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sábado, 18 de abril de 2026
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“El trigo nacional está en desventaja para competir en los mercados internacionales”

Juan Manuel Martínez, gerente de la Organización Más, empresa molinera de cereales, da su punto de vista sobre el declive de la producción de trigo.
Trigo, Cereales,

Según los investigadores David Álvarez Sánchez y Diana Melisa Chaves, la era dorada del trigo en Colombia tuvo lugar entre 1920 y 1960. En 1960 se sembraron 160.000 hectáreas y se produjeron 142.000 toneladas de trigo, cifras que se redujeron a 47.298 hectáreas y 90.348 toneladas en 1990 y a 2.535 hectáreas y 6.295 toneladas en 2020 (Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosas – Fenalce). Si bien este cereal se cultivaba en Cundinamarca, Boyacá y Nariño, en 2020 Fenalce solamente registró producción en los dos últimos departamentos (unas 5.008 toneladas en Boyacá y 1.287 toneladas en Nariño). 

Para entender el panorama del trigo, Más Colombia habló con Juan Manuel Martínez, gerente de la Organización Más, una compañía pastusa fundada en 1990, que se dedica principalmente a la molinería de cereales y a la venta de harina.


Si bien Martínez duda de las cifras de Fenalce, pues en su concepto “nunca se produjo tanto en Nariño”, explica que “lo que sí constato hoy en los campos de Nariño, departamento con mayor producción de trigo, es que hay casas deshabitadas y sin campesinos para cultivar la tierra”. De acuerdo con Martínez, al declive de la producción de trigo nacional contribuyó la ubicación geográfica de Colombia en el trópico, la cual dificulta el cumplimiento de “todos los parámetros para producir trigo y pan de calidad” en el país. El gerente explicó que “el trigo necesita días muy largos de luz”, por lo que “son más convenientes las tierras cercanas a los polos”, como las de Canadá, Estados Unidos, la Unión Europea y Argentina, entre otros países. 

Aunado a lo anterior, señaló que en Colombia el trigo es producido en fincas pequeñas, ubicadas en zonas montañosas del país. Dado que estas tierras no son mecanizables, su producción es menos rentable. Martínez explicó que en Canadá una finca mide alrededor de 4.000 hectáreas, mientras que en Nariño “mide menos de 1 hectárea”. Asimismo, indicó que “mientras en Canadá se requieren 10 personas para cosechar 1.000 hectáreas, en Colombia se requieren 1.000 personas para cosechar la misma superficie”. 

Además de su baja rentabilidad, Martínez lamentó que, en el mejoramiento de semillas, el Estado privilegió las “cualidades agronómicas” del grano, en vez de la “fuerza y alta tolerancia” que mejoran la calidad de la harina que se utiliza en la preparación de la masa de pan. Ante este escenario, “el trigo nacional está en desventaja para competir en los mercados internacionales”, señaló Martínez.  

Concentración de las molinerías 

La disminución de la producción nacional de trigo, desde la década de 1960, está directamente relacionada con el aumento de la importaciones de este cereal, especialmente de los llamados “excedentes norteamericanos de trigo”. Ya en la década de 1990, estas aumentaron en el marco de la apertura económica. De acuerdo con Fenalce, entre 1990 y 2019 las importaciones se incrementaron un 181%, al pasar de 665.270 toneladas a 1.868.441 toneladas. 


Al respecto, Martínez explicó que la sustitución del trigo nacional por el importado propició la progresiva disminución del número de empresas molineras en Colombia. Así, de los 47 molinos que había en la década de 1990, en su mayoría pequeños y ubicados cerca de los cultivos de trigo, solo quedaban 27 en 2020. Según explicó Martínez, las empresas que sobrevivieron pasaron de moler unas 12.000 toneladas anuales, en los años noventa, a moler unas 70.000 toneladas actualmente. “Esta era la única salida para moler trigo importado en mayores cantidades, pues un molino muy pequeño no es eficiente”, explicó el gerente de la Organización Más. Martínez señaló que la concentración de las empresas molineras puso en dificultades al sector, pues estaba compuesto sobre todo por negocios familiares pequeños. 

Juan Manuel Martínez
Juan Manuel Martínez, gerente de la Organización Más.

¿Qué soluciones se pueden contemplar?

Ante la difícil situación del trigo nacional, Martínez estimó necesario agregar valor al cereal para vender harina a precios más altos. La Organización Más le apostó al desarrollo de “un ciclo completo de trigo orgánico certificado”, que incluye la certificación de las tierras, el molino y el pan como orgánicos. A través de este proyecto, ha realizado una labor de capacitación de las familias productoras de la zona para que produzcan de forma orgánica, producto que luego compra y muele la empresa. “Este ciclo completo certificado es muy escaso en el mundo”, resaltó el gerente, y tiene la ventaja de que puede replicarse en cultivos como el de quínoa.

Según Martínez, también es posible agregarle valor a la harina nacional mediante el uso de molinos antiguos y la producción de harinas “especiales”, las cuales “están adaptadas al uso que se requiera (pizza, galletas de tipo industrial y otros)”. 

Por último, el Gerente de la Organización Más hizo hincapié en que el Gobierno debería apoyar más la industria molinera colombiana. Para ello, consideró importante prestar una atención particular a “los emprendimientos y a las pequeñas empresas de panadería”, por ser una parte importante de los consumidores finales de cereales y productos de molinería. Asimismo, sugirió “agilizar la transición entre la formación [de panadero] y el emprendimiento, y mejorar la misma formación”. 

Producción en Colombia

Actualmente, la inmensa mayoría del pan que se consume en Colombia se produce con trigo importado, pues los fabricantes dejaron de acudir a masas curadas y utilizan un trigo que no necesita esos procesos. El trigo colombiano se usa sobre todo para preparar galletas, sopas y cuchucos. 


Desde hace varios años, Fenalce viene trabajando en la multiplicación y regeneración de las variedades y líneas de trigo y cebada que componen la colección de germoplasma de trigo y cebada, con el objetivo de recuperar su calidad morfológica, agronómica y fisiológica, y que pueda utilizarse en futuros programas y proyectos. Asimismo, ha señalado que las regiones frías de los departamentos de Nariño, Boyacá y Cundinamarca tienen el potencial para producir trigo de buena calidad galletera y para pan.