La importancia de conocer
Guillermo Guevara Pardo
Licenciado en Ciencias de la Educación (especialidad biología) de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, odontólogo de la Universidad Nacional de Colombia y divulgador científico.
En televisión una exreina de belleza habla de «constelaciones cuánticas»; se ven propagandas de cremas faciales: una trata las «arrugas gravitacionales», otra rejuvenece la piel con células madre de origen vegetal y está la que elimina manchas, granos y acné, que ha sido enriquecida con partículas de oro de 24 quilates.
Los horóscopos no dejan de publicarse. La responsable del tarot-horóscopo que se publica a página entera los domingos en un importante periódico le da a la energía una propiedad hasta ahora desconocida: «La energía de agosto te pide quitarte máscaras…». Aunque, para ser justos, el diario mantiene semanalmente una sección dedicada a noticias de ciencia.
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Tampoco escapan a toda esta irracionalidad representantes de las cumbres del poder: para la Vicepresidenta del gobierno anterior la ciencia básica es un asunto de vanidad, una Ministra de Ciencia promocionó un brebaje para tratar diferentes tipos de cáncer y el presidente actual menospreció el conocimiento de la geología cuando afirmó que «para sacar de la tierra no se necesita de mucho trabajo ni conocimiento».
La salida en falso ameritó que los miembros de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía le enviaran una carta aclarándole la importancia de su trabajo para el desarrollo económico del país.
El desconocimiento de la ciencia es alienante, lleva al individuo a aceptar como verdadera cualquier «narrativa» alternativa al conocimiento racional: los seres humanos vienen de un hueco debajo de la tierra, en platillos voladores civilizaciones extraterrestres nos visitan regularmente, el planeta no es redondo sino plano, en un lago escocés se esconde un tímido animal prehistórico y los «alienígenas ancestrales» ayudaron a construir las pirámides de Egipto.
Mientras toda esa basura seudocientífica sobrevive sin ningún problema, a principios de este año desapareció, tras décadas de existencia, Investigación y Ciencia, la mejor revista de divulgación científica de Hispanoamérica; años atrás también dejó de llegar al país Mundo Científico y desde hace tiempo que por estos lares no volvieron a circular libros como los de la Biblioteca Científica Salvat o los de la colección Muy Interesante.
Si bien es cierto que a las librerías del país llegan textos escritos por científicos de primera línea, sus costos los hacen inalcanzables para un gran sector de la población.
Están los esfuerzos que realizan entidades como la Academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales, la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, los planetarios y organizaciones particulares como la Asociación Colombiana de Astrónomos Aficionados (ACDA) que programan eventos divulgativos sobre distintos temas.
Los expositores sustituyen el complejo idioma científico por “el lenguaje ordinario para explicar los conceptos básicos y, sobre todo, para hacer accesible a cualquiera la nueva visión del mundo que la ciencia está produciendo”, dice el físico italiano Guido Tonelli.
Sería maravilloso que, cuando las personas se reunieran, pudieran discutir con propiedad, por ejemplo, sobre el daño que tendrá en la flora y fauna de la Isla Gorgona la construcción de una base militar, los intereses geopolíticos que Estados Unidos tiene en ese territorio y si entonces es verdad que Colombia es la potencia mundial de la vida, o sobre los últimos descubrimientos en el tema del origen del ser humano, o acerca de los impactos que en la economía nacional tienen los Tratados de Libre Comercio, o comparar sus percepciones de la obra de García Márquez, o intercambiar conceptos sobre las diferencias y semejanzas que hay entre la piqueria, el contrapunteo y la trova. En fin, conocer los aportes que hacen científicos y artistas de aquí y otros lugares del mundo.
De hacerse realidad este sueño tendríamos ciudadanos bien informados y con capacidad de tomar decisiones donde la racionalidad prime sobre la emotividad. Seguro que en esas condiciones las personas podrían, por ejemplo, elegir teniendo en cuenta el análisis cierto del programa de gobierno que propone un candidato y no terminar vendiendo el voto.
En la tarea de llevar la ciencia a las gentes del país el primer responsable es el Estado, que hasta el día de hoy —y a pesar del acierto de elevar la educación a rango de derecho fundamental para los ciudadanos— no ha resuelto el problema principal: el financiamiento adecuado para que ese derecho sea realidad.
Una educación de calidad en todos los niveles y con presupuesto apropiado es condición básica para el desarrollo científico del país y un camino para tener una ciudadanía que conozca la ciencia, para que la superstición no desplace a la razón, que sepa que «arruga gravitacional» es una metáfora para describir la onda que se genera en el tejido espacio temporal ante la presencia de la masa de un cuerpo y no la pérdida de elasticidad que el tiempo impone a la piel cuando envejecemos.