viernes, octubre 15, 2021
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La especie exótica

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María Isabel Henao Vélez
Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Javeriana. Especialista en Manejo Integrado del Medio Ambiente de la Universidad de los Andes. Twitter e Instagram: @maisamundoverde

Define el diccionario de la Real Academia de la Lengua la palabra exótico como: extranjero o procedente de un país o lugar lejanos y percibido como muy distinto del propio. Una segunda acepción corresponde a: extraño, chocante o extravagante. Por su parte la ciencia define a las especies exóticas (o invasoras) como los animales, plantas, hongos y microorganismos que se introducen y establecen en un ambiente fuera de su hábitat natural. Pueden llegar ahí empujados por causas naturales (por ejemplo huracanes) o por la mano del ser humano que los traslada a otras zonas, entre otros, para usarlos como mascotas, “cultivarlos” como el caso de la piscicultura y horticultura, o para que sean control biológico de otras especies consideradas plagas. También pueden llegar a otros lugares “involuntariamente” en aviones, canales interoceánicos o o aguas de lastre en barcos.  

El problema con las especies introducidas es que se reproducen rápidamente al no tener un predador natural. En ecosistemas en equilibrio, los organismos controlan sus poblaciones por medio de cascadas tróficas. En palabras sencillas y a lo ciclo de la vida del Rey León: alguien se come a alguien evitando la sobrepoblación y modulando el acceso a los recursos disponibles. Entonces, cuando estos “extranjeros llegan” no hay quien les ponga el tate quieto y se imponen sobre los locales a la hora de conseguir alimento, agua y espacio. Y la cosa se pone tan fea, que en muchos de ellos se vuelven una amenaza para el resto de las especies; desde el siglo XVII, las especies exóticas invasoras han causado aproximadamente el 40% de todas las extinciones de animales de las cuales conocemos la causa. El daño también es para el ser humano, porque al afectar la salud de los ecosistemas se impacta la seguridad alimentaria, por cuenta de pérdidas agrícolas de miles de millones de dólares. Una vez amañadas, echarlas es dificilísimo además de costoso. La revista Nature reseñó este año que las especies invasoras han causado daños por 1,28 billones de dólares desde 1970.

Vamos llegando a una conclusión: las exóticas menguan la diversidad y abundancia de los organismos locales. Y si a este panorama le sumamos los impactos del cambio climático, la destrucción a la que hemos sometidos las áreas silvestres y los contaminantes que hemos vertido al aire, agua y suelos; entonces esta pérdida de biodiversidad tendrá graves consecuencias sobre el ser humano. En nuestro país, de las 506 especies invasoras que el SIB Colombia reporta, seguro usted ha oído mencionar al pez león, el caracol africano, la trucha, la tilapia, el pez basa, el retamo espinoso y el buchón. Y con el perdón de nuestros legisladores no desaparece el peligro que representan darles la cédula de ciudadanía, llamándolas domesticadas y aseverando como si fueran doctores (de los PhD, no de los politiqueros o funcionarios que se hacen llamar así) que “no existe evidencia científica para demostrar que no han tenido un impacto negativo en la biodiversidad” (introducir emoticón de cabeza agachada con mano sobre la frente). 

De especies exóticas podríamos reflexionar mucho, pero es corto el espacio de una columna de opinión, que hablando de ciencia y ambiente debe invertir varias líneas explicando conceptos que no son del conocimiento ni manejo de la gran mayoría de las personas. Y creo que se ameritan, pues los tiempos que corren están logrando que nos preocupemos por entender lo que afecta la salud; del planeta y de las personas, porque son interdependientes. La reflexión a la que quería apuntar hoy, es que la raza humana parece “la especie exótica” por excelencia. A veces me río y me pregunto si tantos locos con teorías alienígenas no tendrán algo de razón. O somos un experimento de la evolución que salió mal, o nos botaron aquí en un soberano acto de maldad a ver cuánto nos demorábamos en extinguirnos y en el camino cargarnos la mayor cantidad de otras especies. Resultando tal cual la segunda acepción de exótica: chocantes, extravagantes y extraños. Y desde el punto de vista de la fe no ahondemos, porque me excomulga la familia, pero ese 9:7 del Génesis “Ustedes, por su parte, sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y domínenla” poco favor nos ha hecho. La multiplicada ha sido a lo especie invasora, sin quien nos controle, la fecundidad ha sido en las cuentas de banco de unos pocos y a costa de la riqueza natural que nos sostiene a todos. Lo de dominar la tierra… ha sido como esquilmarla, la cosa no ha salido bien. Seguro una autoridad divina no estaba pensando en nombrar a tan malos administradores en este planeta para que el resultado fuera el que estamos viviendo. 

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Quiero cerrar con una invitación a tratar las otras especies como valiosos vecinos con quienes compartimos el edificio, el barrio o el municipio. Dejemos de creernos omnipotentemente superiores a los animales, que obra divina o receta de la evolución, merecen todo nuestro respeto. Es más, tenemos una responsabilidad con ellos, porque simplemente no pueden defenderse de nosotros. Invito a mis congéneres a modular el hambre, no podemos comernos todo lo que se mueva hasta el punto de poner especies en peligro de extinción como es el caso de tiburones echados por la borda de una embarcación para que sus aletas lleguen al plato de alguien. 

Los invito a dar un salto cuántico y ponerse en el lugar de la orca o el delfín encerrado (la palabra correcta debería ser secuestrado) en un acuario sufriendo porque lo separaron de su familia y no puede vivir la vida que estaba diseñado para vivir. Póngase en el lugar de los animales que murieron en el camino del tráfico, de las aves cuyas alas fueron cortadas para que no escaparan de la casa del coleccionista; o de los osos, tigres y una larga lista de animales al servicio de nuestro “entretenimiento” en zoológicos o circos. Y no me argumente el asunto de la “educación ambiental” porque lo pierde. Imagínese por un momento condenado toda su vida a un cuarto del que no le dejan salir, ¿nada agradable, verdad? 

Cerremos con algo bonito. Ponga rodar este corto video animado que WWF preparó al final del 2020 por cuenta de la pandemia, pensando en ese salto cuántico de amor que los humanos estamos en capacidad de dar, y ponga todas sus fuerzas en darlo. Yo lo intentaré. 

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María Isabel Henao Vélez
Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Javeriana. Especialista en Manejo Integrado del Medio Ambiente de la Universidad de los Andes. Twitter e Instagram: @maisamundoverde

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