El fast fashion, la moda desechable que afecta el planeta y a la industria colombiana de textiles y confecciones
La industria colombiana de textiles y confecciones viene perdiendo fuerza. Sin embargo, no siempre fue el eslabón más débil de la cadena. Muchos recordarán con cierta picardía el referente empresarial de Ecomoda, una representación de lo que llegó a ser, en la icónica novela Yo soy Betty, la fea.
La caída de la producción nacional, ocurrida en los últimos años, contrasta con el crecimiento del consumo de moda (confecciones, textiles, cuero y calzado) en el país. Estas dos realidades revelan que los productores extranjeros han sido los más beneficiados con el aumento de la demanda, que en 2021 alcanzó los $27,7 billones, un 21% más que en 2020 y un 5% más que en 2019 (datos de Inexmoda).
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El desarrollo de la industria textil en Colombia hasta los 90
En la década de 1970, la industria colombiana de textiles y confecciones se caracterizó por su importancia en el sector manufacturero. En este periodo, en el país se hicieron importaciones de tecnología, maquinaria e insumos para incrementar la productividad.
Como resultado de esto, se redujeron costos, mejoró la producción y aumentaron las exportaciones. En 1975, la industria colombiana de textiles y confecciones representaba el 23,47% del PIB industrial, según la investigadora Paula Andrea Meneses.
En 1990, con la apertura económica, y posteriormente con la implementación de los Tratados de Libre Comercio (TLC), la industria quedó expuesta a los mercados internacionales y mantuvo poco respaldo por parte del Estado. A lo largo de la década de 1990, esta industria perdió participación en el PIB industrial, hasta situarse por debajo del 10%, de acuerdo con la misma investigadora.
Desde entonces, esta industria ha seguido perdiendo fuerza. Ejemplo de esto es el cierre de varias empresas importantes del sector. El caso más reciente es el de la Compañía Colombiana de Tejidos (Coltejer), que llegó a generar más de 17.000 empleos en el país, y cerró definitivamente en enero de 2023.
Otras estadísticas del sector ratifican el mal momento que atraviesa desde mediados de la década de 1990.
La balanza comercial de la industria colombiana de textiles y confecciones y cueros desde la Apertura
La pérdida de importancia del sector textil dentro del PIB industrial se debe, en buena medida, al aumento de las importaciones.
Desde 1991 hasta el 2008, Colombia presentó un superávit en productos de la moda de 430 millones de dólares anuales, en promedio. Desde 2009 hasta 2022, la balanza se invirtió de manera acelerada y acumuló un déficit de 19.600 millones de dólares.
Ello se debió a que, en ese mismo periodo, el país pasó de exportar 1.500 millones de dólares al año en 2009 a USD $950 millones en 2022. Por su parte, las importaciones pasaron de USD $1.300 millones a USD $3.400 millones en ese mismo periodo.
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La evolución del comercio exterior en el sector de la moda muestra que la política de libre comercio no favoreció al sector. A la par que la industria colombiana de textiles y confecciones se debilitó, aumentaron las importaciones.
En la década de los 90, el sector de la moda colombiana exportaba en promedio 54.500 toneladas al año e importaba 49.000, con base en la información de la DIAN.
En la primera década de los 2000, las importaciones superaron las 176 mil toneladas al año y las exportaciones las 110 mil toneladas. Luego, del 2012 al 2022, con la entrada de los TLC y el auge de las mercancías chinas, las exportaciones colombianas cayeron a 87.300 toneladas al año, mientras que las importaciones superaron las 350 mil toneladas al año.
De mantenerse esta tendencia, el sector podría dejar de competir en los mercados internacionales e incluso en los nacionales, con lo que el país se volvería un comprador neto de confecciones, textiles y cueros.
El auge del fast fashion
El incremento en la importación de confecciones coincide con el auge del llamado Fast fashion, como se le conoce a la producción de ropa masiva y a bajos costos que se desecha rápido.
Esta producción masiva y a bajo costo de ropa se ha consolidado en respuesta a la necesidad de satisfacer la acelerada demanda de los consumidores, que buscan comprar ropa con frecuencia y a bajo costo, sin importar que la calidad de esta sea deficiente.
A pesar de que el fast fashion tiene un grave impacto ambiental y social, dadas las condiciones poco sostenibles de su fabricación, resulta rentable para países desarrollados, cuyas empresas subcontratan la mano de obra de países como Bangladesh o India, con salarios precarios y en fábricas que aplican una débil regulación en materia de derechos laborales.
En contraste, esta manera de producir ropa afecta gravemente la producción nacional de países poco industrializados con mayores costos de producción, derivados en parte de mejores regulaciones ambientales y sociales, pues no logran competir con las importaciones. Este es el caso de Colombia, pues la mayor parte de las importaciones de confecciones vienen de China y Bangladesh. En el año 2021, llegaron de allí el 42,4% y el 13,6% de las mercancías, respectivamente, según los datos de la DIAN.
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