Crêpe no, pero tráeme un tinto
Marta Isabel González
Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.
A pesar de que el flujo de caja de mi negocio lo consigo a través de la venta de crêpes, a lo que realmente me dedico es a contar una historia para llevar tres mensajes:
- El éxito no se mide en dinero, por eso es posible vivir de algo que amemos aunque eso implique hacer renuncias materiales.
- Se vale soñar.
- Hay que volver a darles valor a los oficios.
Un día atendiendo un evento y después de ofrecerles crêpes a unas señoras, cuando mi negocio todavía era un catering, una de ellas me dijo: crêpe no, pero tráeme un tinto. En ese momento me quedé paralizada. ¿Tráeme un tinto? ¿Yo? ¿Yo que tengo una carrera profesional, soy magister en mercadeo y hablo tres idiomas? ¿me estás diciendo a mí que te traiga un tinto? ¿Yo? Evidentemente no le hice ninguna de esas preguntas a la persona que me pidió el tinto pero sí me las hice yo, o más que yo las hizo mi ego. En ese momento solo me salieron tres palabras en voz casi inaudible: no tengo tinto.
Unos días después seguía pensando en ese momento en el que me pidieron un tinto y esta vez mi corazón más que mi ego me hizo estas preguntas: ¿Tú? ¿Tú que vas por la vida diciendo a diestra y siniestra que hay que darle valor a los oficios, te sentiste mal cuándo te pidieron un tinto? ¿Tú que servías tintos sin ningún problema cuando trabajabas como ingeniera te paralizaste porque te pidieron un tinto? ¿Tú? Yo. Yo la que creía que estaba predicando y aplicando. Siempre estaré agradecida con la señora que me pidió un tinto. Ella no debe acordarse ni de mí ni del tinto, pero me dio una lección de vida. Me enseñó a no hablar por hablar; también me obligó a autoevaluarme, a preguntarme de qué depende mí valor como persona y el valor de los demás.
Un par de años después llevo con gusto tintos, jugos, galletas y lo que me pidan, incluso si no hace parte de mi trabajo. Un par de años después escribo esto para recordarles a los emprendedores que todos somos personas valiosas aunque no siempre nos sintamos así, aunque hayamos dejado a un lado nuestras carreras y vayamos de feria en feria ofreciendo cuadernos, jabones, o lo que se nos atraviese, con la esperanza de que alguien nos compre. Pero, así como es importante recordar lo que valemos hoy, que el día de mañana cuando no seamos emprendedores sino empresarios, no se nos olvide que tanto como nosotros valen los demás.