HomeIndustria“La producción de vinilos volvió a ser un negocio”: Discos Pacífico

“La producción de vinilos volvió a ser un negocio”: Discos Pacífico

Diego Gómez, fundador y productor musical de Discos Pacífico, habló con Más Colombia sobre las diversas unidades de negocio del sello discográfico, el cual ofrece a sus agrupaciones musicales una alternativa económica sostenible en el tiempo.

Comienza el año y continuamos con nuestra serie sobre el Pacífico colombiano. En esta oportunidad conversamos con Diego Gómez, fundador y productor musical de Llorona Records y Discos Pacífico (dos sellos discográficos independientes). Diego también es músico, ingeniero de sonido, Dj y coleccionista de discos. Ha sido dos veces nominado a los Latin Grammy, por el disco De mar y río, de Canalón de Timbiquí, y por Toño García: el último cacique de Los Gaiteros de San Jacinto. Ha trabajado con numerosos artistas, como Adrian Sherwood, Mad Professor, Channel One Sound System, Richard Blair, Iván Benavides, Los Gaiteros de San Jacinto, Velandia y la Tigra, entre muchos otros. 

Antes de Discos Pacífico, ¿qué otros sellos discográficos movían la música del Pacífico? 

Históricamente Colombia ha sido un país de producción discográfica muy fuerte. Aquí había un mercado que vivía de la venta de discos y sellos tan importantes como Discos fuentes, Codiscos, Philips o Machuca, entre otros. Había una gran cantidad de sellos que estaban grabando música popular, unos con más difusión que otros. 

En el caso del Pacífico, aunque nunca fue una música protagonista en el mercado nacional, sí se ha hecho un ejercicio de producción musical, y si uno hace arqueología y trata de descubrir todos esos discos, uno encuentra grabaciones de músicas de marimba, y encuentra grabaciones de orquestas de Buenaventura que han trabajado en formato de orquesta con ritmos como el Currulao. Del Bambuco viejo ya ha habido una producción discográfica que ha ido recogiendo el sonido Pacífico. 

Sellos como Polen Records, Sonidos Enraizados, Tambora, Palenque Records, han sido importantes para la industria colombiana independiente en los últimos 20 años, incluidos nosotros con Llorona Records. Todos hicimos un trabajo valioso en medio de circunstancias muy adversas porque tuvimos que trabajar en una economía que no estaba vendiendo debido a la caída global de la venta de discos. Esa fue la realidad que vivimos del 2007 al 2015 y se hizo un ejercicio muy lindo a través de un catálogo musical que cuenta esa historia musical a partir de la inquietud de muchos productores y personas que decidieron viajar y conocer Colombia con ese pretexto. 

¿Por qué fue necesario crear un sello como Discos Pacífico? 

He tenido esta conversación varias veces y es uno de los retos más importantes. Siempre lo trato de explicar con dos ejemplos puntuales: uno es lo que pasó con la Fania en Nueva York, y otro es lo que está pasando con la Cumbia.

Lo que hizo Fania, con Jerry Masucci y los fundadores de la Fania, fue tratar de explicarle a la gente el universo que abarcaba las músicas afrocaribeñas y todo lo que estaba pasando con la música latina bajo una sola marca. Eso era lo que se necesitaba para quienes no entendían qué era el guaguancó, qué era la charanga, qué era el son cubano, y que posiblemente tampoco sabían bailar. Había una escena musical brutal y un movimiento que se podía explicar a través de una sola palabra, una sola imagen: SALSA, y  todo eso bajo un solo sello que se llamó FANIA.  

