El agua y el aceite
Victoria E. González M.
Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo.
La política genera pasiones, odios, amores y miedos, pero también indiferencia, confusión y desgaste. Entre tantas visiones encontramos, por ejemplo, a algunos que se definen “apolíticos”, esto, porque no entienden que la política no es algo externo a los sujetos, sino algo que les permea todos los aspectos de la vida.
Igualmente, vemos a otros tantos que manifiestan que las ideas políticas no tienen nada que ver con la amistad porque las amistades se deben mantener por encima de las preferencias personales, con lo cual están negando de plano que las amistades y las relaciones amorosas sólidas se construyen a partir de acuerdos sobre lo fundamental.
Tampoco faltan aquellos que reducen la política a los políticos y, con base en esta certeza, promueven el manido discurso de que todos los políticos son iguales, por lo cual no vale la pena elegir a nadie; o quienes votan por caras o por el guiño de un caudillo, en lugar de votar por programas o propuestas.
Finalmente, encontramos a las personas que condenan la llamada “polarización”, una palabra que en los últimos tiempos ha hecho carrera y que se esgrime, en muchas ocasiones, para impedir la confrontación de las ideas y, de este modo, llevar los debates políticos a un nivel de superficialidad tal que resulte imposible diferenciar posiciones de manera clara.
En esta etapa de la contienda política colombiana, en la que las diferencias en el número de votos se estrechan, los políticos tienen la compleja tarea de conquistar votos mediante todo tipo de estrategias enfocadas fundamentalmente a mostrar que son diferentes, o alternativos, o cumplidores de promesas.
Pero como eso no es fácil, ni tampoco suficiente, las cartas comienzan a destaparse con otras tácticas en las que las palabras alianza, acuerdo, endoso, apoyo cobran mucho protagonismo. Por ello, muchos de esos políticos, en un afán loco por conseguir votos y por mezclar a juro el agua y el aceite, han perdido la perspectiva amparados en aquello de que la política es dinámica y lo que ayer generaba escozor, hoy debe generar fervor. Infortunadamente no han entendido que, con estas acciones desesperadas, lo único que están haciendo es reforzar las creencias y prejuicios de los votantes potenciales.
No son conscientes de cuán patéticos se ven limosneando apoyos a diablos a los que tendrán que vender el alma a cambio de un puñado de votos o de contratos non sanctos. Por eso, no debe valer todo en la política, los principios no pueden ser maleables, no están hechos de plastilina las ideas ni los acuerdos y quienes nos acerquemos a las urnas siempre debemos tener claros estos principios para tomar una buena decisión.