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jueves, 16 de abril de 2026
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Colombia debe producir más grano para la alimentación animal: Fenavi

Fenavi alertó sobre el desafío que supondrá alimentar a los pollos en los próximos años. Sugiere aumentar la producción de maíz y soya en Colombia.
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La subida de los precios, y en especial la de los alimentos, se ha convertido en una preocupación constante en los hogares del país. Los colombianos vieron cómo, entre enero de 2021 y enero de 2022, el precio de la papa se duplicó, el de la carne de res y sus derivados aumentó casi 35% y el de las frutas frescas 28% (DANE, enero de 2022). Esta alza de precios no solo preocupa a los consumidores, sino también a los productores, que tienen que comprar insumos más caros y se ven en la necesidad de transferir los incrementos en los costos al comprador final.

En las industrias que utilizan alimentos como insumos, los efectos de la inflación causan mayor preocupación, pues se traducen en mayores costos y menor rentabilidad. Tal es el caso de la industria avícola en Colombia, donde en promedio el 80% de los costos de producción corresponde a maíz, soya y torta de soya, productos que son utilizados como alimento para pollos, faisanes, pavos, piscos y demás aves.


Ante esta perspectiva, la Federación Nacional de Avicultores de Colombia (Fenavi) presentó el panorama de la avicultura en el contexto actual, el impacto que representa la importación de insumos para la industria avícola y cómo el pollo y los huevos se podrían convertir en una alternativa para que el país pueda sobrellevar crisis alimentarias como la que vive el mundo actualmente.  

Producción y consumo avícola

Según Fenavi, la producción en el sector avícola ha crecido a un ritmo constante en las últimas décadas, con tasas de crecimiento anual de entre 3,5% y 4%. En 2021, se produjeron 1.694.335 toneladas de pollo y más de 17.029 millones de huevos. Además, se estima que a 2030 el país estaría produciendo más de 19 mil millones de huevos y cerca de 2.220.000 toneladas de pollo al  año. 

Por su parte, el consumo de pollo y de huevo ha aumentado en los últimos diez años, con una leve disminución en 2020. En 2021, un colombiano consumía, en promedio, 35,1 kilogramos de pollo y 334 huevos, casi un huevo por día. De acuerdo con las proyecciones, para 2030 los colombianos estaremos consumiendo en promedio 40,2 kilogramos de pollo y 359 huevos al año.

Alimentación animal, un desafío para el futuro

Ante este ritmo de crecimiento en la producción y el consumo, los productores se enfrentan a un desafío, puesto que los insumos (maíz amarillo, soya y torta de soya) para criar la cantidad de animales necesaria para satisfacer la demanda nacional en el futuro no se producen en el país. En la actualidad, Colombia importa cerca de 5,7 millones de toneladas métricas de maíz y alrededor de 1,5 millones de toneladas métricas de torta de soya, ligadas en gran medida a la dinámica de la avicultura y, en menor medida, a la de la porcicultura. Fenavi estima además que, “de materializarse la tendencia de crecimiento de consumo de pollo y huevo en los próximos nueve años […], se requerirían 1,18 millones de toneladas más de maíz amarillo y 487 mil de torta de soya”.

A lo anterior se suman los impactos del Covid-19, la complicada situación geopolítica en el este de Europa y la volatilidad de los mercados mundiales como fuentes de fragilidad para una industria que ha mostrado un buen desempeño dentro del sector agropecuario nacional. Frente a estos riesgos, Fenavi indicó que es importante evaluar la posibilidad de llevar a cabo una política sensata de sustitución de importaciones de grano que no implique una parada súbita de las importaciones a corto plazo, contribuya a disminuir la pobreza al facilitar el acceso a proteína más económica y mantenga precios competitivos frente a los proveedores extranjeros. 


Con esta política, la industria avícola tendría el potencial para convertirse en una de las principales alternativas en el consumo de proteína animal, de cara a la actual crisis alimentaria. Asimismo, Fenavi señaló que podría mitigarse el impacto de la inflación relacionada con la menor oferta alimentaria proveniente del exterior; avanzar en la seguridad alimentaria del país en materia de proteína animal, pues tanto el pollo como el huevo siguen siendo las proteínas más baratas por kilocaloría (Fenavi), y reducir el impacto en el cambio climático, ya que la huella de esta industria es menor que la de la crianza de ganado bovino o porcino.