Con la Cumbia está pasando algo similar. Se volvió un fenómeno global. Es decir, ahorita en los festivales siempre tiene que haber un grupo de Cumbia, y la gente oye a Canalón de Timbiquí y cree que es Cumbia y eso es porque se volvió un término que recoge una sonoridad particular de Colombia que la gente por fuera asocia y espera escuchar. Por eso Los Gaiteros de San Jacinto cada verano están en Europa de gira, y ahorita Yeison Landero, el nieto de Andrés Landero, acaba de llegar de gira. Lo mismo Frente Cumbiero, que lidera el movimiento de tropicanibalismo de alta montaña liderado por Mario Galeano, gran músico y amigo. Es el grupo que ahorita la está rompiendo en Europa, junto con Meridian Bothers, un sonido de un parche que nace en Bogotá y que no para de girar por el mundo. Con la pandemia se cayó un poco, pero les va muy bien.

Tener esa claridad desde lo estratégico y lo comercial es clave en un sello discográfico, de tal manera que se le pueda contar una historia compleja y con muchas aristas, desde una sola palabra o marca, a una persona que tiene la inquietud pero no está metida en ese mundo. 

En el caso de Discos Pacífico quisimos crear eso, un sello que la gente pudiera entender fácil y recibir como algo propio y que tuviera que ver con el territorio, la narrativa y el discurso de lo que son y significan las músicas del Pacífico colombiano. Estas tienen una identidad, unos valores, un carácter visual propio; se trata de un sonido muy distinto, con una misión muy clara que estamos tratando de construir de la mano de personas como Nidia Góngora e Iván Benavides, y de la mano de las agrupaciones. Es un sello creado por Llorona Records en alianza con el programa Territorios de Oportunidad de USAID.

¿Por qué apostar por músicas que no son tan comerciales? 

Es un reto, pero hoy en día vivimos en los mercados de nicho. El caso más obvio es lo que ha sucedido con Canalón de Timbiquí, el grupo del Pacífico que más ha girado por el mundo, que es 100% música tradicional. 

Hoy en día existe un nicho de personas en el mundo que consume un tipo determinado de música que se conoce como el Worldmusic. Este nicho está interesado en conocer sonidos que reflejan, de manera transparente, la forma de vida de un lugar, es decir, propuestas musicales que en el mundo han logrado perseverar y persistir a pesar de la globalización como aplanadora cultural.

El Worldmusic hace referencia a un nicho de mercado que, aunque a mucha gente no le guste el término, logra lo que decíamos con la Fania: funciona. Si uno va a una tienda de discos en Seattle, y a uno le gusta descubrir música de diferentes lugares del mundo, que no necesariamente sea reggaeton, puede ir a la sección de Worldmusic y ya sabe que va a encontrar a Colombia y a músicas del África, entre otras. 

Entonces, a lo que me refiero es que sí hay un circuito de circulación para este tipo de música y un mercado que nos une a nivel global, que es el de Worldmusic. Hay festivales de Worldmusic, hay sellos de Worldmusic, programadores de Worldmusic, programas de radio de Worldmusic. Es simplemente gente que tiene la sensibilidad de buscar más allá de lo que es evidente en el Mainstream, que tiene que ver con la pregunta de a qué suenan los diferentes lugares del mundo que no tienen esa maquinaria corporativa de promoción. Por eso apostamos por este tipo de músicas tradicionales.

Al no tener lo que usted llama esa maquinaria corporativa de promoción, ¿cómo se sostiene Discos Pacífico?

El ejercicio de sostenibilidad hoy en día para un sello discográfico de música tradicional consiste en la sumatoria de diferentes unidades de negocio:

Comercio digital. En este momento existe un modelo de comercio digital global que funciona y hay que saberlo jugar. Es decir, nosotros estamos recaudando dinero de las diferentes plataformas de streaming y comercio digital de música como Spotify, Amazon, Apple, Bandcamp, y todas esas van dejando una platica.

Es un reto porque es un ingreso pequeño, a no ser que uno tenga una audiencia gigante. A pesar de eso el tema se está moviendo en unas cifras que para mí son sorprendentes, porque lo que nosotros hicimos con Llorona Records en 15 años, lo hemos logrado en Discos Pacífico en un año. 

