Ni Cepeda, ni Fajardo, ni De la Espriella: el verdadero ganador en las encuestas presidenciales
Las elecciones 2026 han producido encuestas presidenciales con resultados dispares en enero. El dato más consistente no está en los líderes, sino en los millones de votos que aún no tienen candidato.
Durante enero se han publicado varias encuestas presidenciales sobre las elecciones 2026 y, aunque muestran liderazgos temporales, sus resultados son altamente variables entre sí. Los porcentajes cambian según la firma, el método y el momento de medición, y en algunos casos difieren de manera significativa frente a los sondeos del año pasado.
Sin embargo, al revisar los datos con más detalle, aparece un elemento común que atraviesa todas las mediciones: una parte sustancial del electorado todavía no ha decidido por quién votar. Esa indefinición refuerza la idea de que el escenario electoral sigue abierto, a la espera de lo que ocurra en marzo.

Elecciones 2026 y encuestas presidenciales con resultados dispares
Las encuestas presidenciales conocidas en enero coinciden parcialmente en los nombres que aparecen en los primeros lugares, pero difieren en los porcentajes y en la evolución de varios candidatos. Mientras algunos estudios ubican a Iván Cepeda como líder, otros muestran a Abelardo de la Espriella disputando el primer lugar.
También hay variaciones relevantes en candidaturas como la de Sergio Fajardo, que en encuestas del año pasado aparecía con mejores registros y que en algunos sondeos recientes cae a porcentajes bajos, con diferencias marcadas entre firmas.
Estas oscilaciones no responden a un reordenamiento definitivo del electorado, sino a un contexto de alta fragmentación, aún están por definirse los candidatos de la Gran Consulta por Colombia y del Frente por la Vida.
Más allá de los liderazgos parciales, el dato más relevante de las encuestas de enero es el tamaño del electorado que aún no toma una decisión. En varias mediciones, las categorías de “no sabe”, “ninguno” o indecisión representan una franja significativa de los encuestados.
En el caso de Guarumo, los reportes públicos destacan que el segmento de ciudadanos que no se inclina por ningún candidato supera individualmente a varias de las candidaturas medidas. En la encuesta de GAD3, solo alrededor del 51% de los consultados afirmó que votará con certeza en las elecciones legislativas de marzo, lo que sugiere que casi la mitad del electorado mantiene dudas no solo sobre el voto presidencial, sino sobre su participación misma.
En términos agregados, los resultados disponibles indican que entre una quinta y hasta cerca de un tercio de los encuestados no expresa hoy una preferencia presidencial clara. Ese volumen de votos sin dueño es el principal factor de incertidumbre en las elecciones 2026.

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Cuestionamientos técnicos a las encuestas
La variabilidad en los resultados de las encuestas presidenciales para las elecciones 2026 responde, en gran medida, a diferencias técnicas entre las firmas encuestadoras. No existe un estándar único de medición y la normativa vigente deja márgenes de interpretación que llevan a que cada estudio adopte decisiones metodológicas propias. Estas diferencias inciden de forma directa en los porcentajes de intención de voto.
Los principales factores que explican estas discrepancias son los siguientes:
1. Definición de la población objetivo
No todas las encuestas miden al mismo universo de personas, un punto clave en un país con una abstención histórica cercana al 40%.
Algunas firmas, como Polimétrica o Guarumo, restringen su muestra a ciudadanos que manifiestan intención de votar o que han participado recientemente en elecciones. Otras incluyen a toda la población mayor de 18 años habilitada para votar, incluso a quienes declaran que no acudirán a las urnas. Esta diferencia altera los resultados, al incorporar perfiles que finalmente no tendrán incidencia en la votación real.
También se han señalado desequilibrios en la composición política de algunas muestras. En ciertos casos, una proporción elevada de encuestados afirma haber votado por un sector específico en la elección anterior, por encima de su peso real en el electorado, lo que puede sesgar las proyecciones actuales.
2. Métodos de recolección de la información
La forma en que se contacta a los ciudadanos influye directamente en el tipo de encuestado que responde.
Las encuestas presenciales, utilizadas por firmas como Invamer o CNC, permiten un muestreo probabilístico más controlado por estratos socioeconómicos, zonas y municipios. En contraste, los métodos telefónicos o digitales, empleados por GAD3 o Atlas Intel, dependen de la disposición voluntaria del ciudadano a responder llamadas o formularios.
Este mecanismo introduce un sesgo de selección: quienes aceptan participar suelen tener mayor interés político o mayor exposición a la información pública, lo que no siempre representa al conjunto del electorado.
3. Listado de candidatos y formulación de la pregunta
Otro factor decisivo es el número de aspirantes incluidos en cada cuestionario. Mientras algunas encuestas han preguntado por más de 30 nombres, otras reducen el listado a menos de la mitad. Esto fragmenta el voto de manera distinta y modifica los porcentajes finales de cada candidato.
Además, la falta de criterios unificados sobre a quiénes se debe incluir ha generado controversias, con reclamos de aspirantes que no aparecen en determinados sondeos. A esto se suma la forma de preguntar: algunas mediciones indagan por percepción o imagen favorable, mientras otras preguntan directamente por intención de voto, lo que produce resultados que no son estrictamente comparables.
4. Interpretación de la ley y cobertura del estudio
La llamada “Ley de Encuestas” presenta vacíos y ambigüedades que cada firma interpreta de manera distinta. Esto se refleja en la cobertura territorial y en el tamaño de las muestras.
Algunos estudios concentran su trabajo en grandes ciudades, mientras otros incluyen municipios intermedios y zonas rurales. Asimismo, existe una diferencia notable en el número de encuestados: mientras unas firmas consultan a poco más de mil personas, otras superan las cuatro mil entrevistas. Estas variaciones afectan el margen de error y la representatividad nacional de los resultados.

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Marzo, el mes que empezará a ordenar el escenario
El calendario político explica buena parte de esta indefinición. Las elecciones de Congreso y las consultas interpartidistas de marzo suelen marcar un punto de quiebre en las campañas presidenciales, al reducir el número de candidaturas y permitir una medición real del respaldo en las urnas.
Será en ese momento cuando muchos votantes que hoy aparecen como indecisos comiencen a tomar posición, ya sea por afinidad política, por alianzas o por la desaparición de opciones que no logren consolidarse.
Hasta entonces, las encuestas presidenciales seguirán reflejando un escenario abierto, con variaciones importantes y sin un ganador claro.
El verdadero ganador en las encuestas de enero
Leídas en conjunto, las encuestas de enero no muestran a un candidato encaminado de forma clara a ganar las elecciones 2026. Lo que sí evidencian es la magnitud del voto indeciso y la expectativa de una parte importante del electorado frente a lo que ocurra en marzo.
En ese sentido, el verdadero ganador de las encuestas no es un nombre propio, sino el conjunto de ciudadanos que aún no define su voto. Ese será el caudal decisivo cuando el escenario político empiece, ahora sí, a decantarse.
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