Buscando la felicidad
Diva Criado
Abogada y periodista, Master en Gestión Pública de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Coordinadora de la Sección de derechos humanos, redactora y editora de la Agencia de Noticias La Independent de España.
Mientras caminábamos cogidas de la mano de vuelta a casa desde el colegio, mi nieta de siete años explicaba que ella era feliz ¡Así literal!. ¿Por qué lo crees?, le pregunté. Muy segura respondió: “Porque tengo muchos amigos y una familia que me quiere mucho”. Entonces pensé, vaya, lo tiene claro.
Realmente los niños son más felices porque sus preocupaciones son prácticamente inexistentes. Un estudio mundial de Children’s Society (2015) sobre la felicidad de los niños reveló que Colombia ocupa el segundo lugar de niños felices, después de los rumanos.
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No obstante, una investigación realizada en España indica que uno de cada diez niños españoles es infeliz. ¿La razón? La escasez de tiempo de los padres y las apretadas agendas diarias, realmente un hecho mundial generalizado.
Hablar de felicidad en un mundo convulso y complejo es como hablar de un mar sin orillas. Parece casi una utopía, sobre todo cuando creemos que la felicidad se fundamenta en cosas materiales y tangibles.
A través de la historia la felicidad es la máxima aspiración del ser humano. Para la filosofía es su principal objetivo. Para puntualizar, traigo a colación a pensadores que han abordado el tema.
Aristóteles, en su Ética a Nicómaco, la define, “como aquello que acompaña a la realización del fin adecuado de cada ser vivo”. Una especie de actividad del alma en beneficio del propio talento a través de la virtud –la areté de los griegos–.
La felicidad es un tipo de vida basada en lo que nos es propio, aquello que nos diferencia de los seres irracionales –la bondad, la conciencia–.
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Los epicúreos la definían como la ausencia de dolor, su principal característica era la identificación de la felicidad con el placer; los estoicos, paz y tranquilidad; los budistas, alcanzar la “iluminación”; Spinoza, la búsqueda de aquello que nos hace crecer y la capacidad de evitar privaciones; Nietzsche dividía la felicidad en dos: la de los mediocres –una vida cómoda sin problemas, semejante a quienes solo quieren vivir sabroso–, y la de los que se imponen retos ambiciosos y luchan por alcanzarlos.
Para el gurú de la felicidad del siglo XXI, Tal Ben-Shahar, pionero de la psicología positiva en Harvard, “ser feliz es algo que debería enseñarse en las escuelas como se enseña matemáticas o lengua”.
La búsqueda de la felicidad es un tema relevante en las sociedades presentes y futuras, de hecho, hay un día internacional dedicado a la felicidad y un ranking de países más felices.
Gracias a pensadores y científicos, hoy es posible saber que la felicidad, al igual que otras emociones, surge a raíz de estímulos que provocan reacciones químicas en nuestro cerebro y es cada vez más frecuente que dispongan de datos que sirven para medirla.
Estudios recientes señalan que hay hábitos y acciones diarias que podemos incorporar a nuestra vida para liberar hormonas relacionadas con la felicidad.
Según los expertos, las personas con relaciones sólidas y saludables viven más, alcanzan objetivos vitales y gozan de salud física, lo cual tiene un impacto positivo en la felicidad. Concluyen que incluso más que la riqueza, porque las personas clasificadas como “felices” tenían en común la calidad de sus relaciones.
¡Ahí les dejo!