En el caso de Semblanzas del Río Guapi, que es un grupo que, más allá del circuito del Festival Petronio Álvarez muy poca gente conocía, llama la atención que alcanza a tener ahorita 100 mil oyentes mensuales en Spotify y que fue cara de varias de las campañas grandes de Spotify a nivel regional y a nivel global. Nosotros teníamos conversaciones directas con Spotify Colombia y nos sorprendía que, de todos los grupos de Discos Pacífico, el que más les había gustado era el grupo más tradicional que era el de Semblanzas, por el tema de mujer, el tema afro y el gran formato, porque es un grupo numeroso. 

Presentaciones en vivo. En este momento los grupos de Discos Pacífico están cobrando de 14  a  20 millones de pesos por espectáculo. Antes en el circuito regional muchas veces era gratis, y aunque es bonito ese espíritu de lo gratuito, hay que tener una estrategia para saber en qué escenario uno se presenta gratis y en qué escenario cobra y cuánto. Es un tema de mercadeo y hay que trabajarlo con los grupos.  

Sincronización y licencias. Esto tiene que ver con mover el catálogo. En el momento en que uno graba un fonograma, este se convierte en un activo, y es un activo que hoy en día se está comercializando mucho para series de Netflix y de Amazon. Un ejemplo concreto: nosotros acabamos de vender 12 mil dólares en licencias de la agrupación Bejuco, del sello Discos Pacífico, para una película de Amazon. 

Eso quiere decir que en un pedacito de la película sale una parte de una canción de la agrupación. Esta modalidad es muy bonita porque consiste en manejar el catálogo del sello y se evidencia el poder que tiene el arte de crear una obra una sola vez y recibir un retorno de ahí en adelante. Entonces les estamos pagando a las agrupaciones 20 y pico de millones sin que ellos tengan que hacer nada.

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Esas son todas las unidades de negocio…

Hay más. Cada agrupación tiene su fundación. Como ONG, los grupos generan procesos de formación o semilleros de nuevos músicos como la Escuela Canalón, la Escuela Changó o como La Fundación Bejuco o la Fundación Semblanzas. Estos son semilleros en donde se fabrican instrumentos, en donde se generan experiencias de turismo alrededor de la música. Entonces se convierte en un proceso de doble vía porque, por un lado, la visibilidad que le da el proceso de Discos Pacífico a nuestros grupos hace que ya el Ministerio de Cultura los llame directamente y los contrate. Y, por el otro lado, como ellos también están haciendo otras cosas lo cual les permite acceder a otros recursos, eso nos ayuda a nosotros a visibilizar el catálogo del sello.

Eso lo estamos aprendiendo de allá hacia acá, porque eso es algo que a nivel de la industria de la música no se había pensado tanto. Puedo decir que los grupos que han pasado por Discos Pacífico están llenos de trabajo y eso es muy bacano, porque también es pensar la industria desde la innovación, ver qué se puede hacer distinto.

Merchandising. Por último están las demás líneas de trabajo relacionadas con el tema físico, que vuelve a ser relevante. Tenemos no solo las camisetas y los CDs de los grupos, sino también los vinilos que otra vez se están produciendo y vendiendo en todo el mundo. Nosotros vendemos discos en vinilo del grupo Canalón todas las semanas. Los vinilos de los grupos de Discos Pacífico no alcanzamos a sacarlos ahora porque hay un problema con las prensas en el mundo y es que como se volvieron a poner de moda, las prensas no dan abasto, entonces para tener el producto listo se demora más de un año. 

¿Esas prensas están en Colombia?

