para ellos. Si entendemos esto nos vamos a quitar de encima un montón de estrés, de preocupaciones y de trabajo infructuoso, y vamos a tener más tiempo para atender mejor y aumentar la fidelidad de los clientes para los que sí diseñamos lo que hacemos.
Así como somos exigentes a la hora de comprar, seámoslo también para vender. No quiero decir con esto que si un cliente que no es nuestro público objetivo nos quiere comprar le vamos a decir que no le vendemos. ¡Qué tal! Lo que digo es que no pongamos ahí nuestro esfuerzo. Entendamos nuestros negocios para que nuestro trabajo sea más eficiente.
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