viernes, 12 de agosto de 2022
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Franceses regresan a las pantuflas de la época de Luis XIV

Como consecuencia de los confinamientos sucesivos en Francia en 2020, creció la venta de zapatillas tradicionales para usar en casa, conocidas como charentaises. Varias empresas aprovecharon la bonanza, tras las dificultades y quiebras que experimentaron en los últimos años.

Pantuflas

Es común que los franceses, especialmente los adultos mayores, utilicen en sus casas unas zapatillas tradicionales, que pueden rastrearse hasta el siglo XVII, para abrigarse del frío invernal. Dorval Ligonniere, responsable de Estudios y marketing de la Federación Francesa del Calzado (FFC), explica que estas zapatillas se popularizaron en la década de 1950, cuando el país enfrentaba una escasez de cuero como resultado de la Segunda Guerra Mundial. Entonces, estas zapatillas de lana representaban “la mayoría del mercado de pantuflas”, con más de 200 empresas en el país.

En las dos últimas décadas el mercado cambió, y la producción de charentaises disminuyó en un 82%, pasando de 34,2 millones de pares en el año 2000 a 6 millones en 2019 (FFC). No obstante, la pandemia parece haberles dado un nuevo aire, pues la Federación Francesa del Calzado reportó que “el mercado de zapatos de interior creció un 8%” en el segundo semestre de 2020. Ligonniere puntualiza que el confinamiento dinamizó esta categoría de calzado, “la única que ha aumentado sus ventas”.

Isabelle Fulgeanu, directora de Marketing en Fargeot & Cie SAS, empresa comercializadora de charentaises bajo la marca Chausse Mouton, comenta que el producto está siendo altamente solicitado, al punto de que “las ventas se multiplicaron por tres”. Ante este escenario, Fulgeanu reconoce que la firma ha enfrentado “dificultades para seguir el aumento de la demanda”, ya que ha sido un “reto” contratar y formar nueva mano de obra según los métodos de confección tradicionales.



Por su parte, Micheal Violleau, uno de los dos gerentes de la empresa L’Atelier Charentaises, dedicada exclusivamente a la confección de dicho zapato, señaló que, “a febrero de este año, la cartera de pedidos para 2021 ya estaba llena”. Esta situación llevó a la compañía a “formar y contratar más trabajadores”, para un total de “quince personas en el taller a partir de las próximas semanas”. En el caso de esta empresa, también ha sido un desafío capacitar la mano de obra, pues se sigue usando la maquinaria de la Casa Rondinaud, fábrica que se dedicó a la confección de la pantufla desde 1907 hasta 2019, cuando se declaró en bancarrota. En mayo de 2020, cuando Violleau y Olivier Rondinaud retomaron el negocio, consideraron “imprescindible preservar la mano de obra y este saber de Francia, especialmente de Charente”, comenta Violleau. 

Como resultado de ese conocimiento localizado, las charentaises recibieron el sello de “Indicación Geográfica Protegida” (Indication Géographique Protégée), que certifica  la “calidad del producto y su elaboración en el territorio de Charente-Périgord“, explica Isabelle Fulgeanu.

En efecto, la ubicación en Francia de toda la cadena productiva, desde la procedencia de los materiales utilizados hasta la confección de la zapatilla, es uno de los factores que ha motivado el aumento en las ventas. Según un estudio de OpinionWay, dos de cada tres consumidores franceses reportaron haber aumentado sus compras Made in France desde el inicio de la pandemia.

Según Fulgeanu, otro factor que ha incidido en el éxito actual de las charentaise consiste en que el producto, que “se suele asociar con  suavidad y confort”, responde a la demanda de bienestar de los franceses, en especial ahora que pasan mucho más tiempo en casa. Además, algunas empresas, como Fargeot & Cie, han modernizado los estampados, con el objetivo de atraer a un público más joven, conformado por “familias entre 30 y 50 años”.

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Pese al repunte en las ventas, la directora de marketing también señaló que, actualmente, existe una “amplia competencia de pantuflas provenientes del Asia”, comercializadas “en grandes superficies a bajo precio”. Las charentaise, en cambio, “son un producto de nicho” que representa alrededor de 300.000 pares al año, con diferentes canales de venta. Fargeot & Cie SAS las ofrecen exclusivamente en su página web y en “zapaterías tradicionales”, una red de distribución “que pierde paulatinamente su influencia pero que garantiza una alta calidad del producto”, añade Fulgeanu.

Ambas empresas consultadas exportan sus productos a varios países de Europa, a Japón y a Estados Unidos, entre otros destinos. Y, a la pregunta sobre si las charentaise llegarán algún día a Colombia, Michel Violleau abre la posibilidad, aunque enfatiza que de momento “el principal objetivo es satisfacer la demanda nacional”.