Conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ya involucra 16 países y golpea el comercio global
El riesgo de que el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán escale hacia una guerra de alcance mundial es analizado por diversos expertos a partir de la expansión simultánea de frentes militares, la implicación de potencias nucleares y las posibles consecuencias sistémicas para la economía global.
El profesor universitario mexicano especializado en relaciones internacionales, geoeconomía y conflictos estratégicos, Alfredo Jalife describe el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán como una “guerra global híbrida” que, según su interpretación, ya involucra a cerca de 16 países y se extiende por distintos escenarios marítimos. Entre ellos menciona el Mediterráneo oriental, el Mar Rojo, el Mar Caspio, el Mar Negro, el Golfo Pérsico y el Océano Índico. A esto se suma la tensión en torno a bases militares occidentales en la región. Irán ha atacado o amenazado instalaciones vinculadas a Estados Unidos en países como Catar, Bahréin, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, además de bases británicas en Chipre.
Otro elemento central es la relación estratégica entre Irán, Rusia y China. Algunos analistas sostienen que una guerra abierta contra Teherán podría arrastrar a estas potencias a un mayor nivel de involucramiento. Según estas interpretaciones, Moscú y Pekín consideran a Irán un actor clave para su seguridad energética y para el equilibrio geopolítico en Asia. Rusia suministra inteligencia sobre movimientos militares estadounidenses, mientras que China proporcionaría apoyo financiero y tecnológico.
El historiador y antropólogo francés, Emmanuel Todd plantea que la guerra en Ucrania habría sido el inicio de una confrontación más amplia entre bloques geopolíticos. Desde su perspectiva, Rusia, China e Irán formarían una alianza defensiva frente a lo que describe como el debilitamiento del liderazgo estadounidense.
A esto se suma el riesgo de una crisis energética global. El economista estadounidense y profesor en la Universidad de Columbia, Jeffrey Sachs, advierte que el control de rutas de suministro es uno de los ejes del conflicto. En particular, el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 40% del petróleo comercializado en el mundo, y que tras su cierre el barril de crudo podría alcanzar los 200 dólares. Razón por la cual Donald Trump llamó a Vladimir Putin y estaría considerando levantar las sanciones al petróleo ruso.
Sachs también sostiene que el conflicto refleja el deterioro del sistema internacional basado en normas y organismos multilaterales. Según su análisis, la creciente tendencia a resolver disputas mediante presión militar o sanciones ha debilitado el papel de instituciones como la ONU y ha aumentado el riesgo de una confrontación de mayor escala.

Declive geopolítico de Estados Unidos según algunos analistas
Emmanuel Todd vincula este proceso con indicadores sociales y demográficos que, según su análisis, reflejan una descomposición estructural comparable en algunos aspectos con el colapso de la Unión Soviética. Entre los factores que menciona está el deterioro educativo y productivo. Todd señala que Estados Unidos forma menos ingenieros que Rusia a pesar de tener una población considerablemente mayor, y que la tasa de analfabetismo entre jóvenes de 16 a 24 años habría aumentado en la última década del 17% al 25%.
También argumenta que la economía estadounidense depende cada vez más del crédito y de la externalización industrial, particularmente hacia China. Para el historiador, conflictos como la guerra en Ucrania evidenciarían las dificultades del sistema occidental para sostener su predominio frente a otras potencias.
El economista Jeffrey Sachs, por su parte, sostiene que el declive se refleja en la pérdida de liderazgo moral y político en el escenario internacional. Según Sachs, Estados Unidos ha debilitado el sistema multilateral al retirarse de múltiples acuerdos y organismos internacionales y al reducir su compromiso con instituciones como la ONU. En su análisis, las élites políticas de Washington mantienen una visión de hegemonía global basada en el uso de la fuerza y en la presión diplomática, pese a que el sistema internacional se ha vuelto cada vez más multipolar.
El analista geopolítico Alfredo Jalife centra su interpretación en los cambios en la correlación de fuerzas militares y estratégicas. En su lectura, el desarrollo de nuevas tecnologías bélicas (como los misiles hipersónicos) ha reducido la ventaja militar tradicional de Estados Unidos, cuyo poder naval estuvo históricamente simbolizado por sus portaaviones.
Jalife también sostiene que el equilibrio de poder en regiones clave, como el Golfo Pérsico, está cambiando gradualmente a favor de actores como China. A esto suma factores políticos internos en Estados Unidos, como las divisiones dentro del movimiento “Make America Great Again” (MAGA), que, según su análisis, reflejarían tensiones dentro del propio sistema político estadounidense.
Cuántos países están involucrados en el conflicto
Según el analista geopolítico Alfredo Jalife, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ya involucra directa o indirectamente a 16 países:
- Estados Unidos e Israel, como agresores.
- Irán, como eje central del conflicto.
- Las monarquías del Golfo (Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Kuwait) debido a la presencia de bases militares occidentales.
- Rusia y China, que mantienen vínculos estratégicos con Teherán.
- Turquía, Chipre, Francia y Reino Unido por la presencia de instalaciones militares en la región.
- Líbano y Yemen, a través de grupos aliados de Irán.
- Pakistán, Afganistán e India por el impacto regional de la crisis.

