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lunes, 12 de enero de 2026
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La otra mejilla

Victoria E. González M., Columnista, Más Colombia

Victoria E. González M.

Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo.

Sucesos infortunados ocurridos la semana anterior me han puesto a pensar seriamente en ese famoso aparte de la Biblia, referenciado como Lucas 6:29-42, que dice: “Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra; y si alguien te quita la capa, déjale que se lleve también tu camisa (…) Ustedes deben amar a sus enemigos, y hacer bien, y dar prestado sin esperar nada a cambio”. 

Mi reflexión viene igualmente acompañada de la película ganadora del Óscar 2022 Everything everywhere all at once, en la cual, en uno de sus momentos culminantes, se proclama que las luchas contra los opositores se deben dar desde el amor y la comprensión y no desde el ataque o la respuesta violenta. 


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Esto significa, en pocas palabras, que el fuerte, el poderoso, no es el que responde a la palabra ofensiva, a la afrenta, al golpe, al puñal infame de quienes lo atacan por resentimiento, por odio, por una imagen personal distorsionada que los hace creerse superiores o, simplemente, por maldad; el fuerte, escuchen bien, es el que reflexiona, el que soporta y, muchas veces, calla.

Es muy difícil pensar en ese tema. Muy complejo convencerse a sí mismo de esto que en apariencia no tiene mucho sentido y que, incluso, cuando somos niños es objeto de reproche de tantos padres que dicen: “ante un golpe, se responde con un golpe peor, para que te respeten”. 

Complicado mantener una apariencia incólume y seguir adelante, volverse a levantar una y mil veces y, en especial, alejar de la mente la idea de que nuestros agresores no están dispuestos a cambiar o a ceder. Porque parte de su patología consiste en el famoso “yo soy así y punto” del que no se van a separar ni un milímetro, lo cual cierra todas las puertas a un diálogo reparador. 

Difícil suponer que, gracias a nuestro silencio y, a falta de una respuesta violenta de nuestra parte, van seguir repartiendo infamias a otros porque ellos están acostumbrados a la impunidad de sus acciones o, incluso, porque en este mundo al revés en el que vivimos desde siempre, es probable que volteen las cosas para que siendo victimarios terminen convertidos en víctimas.

De estas situaciones enojosas que nadie escapa lo que queda luego de pensar con cabeza muy, muy fría es que se necesita fortalecerse moralmente, aprender a mirarse cada día y tratar de estar en paz en medio de los ataques. Luchar cada día por ser más comprensivos, menos rencorosos, más solidarios y sobre todo, más fuertes, mucho más fuertes que nuestros detractores.


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