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sábado, 10 de enero de 2026
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Hidrógeno gris, verde y azul. ¿Sabe qué son y para qué sirven?

Le contamos la importancia de este elemento en la transición energética y sus posibles usos en la industria.
Hidrógeno, Energías renovables, Transición energética

A medida que se reconocen los crecientes impactos del cambio climático, crece entre los gobiernos y los sectores económicos la conciencia sobre la necesidad de transitar a energías que emitan menos Gases de Efecto Invernadero (GEI). Ello requiere nuevos productores de energías limpias que transfieran los mayores niveles de energía descarbonizada a los consumidores, sin afectar la calidad del servicio de energía a los usuarios residenciales, industriales y de transporte. 

En este marco, el hidrógeno ha aparecido como una solución versátil en la generación y el transporte de energía, la producción industrial, la calefacción de los edificios y el apoyo a procesos industriales cuya descarbonización es más difícil de lograr, como el acero, la refinación y el cemento.


Hidrógeno de “colores”

Por ser uno de los elementos más reactivos de la tabla periódica, el hidrógeno no se encuentra libre en la naturaleza, sino combinado con otras moléculas. Para su extracción, se requiere un proceso manufacturero de separación. Dependiendo de este, se pueden obtener distintos tipos de hidrógeno: 

  1. Hidrógeno gris: aquel que se obtiene a partir de combustibles fósiles, como el gas natural y el carbón. 
  2. Hidrógeno azul: aquel que se obtiene también a partir de combustibles fósiles, pero sin liberación de dióxido de carbono (CO2). 
  3. Hidrógeno verde: aquel que se obtiene de fuentes no convencionales de energía renovable, como la biomasa, la energía eólica, la solar y el calor geotérmico, entre otras. 

Los tres tipos de hidrógeno se diferencian entre sí por su origen, pero no por sus usos, pues tienen el potencial de ser utilizados en las mismas aplicaciones. Por provenir de combustibles fósiles, el hidrógeno gris es el que menos contribuye a la descarbonización. En cambio, el hidrógeno gris y el azul son considerados fuentes de energía no convencional y limpia. 

Hojas de ruta e inversiones

Según el Consejo de Hidrógeno (Hydrogen Council), una iniciativa mundial dirigida a las empresas para el desarrollo y la producción de hidrógeno, en las próximas tres décadas este elemento podría cubrir cerca del 18% de la demanda energética mundial y los costos de su producción podrían reducirse en un 60%. Sin embargo, esto requiere una inversión anual global de aproximadamente 23.000 millones de dólares hasta 2030. El 40% de esta se destinará a la producción de hidrógeno, el 30% a su almacenamiento, transporte y distribución, y del 30% restante no se informó su destinación.


Por ahora, las proyecciones sobre las inversiones en hidrógeno son favorables, pues ya 30 países han desarrollado sus propias hojas de ruta. De hecho, la Comisión Europea anunció un ambicioso plan que movilizará entre 180 y 470 billones de euros de financiación público-privada para la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías, así como para la instalación de plantas generadoras de hidrógeno verde. Países europeos como Alemania y Francia se han sumado a los incentivos, y crearon programas de financiación por 9 billones de euros cada uno. Además, Japón y Corea del Sur destinarán, en la próxima década, 19 y 2,4 billones de dólares, respectivamente, a la financiación de proyectos relacionados con la obtención de hidrógeno. 

En su Hoja de ruta hacia Net Zero, Black and Veatch, una empresa global de construcción que hace parte del Consejo de Hidrógeno, especificó las tres aplicaciones más importantes del hidrógeno a corto y mediano plazo: 

  1. Almacenamiento de energía renovable. 
  2. Calefacción de edificios comerciales y residenciales.
  3. Captura de carbono para uso industrial en la refinería de petróleo y la producción de amoniaco, metanol y acero. 

En todo caso, el informe de Black and Vetch advirtió que lo más probable es que, en la próxima década, las inversiones se destinen a producir hidrógeno gris. Para hacer el tránsito hacia el verde y el azul, se requerirán grandes avances tecnológicos, así como una serie de conocimientos en energías renovables que combinen, por ejemplo, este elemento con energías como la solar y eólica.