“La economía campesina es un bien común que debe ser protegido”
Desde la década de 1970, los países se han basado en el concepto de seguridad alimentaria para velar por el derecho a la alimentación. ¿Cuál es el alcance de este concepto?
La seguridad alimentaria fue un concepto creado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con el objetivo de evaluar la capacidad de los países para acceder y disponer de alimentos nutritivos de forma estable y segura. En mi opinión, este concepto es problemático porque se instala en un contexto de libre mercado. Lo que hemos visto estos años, e incluso lo ha reconocido la misma FAO, es, por un lado, que el comercio internacional, con pocas barreras, no ha permitido a los países acceder a los alimentos adecuadamente. Y, por el otro, que los precios de los alimentos son muy sensibles a las crisis económicas internacionales.
Si este concepto tiene problemas, ¿qué otro podría funcionar?
Desde hace algunos años, las organizaciones campesinas en América Latina han establecido el concepto de soberanía alimentaria. La FAO no ha sido ajena a este concepto y, en sus últimos reportes, ha echado mano de él para manifestar la necesidad de que los países produzcan los alimentos suficientes para suplir la demanda local.
El concepto de soberanía alimentaria, a diferencia del de seguridad alimentaria, tiene que ver con las capacidades autónomas que tiene un territorio para producir sus propios alimentos. Yo no creo que haya que dejar un concepto por otro, sino complementarlos. Lo ideal sería garantizar la seguridad alimentaria a partir de la soberanía alimentaria, es decir, garantizar el acceso y la disponibilidad de los alimentos a partir de la producción nacional de cada país.
¿Colombia está en la capacidad de producir actualmente sus alimentos?
Las economías campesinas han demostrado ser bastante productivas económica y ecológicamente, pero tienen problemas en la comercialización y quedan usualmente a expensas de intermediarios que terminan apropiándose del excedente de la producción agrícola del país. El problema, entonces, no es la productividad ni la capacidad del país para producir sus propios alimentos, sino la comercialización. Y esto se debe a múltiples factores, como la falta de infraestructura y de transporte, y problemas en la titulación de tierra, entre otros.
Ahora bien, Colombia no es un país agrícola, sino rural. Si bien el 85% del territorio es rural, solo 7,5 millones de hectáreas —que es una parte mínima— se destinan a la producción de alimentos. Hay otras actividades a las que se les destina más tierra, como la ganadería, que actualmente ocupa entre 20 y 25 millones de hectáreas. Ahí es donde está el problema.
¿Cómo se explica que Colombia, siendo un país rural, importe cerca del 30% de los alimentos?
Desde 1990, en Colombia se optó por un modelo de desarrollo basado en la apertura económica, que fue profundizado en la década de los 2000 con la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC). Se ha demostrado que los efectos han sido más negativos que positivos. Por ejemplo, las importaciones son mucho mayores que las exportaciones, el déficit comercial cada vez es mayor y, si miramos un poco más las operaciones comerciales internacionales, nos damos cuenta de que estamos importando una gran proporción de alimentos no solo para el consumo humano, sino para el consumo animal. Esto nos ha traído una serie de problemas en términos de competitividad, pues Colombia no es un país con una infraestructura, un transporte y una logística que le permita competir con países como Estados Unidos o incluso con países de la región andina.
En términos económicos, ¿cuál es el problema de que aumenten las importaciones de alimentos en Colombia?
El problema principal de las importaciones de alimentos es la competitividad. Los alimentos importados compiten con nuestras economías campesinas. Para tener cifras sobre esto, nos tocaría evaluar cuáles son las condiciones de producción de los países con los que negociamos los TLC, pero digamos que, en términos generales, la mayoría de estos países otorgan muchos beneficios a los agricultores y tienen políticas sólidas para el fortalecimiento de sus economías campesinas.
En dichas condiciones de producción, es apenas obvio que los productos agrícolas importados tengan precios más bajos que los nacionales. Esto puede ser beneficioso para los consumidores. Sin embargo, el resultado para nuestra economía es desastroso, pues los productos agrícolas nacionales terminan no siendo rentables y la vida en el campo se vuelve inviable. El país debe entender que la economía campesina debe ser entendida como un bien común a ser protegido.
¿Cuál ha sido el impacto de la pandemia en los esfuerzos por reducir el hambre y la desnutrición en el país?
De acuerdo con las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el confinamiento y la lenta reactivación económica han tenido grandes impactos para el país. El índice de pobreza supera el 42%, la desigualdad aumentó excesivamente y la situación de hambre se agravó. En 2020, por ejemplo, fue común ver a las personas alzando en sus casas banderas rojas como símbolo de hambre. Cerca de 6 o 7 millones de hogares pasaron de consumir tres comidas diarias a consumir dos comidas diarias. El resultado es el incremento de la desnutrición.
Este año aumentaron los precios del alquiler de contenedores. ¿Cuál es el impacto que esto ha tenido sobre el precio de los alimentos?
La logística de los mercados internacionales, la crisis de los contenedores y los problemas del sector de transporte naviero han conducido a una elevación de los precios de los bienes y, por supuesto, de los alimentos. En Colombia la inflación en los precios de alimentos es muy alta. Cerca del 60% de la inflación del país se explica por la inflación de alimentos, así que el problema no es nada menor. Seguramente los efectos sobre el acceso a los alimentos se harán visibles el próximo año, sobre todo en los hogares de bajo ingreso.
¿Cuáles son los alimentos más sensibles al aumento de precios?
Los alimentos que componen la canasta básica alimentaria. De los 460 bienes que la componen, cerca de 160 resultan muy sensibles al alza de precios, como la carne, los huevos, los granos y los cereales.
¿Qué estrategias pueden implementarse para fortalecer la seguridad alimentaria del país?
En términos de seguridad alimentaria, la situación en Colombia es precaria. Actualmente, varias organizaciones, universidades, entidades del Gobierno y centros de investigación están trabajando de forma conjunta para establecer una hoja de ruta a 15 años que le permita al país recuperar la producción de alimentos, fortalecer las economías campesinas, crear circuitos cortos de energía y visibilizar el papel de las mujeres en la producción de alimentos, entre otros.
Para esto obviamente se requerirá un cambio profundo en los modelos de desarrollo. Con esto no quiero satanizar el papel de los mercados, sino más bien mostrar la necesidad de controlar algunos aspectos, tal como lo hacen las economías más avanzadas.