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lunes, 26 de enero de 2026
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La Inversión educativa en América Latina es apenas del 3,8% del PIB que explica la baja movilidad social

La inversión educativa en América Latina sigue siendo insuficiente: la OCDE advierte que el bajo gasto público limita la calidad educativa

inversión educativa

La inversión educativa en América Latina es uno de los factores más determinantes y menos discutidos detrás de la baja movilidad social de la región. De acuerdo con el más reciente informe de la OCDE, los países latinoamericanos destinan en promedio solo el 3,8% del PIB a educación, muy por debajo del 5% que invierten las economías miembros del organismo. 

Esta diferencia fiscal, sostenida durante décadas, tiene efectos directos sobre la calidad educativa, las oportunidades laborales y la reproducción de la desigualdad.


Inversión educativa América Latina: una brecha fiscal persistente

La inversión educativa en América Latina no solo es baja en términos comparativos, sino estructuralmente insuficiente para cerrar brechas sociales. Mientras los países de la OCDE han consolidado sistemas educativos con financiamiento estable y creciente, América Latina mantiene niveles de gasto más cercanos a regiones de menor desarrollo.

Esta brecha no es coyuntural ni resultado de crisis recientes. Es el reflejo de decisiones fiscales de largo plazo que han limitado la capacidad del Estado para garantizar educación de calidad y acceso equitativo a lo largo del ciclo de vida.

La educación, entendida como inversión en capital humano, genera retornos económicos y sociales amplios. Cuando la inversión educativa en América Latina se mantiene baja, esos retornos se debilitan y la movilidad social se estanca.

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lápices encima de una hoja con cálculos matemáticos
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El umbral que América Latina no alcanza

Ningún país de América Latina ha alcanzado todavía el umbral acumulado de inversión por estudiante de USD 75.000, nivel a partir del cual el gasto educativo suele mostrar rendimientos decrecientes en los resultados académicos. Esto indica que la región sigue en una fase en la que incrementar la inversión tiene un impacto real y significativo sobre la calidad educativa y las oportunidades de aprendizaje. 


En otras palabras, el desafío no se limita únicamente a mejorar la eficiencia del gasto, sino que es fundamental elevar los niveles de inversión. La persistente insuficiencia de recursos limita la capacidad de los sistemas educativos para ofrecer compensaciones efectivas frente a desigualdades de origen socioeconómico, un factor determinante en la movilidad social. 

Sin una inversión adecuada, la educación corre el riesgo de reproducir las brechas existentes en lugar de mitigarlas, perpetuando ciclos de desigualdad que afectan especialmente a los sectores más vulnerables de la población.

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Subinversión, calidad educativa y desigualdad

La baja inversión educativa en América Latina se traduce en déficits visibles: infraestructura deteriorada, alta relación estudiantes-docente, menor disponibilidad de apoyos pedagógicos y fuertes brechas entre educación pública y privada.

Aunque algunos países han incrementado el gasto nominal en educación, estos aumentos no siempre compensan el crecimiento de la matrícula ni las necesidades acumuladas. En términos reales, el gasto por estudiante sigue siendo bajo.

Además, la asignación del gasto suele ser fragmentada y poco progresiva. Los recursos no siempre llegan a los territorios con mayores niveles de pobreza o rezago educativo, lo que limita el impacto redistributivo de la inversión.

Hojas con indicadores y monedas encimas, manos en primer plano señalando los gráficos
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Resultados PISA y límites del sistema

Los resultados de PISA 2022 refuerzan este diagnóstico. A pesar de esfuerzos recientes, América Latina continúa mostrando desempeños significativamente inferiores a los promedios de la OCDE en lectura, matemáticas y ciencias.


El informe subraya que estos resultados no pueden analizarse sin considerar la inversión educativa en América Latina. Con niveles de gasto tan bajos, los sistemas educativos enfrentan dificultades para mejorar aprendizajes de manera sostenida, especialmente entre estudiantes de contextos vulnerables.

Educación, productividad y mercado laboral

La baja inversión educativa en América Latina tiene impactos que van más allá de las aulas. El informe vincula directamente el rezago educativo con la persistente brecha de productividad frente a otras economías emergentes.

La región presenta bajos niveles de competencias en la fuerza laboral, lo que se traduce en empleos de baja calidad, alta informalidad y escasa innovación productiva. Sin una inversión sostenida en educación y formación, esta brecha tiende a ampliarse.

Desde esta perspectiva, invertir poco en educación no solo reproduce desigualdad social, sino que limita el crecimiento económico de largo plazo.

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Niño en un aula escribiendo
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La raíz fiscal de la baja movilidad social

La baja inversión educativa en América Latina no es inevitable. Es el resultado de estructuras fiscales débiles, baja presión tributaria y sistemas impositivos poco progresivos que restringen el gasto social.

Mientras estas condiciones no cambien, la movilidad social seguirá siendo limitada. El informe insiste en que aumentar el gasto no basta sin reformas institucionales, pero también advierte que con niveles tan bajos de inversión, las reformas tienen efectos acotados.


En síntesis, la baja movilidad social en América Latina tiene una raíz fiscal profunda. Sin un compromiso sostenido por elevar y mejorar la inversión educativa, la región difícilmente romperá el círculo de desigualdad y estancamiento que la caracteriza.