viernes, octubre 15, 2021
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Desplastifíquese Volumen 2

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María Isabel Henao Vélez
Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Javeriana. Especialista en Manejo Integrado del Medio Ambiente de la Universidad de los Andes. Twitter e Instagram: @maisamundoverde

En columna pasada escribí sobre nuestra sociedad plástica, sumergida en la cultura de usar y tirar. También, sobre cómo estamos a tiempo de detener el círculo vicioso de los plásticos, que además abonan la crisis climática por cuenta de los gases efecto invernadero derivados de su fabricación, transporte y destino final. Mencioné que la responsabilidad en la reducción de la contaminación por plásticos se enfoca a consumidores y manejo de basuras, mientras las empresas ignoran su cuota de responsabilidad y los gobiernos dilatan en burocracia o intereses personales el bienestar común. A todas luces los gobiernos deben mejorar los planes nacionales de gestión de residuos, conseguir tasas de recogida del 100%  y establecer normativas realmente efectivas que fomenten la transición del uso de plásticos a materiales sin toxicidad parte de una cadena de economía circular. Pero desde casa y empresas también podemos hacer un aporte crucial.

¿Qué hacer como ciudadano para dejar la adicción al plástico?

Buscar y elegir opciones alternativas. El primer paso es rechazar el plástico de un solo uso,  elegir productos con menos empaques y exigir a las empresas que usen cada vez menos plástico. En Internet y redes sociales existen opciones para reemplazar bienes hechos o empacados en plásticos. Así apoya microempresas de colombianos que están tratando de salir adelante y marcar la diferencia. Puede encontrar: bolsas de tela para mercar, shampoos y acondicionadores en barra, pitillos y termos para cargar agua metálicos, cepillos de dientes en madera, cubiertos en madera o metal para llevar en el bolso y no recibir desechables en los patios de comidas, sedas dentales sin hilo plástico, jabones en empaques ecoamigables, productos de belleza o aseo doméstico envasados en vidrio, bolsas para basura y para desechos de mascotas hechas de maíz compostable, y mucho más. Visite también la plaza de mercado y compre estropajo; divídalo y diga adiós a esponjillas convencionales para lavar que se desbaratan en pedacitos y terminan contaminando ríos. 

Usar desechables fue sinónimo de estatus y capacidad económica durante mucho tiempo. Hoy sabemos que es mejor algo duradero y hecho de materiales ecoamigables, que algo “de temporada o moda” con obsolescencia programada. Antes nos parecía lo máximo usar platos y cubiertos desechables en las fiestas para “no tener que lavar”. Y ni se diga de los pañales, fueron la “salvación” para no untarse del popó de los hijos. Pues amigos queridos, hoy en día  andar con botella plástica en mano, tirar a las canecas de los baños públicos pañales desechables y organizar reuniones con platos desechables es cada vez menos aceptable. Y otro dato: cada vez más mujeres (especialmente las jóvenes) usan copas de silicona y pantis especiales lavables en sus periodos, porque son conscientes del caudal de plástico que evitan enviar a vertederos y rellenos sanitarios.

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Dele click a este enlace: https://yourplasticdiet.org/es/

¿Cómo desplastificar las empresas?

Lo primero es partir de la premisa de que siempre se pueden reducir los plásticos innecesarios y que la innovación en materiales está a la orden del día para reemplazar empaques y partes de productos. Un mejor diseño, incluso, puede ahorrar costos en materias primas y en peso de embalaje o transporte. Así se prepararán para el 2022 y 2023, años durante los cuales el Ministerio de Ambiente espera que los empresarios sustituyan plásticos de un solo uso por productos reutilizables, materiales compostables o alternativas ambientalmente demostradas, como indica el Plan Nacional para la Gestión Sostenible de los Plásticos en Colombia.  

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Otros ya lo han logrado, así que se puede seguir el ejemplo de más de 30 países y 400 programas donde se ha implementado la Responsabilidad Ampliada del Productor (EPR por siglas en inglés) en que propietarios de marcas, importadores y rellenadores se hacen responsables de los impactos de sus productos y envases plásticos al final de su vida útil. Los EPR han traído beneficios ambientales, sociales y económicos: sistemas de gestión de residuos más rentables y el alivio a otros sectores afectados negativamente por plásticos como pesca y turismo.

Hay que empezar pronto. Tómelo como una oportunidad de crecimiento empresarial, optimización de recursos y exploración de un mercado cada vez más consciente de la contaminación, de la huella de carbono y el agua que requiere fabricar los productos. Contribuirá además a la salud pública nacional y global.

Es hora de cambiar. ¡Es hora de desplastificarnos!

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María Isabel Henao Vélez
Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Javeriana. Especialista en Manejo Integrado del Medio Ambiente de la Universidad de los Andes. Twitter e Instagram: @maisamundoverde

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