sábado, 9 de mayo de 2026
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Criada

Victoria E. González M., Columnista, Más Colombia

Victoria E. González M.

Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo.

A finales de noviembre, siguiendo el consejo de varias amigas, empecé a ver la serie “Las cosas por limpiar”, basada en un libro autobiográfico de la escritora estadounidense Stephanie Land, en el cual ella narra su vida como aseadora en casas de familia y madre de una pequeña niña de tres años.

La serie me enganchó de inmediato porque en ella encontré retratada la vida de tantas mujeres que tuvimos que trabajar en solitario para sostener a nuestros hijos pequeños, llenas de culpa por verlos saltar entre cuidadores ocasionales y guarderías, con el agravante de que la protagonista tenía un empleo extenuante, mal pagado e incluso, subvalorado por la mayoría de las personas.  

Como en toda serie popular que se respete, a los pocos días de terminar de verla empecé a ver toda suerte de comentarios sobre su contenido. Algunos elogiosos y otros ofensivos. Algunos destacando la actuación de las protagonistas y el hilo del relato, y otros criticando, por ejemplo, que la historia mostrara como si fuera la gran cosa las vicisitudes de una mujer blanca del primer mundo que poco tienen que ver con la lucha de las mujeres trabajadoras de los países más pobres. 

En ese punto decidí buscar el texto original, consciente de que se trataba de un reto muy complicado teniendo en cuenta mis limitados conocimientos del idioma inglés que yo misma he calificado de “inglés de aeropuerto». Sin embargo, con mucha paciencia y, posteriormente con gran alegría, localicé el libro traducido y publicado por una editorial española y luego de varios días de espera, logré tenerlo en mis manos. La primera sorpresa fue el título: “Criada”.

Descarnado, simple, sin eufemismos. A eso se dedicaba Stepanie Land. No solo a limpiar cosas, sino principalmente a conseguir el sustento de ella y de su hija a partir de un trabajo en el cual sus empleadores, en muchos casos, ni siquiera llegaron a conocerla porque así, mágicamente, luego de dejar su desorden personal e íntimo, volvían a sus casas y las encontraban perfectas sin saber quién había hecho tal milagro. 

En Criada pude ver además una historia desprovista de los tintes románticos de la serie y mucho más enfocada en el maltrato endémico ejercido por las ex parejas sobre las mujeres, incluso luego de terminada una relación; en la culpa perenne de las madres por tener a sus hijos enfermos o por no poder dedicar todas sus horas a la crianza, como si esta fuera su exclusiva responsabilidad; en el desprecio de quienes juzgan a las personas pobres por recibir subsidios, pero guardan silencio cuando el dinero de sus impuestos se van a las arcas de los más ricos o de los corruptos; en el muchas veces paupérrimo apoyo emocional y familiar que tienen tantas mujeres que crían solas; en la soledad inmensa de tantas que se mueven entre su trabajo y la crianza de sus hijos y que no pueden permitirse tener una vida afectiva o un espacio para el ocio.

Criada tiene un final feliz porque la protagonista logra romper el círculo de miseria y conseguir una beca para estudiar y hacerse escritora. Sin embargo, ella misma aclara que no quiere que su historia se califique de inspiradora. Lo más triste de Criada, de Stepanie Land, es reconocer que ella hace parte de una minoría ínfima. Que miles, millones de mujeres en el mundo siguen repitiendo día tras día su historia muchas veces en condiciones aún más adversas sin que nadie haga nada por ayudarlas o, al menos, visibilizarlas.

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