Colombia tenía una industria de prensas tremenda, pero lamentablemente todas las empresas botaron sus máquinas cuando llegó el CD. La visión del colombiano de corto plazo que dijo: “—como esto ya pasó de moda, lo boto y no hago más—”. Entonces, ahorita las prensas que sobrevivieron en Alemania, República Checa, México y Estados Unidos no dan abasto porque otra vez todo el mundo quiere hacer vinilos. Volvió a ser un negocio. Nosotros estamos mandando a hacer los discos a República Checa y se demoran entre 6 meses a un año en llegar por el exceso de demanda. 

Son varias unidades de negocio que se deben trabajar de una manera articulada y que requieren visiones distintas, pero que tienen en común una sola marca que les permite tener una audiencia, que es lo que les da la fuerza para llevar a cabo cualquier proceso. 

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¿Cuáles son los retos de tener un estudio de grabación?

Llorona Records tenía su estudio propio en Bogotá, pero ahora el estudio funciona donde estoy yo que es en Villa de Leyva, donde se mezclan los discos y los mezclo yo. Pero una cosa que uno aprende como productor, con el paso del tiempo, es que cada proyecto necesita un estudio diferente. Nosotros buscamos el mejor estudio para cada proyecto. Depende de la acústica, del equipo y de la gente que trabaja en ese estudio, entre otras muchas cosas. 

Por otro lado, nosotros somos Musica-Raíz-Futuro. Eso quiere decir que nos interesa lo tradicional, pero también nos interesa explorar adónde podemos llevar el Pacífico y qué está pasando con los sonidos de vanguardia. Nos interesan los pelaos que están con un computador haciendo, por ejemplo, Salsa Choque. Por eso ahorita vamos a sacar un disco de Salsa Choque, lo cual implica otros requerimientos en términos de estudio de grabación.

Nos interesa el diálogo de la juventud con los maestros porque lo que deja la música tradicional del Pacífico es todo un código que se podría llevar a cualquier escenario para explorar música nueva. Desde mi proyecto Cerrero, por ejemplo, hago mi propia música, pero también hago remezclas de Semblanzas o de Bejuco —dándole el crédito a cada uno—, cojo patrones rítmicos de sus canciones y con aparatos de música electrónica los vuelvo música electrónica y comienzo a explorar desde ahí. 

Y eso atrae otro tipo de audiencias…

Sí, la electrónica latinoamericana ahorita tiene una audiencia gigantesca, y a la gente que oye electrónica latinoamerica le gusta entender de dónde viene ese sonido. Entonces una persona que oye una remezcla desde Cerrero encuentra que yo samplié a Semblanzas, y busca a Semblanzas por internet y conoce la agrupación. De esa manera se convierte en una estrategia de mercadeo para lograr que un público más pequeño, que es el de las músicas tradicionales, sea más amplio y más gente las conozca. Para eso hay que buscar diálogos y que la gente joven se conecte con las músicas tradicionales.  

¿Cuántos grupos han pasado por el sello discográfico a la fecha?

En este momento hemos grabado cuatro discos: el de la agrupación Changó, el del grupo Semblanzas del Río Guapi, el disco de Bejuco y el de Afro legends. En este momento acabamos de firmar tres grupos nuevos, dos de Tumaco y uno de Barbacoas. Hemos hecho colaboraciones con artistas y grupos de música electrónica, y nos interesa conectar con gente que esté haciendo distintas sonoridades pero que esté explorando estos sonidos del Pacífico. Con Discos Pacífico, sello que lleva un año y medio —porque con Llorona llevamos 15— vamos en 20 mil dólares anuales en ventas. Con los grupos hay unos acuerdos muy claros de porcentajes y ellos están recibiendo su recaudo de ventas. 

Diego, si comparamos la calidad de vida de los músicos del Pacífico hace 30 años con la actual, ¿qué tanto ha cambiado?

Es a veces un asunto de lectura y de percepción. Y hay historias distintas. Hay gente que va a la casa de Juan Chuchita, músico y compositor de Los Gaiteros de San Jacinto —que en paz descanse—, y piensa que como vivía en una casa de Bahareque es algo malo, pero seguro Juan Chuchita no lo veía así. 

