HomeColumnistasComer, vestir, producir

Comer, vestir, producir

IMG 20210706 095141 scaled e1625585101854
Juan Pablo Fernández
Economista. Analista económico, de políticas públicas y problemáticas sociales. Twitter: @FernandezMJP

Oscar Wilde decía que “tener buen aspecto y estar bien vestido es una necesidad”, y del comer Gabriel García Márquez expresaba que “la nostalgia empieza por la comida”. La ropa y la comida constituyen dos aspectos fundamentales de la vida que expresan las condiciones materiales de cualquier sociedad. Quien se haya adentrado, por ejemplo, a zonas urbanas de altos índices de pobreza seguramente ha encontrado redes comunitarias para resolver estas dos necesidades. La falta de comida y ropa permite también aproximarse a la pobreza oculta, esa que acosa a personas que habitan viviendas de estratos altos, pero que por la carencia de ingresos recurren a programas de ayuda social.

En Colombia (Pulso Social, DANE, nov.2021) solo 6% de la gente tiene más posibilidades de comprar ropa, zapatos, alimentos, etc. En las personas con estudios profesionales la mejor posibilidad de comprar bienes básicos cubre al 11,6%. Alrededor de la tercera parte de la población consume dos o menos comidas al día. En Barranquilla, por ejemplo, la ciudad más poblada de la Costa Caribe, el 62,9% de sus habitantes comen dos o menos veces al día. La mala dieta alimenticia es un problema estructural. Según el ICBF (ENSIN, 2015), antes de la Pandemia la cuarta parte de los menores de 4 años sufrían prevalencia de anemia y la cuarta parte de quienes tienen entre 5 y 12 años experimentaban sobrepeso. Ambas son situaciones que acompañan a la población colombiana a lo largo de su vida.

El estado del vestir y del comer tienen expectativas negativas. El 87,1% de los habitantes del país cree que en un año todo estará más costoso y los ingresos seguirán sin mejorar. La creciente carestía se relaciona con la Pandemia, pero no nace con ella. También se da por la combinación de aumentos de precios de las importaciones, devaluación, desempleo, empleo precario y crisis en la producción agraria e industrial. Entre enero y septiembre del 2021, las importaciones en dólares han subido 29,4%, pero la devaluación generada por la escasez de dólares empuja a que en pesos las compras externas hayan aumentado 39,4%. Tanta dependencia de lo foráneo nos hace vulnerables.

En 2016, en promedio la tonelada importada costó 1.149 dólares ($3,2 millones), al 2021 ese monto creció a 1.569 dólares (5,8 millones). De otro lado, el valor promedio de la tonelada exportada pasó de 232 ($663 mil) a 396 dólares ($1,4 millones). Cada tonelada importada es entre cuatro y cinco veces más costosa que la exportada, reflejo de unos términos de intercambio con tendencia al deterioro. La elaboración de los principales bienes de subsistencia y los fundamentales para hacer otros bienes (materias primas industriales y maquinaria) dependen de la provisión externa, a pesar de que la producción de muchos podría potencializarse o desarrollarse en Colombia elevando la capacidad nacional de creación de riqueza.

Le puede interesar  Seguridad alimentaria en el centro occidente de Colombia: La modernización I

Para el DANE la manufactura textil es un sector “clave” por su capacidad de generar encadenamientos productivos hacia atrás y adelante, sin embargo, la política comercial convirtió en permanente el déficit del comercio llevando a que dos terceras partes del consumo nacional de textiles y confecciones sea de productos importados legal e ilegalmente ‒¿el contrabando no es política de Estado?, mientras permanecen en riesgo 174 mil empresas y más de 1,4 millones de empleos. Compras que se hacen a países que basan su cadena de producción en la “esclavitud moderna”, así la denomina un informe del Parlamento Inglés. En el caso de la comida las importaciones provienen de países que subsidian fuertemente la agricultura para colocar sus productos en los mercados externos a precios por debajo de los costos de producción, lanzando a la crisis a nuestros agricultores mientras la población mantiene latente el riesgo de caer en la inseguridad alimentaria.

Le puede interesar  “VaxThera”: Un Acierto empresarial de Seguros SURA

¿Cuánta de la crisis urbana está relacionada con las fuertes limitaciones que la política económica le impone al desarrollo agropecuario e industrial? En Estados Unidos, por ejemplo, las ciudades del Cinturón del Óxido (Rust Belt) por la desindustrialización pasaron de ocupar el top de la calidad de vida al de la inseguridad, mala vivienda, desempleo y la epidemia de consumo de opiáceos. Incluso Detroit, otrora capital de la industria automotriz, se declaró en quiebra.

Es momento de impulsar el desarrollo productivo recurriendo a todos los instrumentos disponibles, incluidos los del proteccionismo comercial, subiendo los aranceles en algunos productos (textiles y confecciones, por ejemplo) y con el propósito de avanzar en la escalera tecnológica al máximo permitido por la OMC. La falta de reciprocidad en varios Tratados de Libre Comercio (TLC) ‒donde Colombia se abrió y entregó el mercado interno, pero no sucedió lo mismo con la contraparte‒, las prácticas comerciales desleales, y la necesidad de generar más empleo aquí y de complejizar el aparato productivo convierten en un imperativo volver a barajar la política comercial.

IMG 20210706 095141 scaled e1625585101854
Juan Pablo Fernández
Economista. Analista económico, de políticas públicas y problemáticas sociales. Twitter: @FernandezMJP

VEA TAMBIÉN

Reformas laborales no han resuelto la informalidad: Misión de Empleo

En esta entrevista con el economista Mario Valencia, Marta Juanita Villaveces, integrante de la Misión de Empleo y profesora de la Universidad Nacional de Colombia, se refiere al último informe de la Misión de Empleo. La informalidad laboral y el acceso a seguridad social fueron algunos de los temas analizados.

OTRAS SECCIONES

CIFRAS

DE ESTE COLUMNISTA

COLOMBIA