Tienes que cambiar de amigos

Marta Isabel González
Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.
Estamos a unos días de las elecciones presidenciales de las que, si soy sincera, tengo miedo, pero hay algo que me da tanto miedo como las elecciones. Ahora no hay una Colombia, desde donde estoy alcanzo a ver tres. El país está completamente dividido y eso puede sonar normal, lo dicen en los medios de comunicación, en las redes sociales, es obvio y ya es paisaje, pero cuando entendemos que lo que se está dividiendo no es solo el país, sino las familias, los grupos de amigos, las empresas, creo que esa división se vuelve más cercana, más patente y más preocupante.
El insulto para los de centro es que son tibios, y para los de derecha e izquierda es que son ignorantes o imbéciles. No creas que escribo esto como simple narradora. Yo también he dicho que los que piensan diferente a mí se están enloqueciendo, no piensan o piensan mal; pero hace unos días me dijeron algo que se me quedó en la cabeza y me hizo reflexionar.
Estábamos un grupo de personas hablando por supuesto de las votaciones y yo empecé a exponer formas de pensar diametralmente opuestas a la mía que les había escuchado a amigos y que representan el pensamiento de muchas personas en Colombia. Me preguntaron si tenía muchos amigos que pensaran así y dije que sí. La siguiente frase fue: tienes que cambiar de amigos.
No sé tú, pero yo no estoy dispuesta a dejar de querer a la gente que quiero y que me ha apoyado en los momentos difíciles de mi vida simplemente porque piensan diferente a mí sin importar qué tan grande sea la diferencia. ¿Tú sí? ¿Vale la pena? Gane el que gane el país lo vamos a tener que seguir construyendo entre todos.
Colombia ya pasó una vez por una división tan profunda que hizo que se mataran entre hermanos y amigos porque unos llevaban corbata azul y otros roja. ¿Queremos volver a eso? Sé que no es fácil, sé que da rabia escuchar ideas que en nuestras cabezas no tienen lógica de ningún tipo, pero por lo menos yo quiero seguir queriendo a la gente que quiero sin importar a quién quiera elegir de presidente o qué tan esquiva me sea su forma de pensar.
Yo creo que la solución va por el otro lado: dejar de juzgar y empezar realmente e escuchar por qué el otro piensa lo que piensa. La idea no es dejarse convencer, no es cambiar de opinión, es dejar de ver al otro como una bestia y verlo como el ser humano que es. Lo cierto es que hay que hacer algo, porque si por diferentes nos fuéramos a matar, aquí no quedaría nadie vivo.