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lunes, 23 de marzo de 2026
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“La Libertad no es un té de las cinco…”

Diva Criado, Columnista, Más Colombia

Diva Criado

Abogada y periodista, Master en Gestión Pública de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Coordinadora de la Sección de derechos humanos, redactora y editora de la Agencia de Noticias La Independent de España.

Leí los Versos Satánicos, de Salman Rushdie, a finales de los 80. El libro causó un revuelo mundial, porque la novela, surrealista y posmoderna, retrataba al profeta Mahoma de una forma que enfureció a los clérigos radicales de Irán, a tal punto, que el ayatolá Ruhollah Jomeini puso precio a su cabeza.

Los radicales la vieron como un insulto al Islam y se multiplicaron las amenazas de muerte contra Rushdie, que debió esconderse por años. La semana pasada fue herido gravemente, durante un acto en Nueva York.  


Siempre he creído que la irreverencia y la sátira que utilizó en su narrativa, no solo sirve para reflexionar sobre el Islam y el fanatismo religioso, sino cuándo es posible separar la ficción de la realidad. Hasta dónde la capacidad de interpretar el contenido de un texto, está abierto a discusión. Por qué genera en pleno siglo XXI tanta intolerancia y tantas pasiones. Rushdie se ha convertido en un símbolo de la libertad de expresión, tras los Versos Satánicos

Alguna vez, dijo en una entrevista que lo que pretendía con la novela era ofrecer un desafío a esa pureza estática del texto sagrado. Rememoraba cómo habían sido sus años en la clandestinidad tras las amenazas de muerte de Jomeini. Decía que nunca se consideró un escritor preocupado por la religión, hasta que una religión comenzó a perseguirlo. Su obra ha sido prohibida en muchos países; sin embargo, se ha mantenido firme en su crítica al fanatismo.

El libro plantea cómo nace el mundo. De qué realidad, fusiones y traslaciones está hecho.  Las respuestas están a lo largo de la novela. Su principal intertexto, el Corán, se muestra cómo absoluto y puro, una característica que el autor encuentra cuestionable e incluso peligrosa, porque no permite el diálogo, no se cuestiona y, por lo tanto, es rígido para el desarrollo humano y  la historia. 

Al comienzo de la novela, Gibreel Farishta, uno de los dos personajes principales, ha perdido la fe. Se ve obligado mediante sueños tormentosos a interpretar el papel de su homónimo, el arcángel Gabriel. Como ángel, interactúa mientras sueña con Muhammad —Mahound— en el desierto en el momento de la fundación del Islam. Es el contenido de este sueño lo que más exalta la sensibilidad religiosa de muchos musulmanes. Porque pone en duda los textos religiosos al tratarlos no como sagrados y autorizados, sino como ficción. Los musulmanes ortodoxos consideran que el Corán es la “Palabra de Dios” directa e inviolable. En las pocas apariciones públicas de Rushdie, hay un discurso pronunciado por él, en Nueva Delhi (2013), y traducido al español por la revista Letras Libres. Ahí, recordaba un pasaje de su novela “Shalimar el payaso”, cuando un personaje le dice al otro: “La libertad no es un té de las cinco. La libertad es una guerra. Conservas las libertades por las que luchas; pierdes las libertades que descuidas”.