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Tecnología militar y guerra híbrida
Alfredo Jalife ha calificado el conflicto actual como una “guerra global híbrida” y multidimensional que estaría transformando la balanza del poder militar. Según diversos análisis, las tecnologías convencionales utilizadas durante décadas por las potencias occidentales enfrentan ahora desafíos provenientes de innovaciones asimétricas, nuevas alianzas estratégicas y herramientas tecnológicas emergentes.
Jalife sostiene que los portaaviones estadounidenses, durante años símbolo del dominio militar global, se enfrentan a nuevos riesgos frente al desarrollo de misiles hipersónicos. El retiro del portaaviones USS Abraham Lincoln a una distancia superior a 1.000 kilómetros de la costa tras recibir misiles de advertencia es un ejemplo claro. También, advierte un desgaste estratégico en sistemas de defensa aérea como la Cúpula de Hierro israelí o el sistema Patriot estadounidense, debido al uso de drones y misiles señuelo de bajo costo diseñados para saturar las defensas antes de lanzar ataques de precisión.
Frente al desarrollo del arsenal misilístico iraní. Entre los sistemas mencionados aparecen proyectiles como el Fattah 2, considerado un misil hipersónico de crucero, el Khorramshahr 4 o Beogibar, y el Keibar Shekan. Algunos de estos misiles pueden alcanzar velocidades cercanas a 16 mach y estar diseñados para penetrar múltiples capas de defensa aérea. Algunas variantes incorporan cabezas electromagnéticas destinadas a interferir sistemas electrónicos antes del impacto.
Otro aspecto central del conflicto es la dimensión tecnológica y cibernética. Irán habría reemplazado el sistema de posicionamiento estadounidense GPS por el sistema satelital chino Baidú, lo que, según analistas, habría mejorado la precisión de sus sistemas de navegación y defensa.
También se presentó la neutralización de terminales de comunicación satelital como Starlink y ataques contra infraestructuras tecnológicas, incluidos centros de datos de Microsoft y Amazon.
Emmanuel Todd plantea que la dimensión tecnológica de los conflictos actuales también está vinculada a factores estructurales como la formación de menos ingenieros estadounidenses que otras potencias como Rusia, a pesar de contar con una población mayor. Todd también menciona el aumento del analfabetismo juvenil en la última década en Estados Unidos. En su interpretación, estas tendencias podrían afectar la capacidad de innovación tecnológica y de mantenimiento industrial frente a países que han reforzado su inversión en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

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Cuál es el papel de Rusia y China en el conflicto
Rusia y China aparecen en distintos análisis como actores clave, no solo por su respaldo diplomático a Teherán, sino también por su papel en los ámbitos tecnológico, energético y estratégico. Para varios expertos, estas potencias actúan como contrapeso al liderazgo occidental encabezado por Washington y buscan consolidar un nuevo equilibrio geopolítico.
Además del uso del sistema satelital chino por parte de Irán, en el ámbito militar, las tecnologías rusas como los sistemas S-300 y otros equipos de señales habrían contribuido a reforzar las defensas iraníes frente a ataques.
El componente energético es otro factor central de esta relación. China depende en gran medida del petróleo proveniente de Medio Oriente y mantiene vínculos energéticos con Irán, lo que explica su interés en la estabilidad de la región.
El aumento de los precios del petróleo derivado de las tensiones en el Golfo Pérsico ha fortalecido la posición de Rusia como exportador de energía. Para algunos analistas, este escenario convierte a Moscú en uno de los beneficiarios económicos indirectos de la crisis energética.
Irán también ocupa un lugar estratégico dentro de los proyectos de conectividad regional impulsados por China y Rusia. En particular, el país es considerado un nodo importante dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta china y en los corredores comerciales que conectan Asia Central con el sur de Asia y el Medio Oriente.
En el plano diplomático, Rusia y China han utilizado foros multilaterales como los BRICS para expresar su respaldo a Irán y cuestionar las sanciones y acciones militares promovidas por Occidente. El Kremlin, por ejemplo, ha calificado algunos ataques contra objetivos iraníes como violaciones del derecho internacional y ha mantenido contactos diplomáticos con Teherán para evitar una escalada mayor del conflicto.
La posición de Colombia en el Consejo de Seguridad de la ONU
El 1 de marzo se realizó una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU para analizar la escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. Durante la reunión, varias delegaciones, entre ellas la colombiana, centraron sus intervenciones en reprochar a Irán y en condenar de manera general el uso de la fuerza, sin hacer referencias explícitas al ataque inicial atribuido a Estados Unidos e Israel contra territorio iraní. Jeffrey Sachs, quien asistió a la sesión, calificó el debate como “surrealista”.
Sachs también utilizó el episodio para cuestionar el estado actual del sistema multilateral. A su juicio, el funcionamiento del Consejo de Seguridad refleja un debilitamiento de los mecanismos internacionales de gobernanza y del derecho internacional, en un contexto donde las grandes potencias recurren cada vez más a la presión militar y geopolítica en lugar de a soluciones diplomáticas.
Energía, comercio y posibles impactos globales
Uno de los principales efectos del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se relaciona con el mercado energético mundial.
El Estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes para el transporte de petróleo, se ha convertido en un punto crítico de la crisis. Cualquier interrupción en este paso marítimo puede afectar significativamente los precios del crudo y el comercio internacional.
El aumento de las tensiones ya ha generado preocupaciones sobre el suministro energético global y sobre posibles efectos en la inflación y el crecimiento económico.
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