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sábado, 9 de mayo de 2026
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El Espíritu Aloha

Marta Isabel González, Columnista

Marta Isabel González

Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.

Siempre he sido afortunada, las cosas me caen del cielo sin yo buscarlas y sin saber por qué; lo que sí sé es que la buena suerte siempre ha estado en mi vida. Justo en este momento estoy en un avión atravesando el Océano Pacífico después de pasar un mes en Hawai’i. Lo que empezó como una invitación para ayudar a cuidar a mi primito de 3 años y disfrutar de las increíbles playas de Hawai’i terminó convirtiéndose en una experiencia de vida que me ha convertido en una persona diferente. Así como la buena suerte, el Espíritu Aloha me llegó de frente sin que lo estuviera buscando. En la isla a este espíritu se le define como la coordinación entre la mente y el corazón de una persona para poder emitir buenos sentimientos hacia las otras personas sin esperar nada a cambio; dicho de una manera más sencilla: lo que hace uno nos afecta a todos. Lo impactante de esto es que este espíritu va más allá de ser un slogan turístico, realmente puede sentirse y respirarse en cada rincón de O’ahu (la isla en la que estuve). Puedo decir sin miedo a equivocarme que durante el mes que estuve en este paraíso, no vi una persona grosera, nadie me habló mal, en cambio muchos se ofrecieron para ayudarme, casi todos me sonrieron (aunque ahora solo podamos sonreír con los ojos) y todos me hicieron sentir en casa.

Vuelvo a Colombia con el corazón lleno y un poco arrugado. ¿Será que podemos contagiarnos del Espíritu Aloha que los seres humanos tenemos por naturaleza y terminamos escondiendo por necesidad? ¿Será posible alejarnos de los conocidísimos «dar papaya» y «el vivo vive del bobo»? Quisiera creer que sí e incluso puedo decir que lo he visto entre emprendedores y por eso hablo de este tema en mi columna de emprendimiento. Nosotros, los emprendedores, sabemos ser comunidad; sabemos valorar el trabajo propio sin demeritar el ajeno; sabemos proteger a nuestros colegas y a su trabajo; pero sería lindo hacer de esto una cultura más allá del gremio emprendedor. Contémosles a los que no hacen parte de la cultura de emprendimiento que cuando trabajamos o vivimos para todos, salimos mucho más beneficiados que cuando lo hacemos solo para nosotros mismos. Lo que hace uno nos afecta a todos y la mejor recompensa para nuestras acciones es aquella que no estamos esperando.


Mahalo Hawai’i por tus enseñanzas, gracias Colombia por ser mi hogar.