Desde Discos Pacífico tenemos un acuerdo en el cual tratamos que haya una relación de igualdad, es decir, tratamos de dividir todo siempre a la mitad. Esa ha sido la filosofía desde que empezó Llorona Records. Al comienzo, con los primeros discos de Discos Pacífico, el 80% de los ingresos eran para el grupo y el 20% para el sello, pero al cierre de la primera etapa nos tocó cambiar el modelo. En este momento tenemos un socio cooperante que nos apoya en incubar el sello, pero este apoyo no es por siempre y debemos buscar cómo equilibrar la balanza para que el sello sea sostenible a mediano plazo. Entonces volvimos a la filosofía de Llorona de mitad y mitad y eso es lo que hemos hecho. Y hemos hecho lo que hemos podido. 

Es un tema muy complejo, porque si entran 1000 dólares de regalías, a los músicos les toca 500 y ellos lo dividen entre 10 o 15, porque son muchos integrantes. Pero de un concierto, si ellos trabajan con una agencia de booking que gestiona la venta de un concierto, el 20% se lo lleva la agencia y el 80% es para ellos. Entonces, la responsabilidad de quién gana y quién pierde no es exclusiva del sello sino de todos, y es una responsabilidad trabajar de una manera justa entre todos.

Creo que debería haber una política pública para que personas que han dedicado su vida a la música y la cultura en Colombia tengan un tratamiento justo. Debería haber una responsabilidad social empresarial, un modelo que sea justo para todos, un fair trade. 

Pero, ¿por qué es injusto el intercambio?

Hacer un disco implica invertir entre 80 a 100 millones de pesos y nosotros hemos tenido que hacer muchos sacrificios; todo nuestro trabajo ha estado en función de los músicos. Mientras tanto, hay sellos que les dicen a los músicos, les damos el 30% de lo que vendamos, que es lo normal, pero se lo damos una vez recuperemos la plata de las ventas. Pero lo que pasa es que muchas veces la plata no se recupera, entonces los músicos no ven un peso nunca. 

Ese no es el modelo nuestro. Nosotros conseguimos la plata por otro lado, la ponemos y de entrada vamos mitad y mitad. En ese sentido estoy muy tranquilo porque estoy seguro de que, dentro de la industria, el modelo nuestro no lo tiene nadie.

***

No se pierda la segunda parte de la entrevista con Diego Gómez que habla de la importancia de trabajar no solo desde el sello discográfico sino desde su Fundación con aliados como USAID, para generar procesos de transformación social y económica en la región Pacífica.

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En el caso del Pacífico, aunque nunca fue una música protagonista en el mercado nacional, sí se ha hecho un ejercicio de producción musical, y si uno hace arqueología y trata de descubrir todos esos discos, uno encuentra grabaciones de músicas de marimba, y encuentra grabaciones de orquestas de Buenaventura que han trabajado en formato de orquesta con ritmos como el Currulao. Del Bambuco viejo ya ha habido una producción discográfica que ha ido recogiendo el sonido Pacífico. 

Sellos como Polen Records, Sonidos Enraizados, Tambora, Palenque Records, han sido importantes para la industria colombiana independiente en los últimos 20 años, incluidos nosotros con Llorona Records. Todos hicimos un trabajo valioso en medio de circunstancias muy adversas porque tuvimos que trabajar en una economía que no estaba vendiendo debido a la caída global de la venta de discos. Esa fue la realidad que vivimos del 2007 al 2015 y se hizo un ejercicio muy lindo a través de un catálogo musical que cuenta esa historia musical a partir de la inquietud de muchos productores y personas que decidieron viajar y conocer Colombia con ese pretexto. 

¿Por qué fue necesario crear un sello como Discos Pacífico? 

