En las capas altas de la sociedad colombiana también hay brecha de género: estas son las cifras
Datos del DANE revelan que la brecha de género también afecta a los sectores de mayores ingresos. La maternidad es uno de los factores asociados a estas disparidades.
La reducción de la brecha de género en Colombia sigue siendo un asunto pendiente. Un informe reciente de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) reveló importantes datos reunidos por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) y por entidades internacionales en torno a la distribución de la riqueza. El informe revela que en Colombia la acumulación de la riqueza está marcada por fuertes disparidades de género.
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El DANE confirmó que, entre el 2012 y el 2020, las mujeres padecieron pobreza monetaria en mayor medida que los hombres . En 2020, el 43,4% de las mujeres vivía en condición de pobreza. Entretanto, el porcentaje de hombres afectados por la pobreza monetaria fue de 41,7%, lo que refleja una diferencia de 1,7 puntos porcentuales entre ambos grupos.
Estas cifras representan aproximadamente 10,86 millones de mujeres y 10,16 millones de hombres viviendo en situación de pobreza monetaria, lo que implica una diferencia de 702 mil personas entre ambos géneros.
Aunque podría pensarse que la brecha de género solamente afecta a la población con menores ingresos, la realidad es que estas disparidades también están presentes en las poblaciones que reúnen mayor riqueza en el país.
Las cifras revelan que, incluso entre los más ricos, las mujeres tienen una participación económica inferior a la de la población masculina.
Entre los más ricos también hay brecha de género
Datos recopilados por el DANE en el 2021 mostraron una evidente brecha de género en materia de acumulación de riqueza. Ese año, el 5% más rico del país estaba compuesto por cerca de 2 millones de colombianos, de los cuales el 50,1% eran hombres y el 49,9% eran mujeres.
Aunque la diferencia porcentual entre ambos grupos podría parecer insignificante, esta diferencia crece a medida que se analiza la acumulación de riqueza en grupos de mayores ingresos. Así las cosas, en el 1% más rico del país –que agrupa a alrededor de 370 mil personas–, la presencia masculina asciende al 54,3%, mientras que la presencia femenina es de apenas 45,7%, una diferencia de 8,6 puntos porcentuales.
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La brecha de género se agudiza aún más cuando se analizan las cifras del 0,1% más rico del país. En este caso, los hombres acaparan el 62% y las mujeres comprenden el 38% del grupo.
Los motivos de estas disparidades son en extremo variados. El informe del DANE sugiere que la brecha de género se ve alimentada por las múltiples barreras que enfrentan las mujeres para acumular riqueza y alcanzar altos ingresos.
Estas dificultades van desde los obstáculos que enfrenta la población femenina a la hora de emprender hasta los desafíos que supone la búsqueda de financiamiento. Así lo confirman investigaciones realizadas por el Banco Interamericano de Desarrollo.
Lo cierto es que la brecha de género no puede atribuirse a un único factor, pues inciden también en este fenómeno factores culturales y sociales.
Uno de los factores que podría resultar en las disparidades presentes en la acumulación de riqueza es la relegada participación de las mujeres en el mercado laboral hasta la década de 1980, pues cerca del 30% de los adultos con mayor acumulación de riqueza en el país reciben ingresos de pensiones.

La distribución de los oficios domésticos sigue siendo un factor clave
Uno de los factores culturales que más incide en la brecha de género económica es la distribución de tareas domésticas. De acuerdo con el Dane, las mujeres enfrentan una “penalidad por maternidad” en sus carreras, con brechas salariales que se amplían con la llegada de hijos.
La dificultad para encontrar un equilibrio entre la vida familiar y el crecimiento profesional frecuentemente insta a la población femenina – especialmente cuando se ejerce la maternidad – a buscar trabajos más flexibles y menos remunerados. Este fenómeno dificulta la acumulación de riqueza en las mujeres y perpetúa la brecha de género ya existente.
Entretanto, la distribución poco equitativa de las tareas domésticas permite a los hombres optar por los llamados “trabajos codiciosos” que suelen dejar mayores ingresos a la vez que proporcionan espacio para el crecimiento profesional.
De cualquier modo, la subrepresentación de las mujeres en los estratos más altos de ingresos laborales refleja una serie de desafíos estructurales, incluyendo la distribución desigual del trabajo doméstico, las barreras laborales y la penalidad por maternidad.
Aunque por lo general la brecha de género se asocia a los sectores de la población con menor poder adquisitivo, la realidad es que este fenómeno dispar afecta también a las clases más altas del país.