He tenido esta conversación varias veces y es uno de los retos más importantes. Siempre lo trato de explicar con dos ejemplos puntuales: uno es lo que pasó con la Fania en Nueva York, y otro es lo que está pasando con la Cumbia.

Lo que hizo Fania, con Jerry Masucci y los fundadores de la Fania, fue tratar de explicarle a la gente el universo que abarcaba las músicas afrocaribeñas y todo lo que estaba pasando con la música latina bajo una sola marca. Eso era lo que se necesitaba para quienes no entendían qué era el guaguancó, qué era la charanga, qué era el son cubano, y que posiblemente tampoco sabían bailar. Había una escena musical brutal y un movimiento que se podía explicar a través de una sola palabra, una sola imagen: SALSA, y  todo eso bajo un solo sello que se llamó FANIA.  

Con la Cumbia está pasando algo similar. Se volvió un fenómeno global. Es decir, ahorita en los festivales siempre tiene que haber un grupo de Cumbia, y la gente oye a Canalón de Timbiquí y cree que es Cumbia y eso es porque se volvió un término que recoge una sonoridad particular de Colombia que la gente por fuera asocia y espera escuchar. Por eso Los Gaiteros de San Jacinto cada verano están en Europa de gira, y ahorita Yeison Landero, el nieto de Andrés Landero, acaba de llegar de gira. Lo mismo Frente Cumbiero, que lidera el movimiento de tropicanibalismo de alta montaña liderado por Mario Galeano, gran músico y amigo. Es el grupo que ahorita la está rompiendo en Europa, junto con Meridian Bothers, un sonido de un parche que nace en Bogotá y que no para de girar por el mundo. Con la pandemia se cayó un poco, pero les va muy bien.

Tener esa claridad desde lo estratégico y lo comercial es clave en un sello discográfico, de tal manera que se le pueda contar una historia compleja y con muchas aristas, desde una sola palabra o marca, a una persona que tiene la inquietud pero no está metida en ese mundo. 

En el caso de Discos Pacífico quisimos crear eso, un sello que la gente pudiera entender fácil y recibir como algo propio y que tuviera que ver con el territorio, la narrativa y el discurso de lo que son y significan las músicas del Pacífico colombiano. Estas tienen una identidad, unos valores, un carácter visual propio; se trata de un sonido muy distinto, con una misión muy clara que estamos tratando de construir de la mano de personas como Nidia Góngora e Iván Benavides, y de la mano de las agrupaciones. Es un sello creado por Llorona Records en alianza con el programa Territorios de Oportunidad de USAID.

¿Por qué apostar por músicas que no son tan comerciales? 

Es un reto, pero hoy en día vivimos en los mercados de nicho. El caso más obvio es lo que ha sucedido con Canalón de Timbiquí, el grupo del Pacífico que más ha girado por el mundo, que es 100% música tradicional. 

Hoy en día existe un nicho de personas en el mundo que consume un tipo determinado de música que se conoce como el Worldmusic. Este nicho está interesado en conocer sonidos que reflejan, de manera transparente, la forma de vida de un lugar, es decir, propuestas musicales que en el mundo han logrado perseverar y persistir a pesar de la globalización como aplanadora cultural.

El Worldmusic hace referencia a un nicho de mercado que, aunque a mucha gente no le guste el término, logra lo que decíamos con la Fania: funciona. Si uno va a una tienda de discos en Seattle, y a uno le gusta descubrir música de diferentes lugares del mundo, que no necesariamente sea reggaeton, puede ir a la sección de Worldmusic y ya sabe que va a encontrar a Colombia y a músicas del África, entre otras. 

Entonces, a lo que me refiero es que sí hay un circuito de circulación para este tipo de música y un mercado que nos une a nivel global, que es el de Worldmusic. Hay festivales de Worldmusic, hay sellos de Worldmusic, programadores de Worldmusic, programas de radio de Worldmusic. Es simplemente gente que tiene la sensibilidad de buscar más allá de lo que es evidente en el Mainstream, que tiene que ver con la pregunta de a qué suenan los diferentes lugares del mundo que no tienen esa maquinaria corporativa de promoción. Por eso apostamos por este tipo de músicas tradicionales.

Al no tener lo que usted llama esa maquinaria corporativa de promoción, ¿cómo se sostiene Discos Pacífico?

El ejercicio de sostenibilidad hoy en día para un sello discográfico de música tradicional consiste en la sumatoria de diferentes unidades de negocio:

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Es un reto porque es un ingreso pequeño, a no ser que uno tenga una audiencia gigante. A pesar de eso el tema se está moviendo en unas cifras que para mí son sorprendentes, porque lo que nosotros hicimos con Llorona Records en 15 años, lo hemos logrado en Discos Pacífico en un año. 

En el caso de Semblanzas del Río Guapi, que es un grupo que, más allá del circuito del Festival Petronio Álvarez muy poca gente conocía, llama la atención que alcanza a tener ahorita 100 mil oyentes mensuales en Spotify y que fue cara de varias de las campañas grandes de Spotify a nivel regional y a nivel global. Nosotros teníamos conversaciones directas con Spotify Colombia y nos sorprendía que, de todos los grupos de Discos Pacífico, el que más les había gustado era el grupo más tradicional que era el de Semblanzas, por el tema de mujer, el tema afro y el gran formato, porque es un grupo numeroso. 

Presentaciones en vivo. En este momento los grupos de Discos Pacífico están cobrando de 14  a  20 millones de pesos por espectáculo. Antes en el circuito regional muchas veces era gratis, y aunque es bonito ese espíritu de lo gratuito, hay que tener una estrategia para saber en qué escenario uno se presenta gratis y en qué escenario cobra y cuánto. Es un tema de mercadeo y hay que trabajarlo con los grupos.  

Sincronización y licencias. Esto tiene que ver con mover el catálogo. En el momento en que uno graba un fonograma, este se convierte en un activo, y es un activo que hoy en día se está comercializando mucho para series de Netflix y de Amazon. Un ejemplo concreto: nosotros acabamos de vender 12 mil dólares en licencias de la agrupación Bejuco, del sello Discos Pacífico, para una película de Amazon. 

Eso quiere decir que en un pedacito de la película sale una parte de una canción de la agrupación. Esta modalidad es muy bonita porque consiste en manejar el catálogo del sello y se evidencia el poder que tiene el arte de crear una obra una sola vez y recibir un retorno de ahí en adelante. Entonces les estamos pagando a las agrupaciones 20 y pico de millones sin que ellos tengan que hacer nada.

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Esas son todas las unidades de negocio…

Hay más. Cada agrupación tiene su fundación. Como ONG, los grupos generan procesos de formación o semilleros de nuevos músicos como la Escuela Canalón, la Escuela Changó o como La Fundación Bejuco o la Fundación Semblanzas. Estos son semilleros en donde se fabrican instrumentos, en donde se generan experiencias de turismo alrededor de la música. Entonces se convierte en un proceso de doble vía porque, por un lado, la visibilidad que le da el proceso de Discos Pacífico a nuestros grupos hace que ya el Ministerio de Cultura los llame directamente y los contrate. Y, por el otro lado, como ellos también están haciendo otras cosas lo cual les permite acceder a otros recursos, eso nos ayuda a nosotros a visibilizar el catálogo del sello.

Eso lo estamos aprendiendo de allá hacia acá, porque eso es algo que a nivel de la industria de la música no se había pensado tanto. Puedo decir que los grupos que han pasado por Discos Pacífico están llenos de trabajo y eso es muy bacano, porque también es pensar la industria desde la innovación, ver qué se puede hacer distinto.

Merchandising. Por último están las demás líneas de trabajo relacionadas con el tema físico, que vuelve a ser relevante. Tenemos no solo las camisetas y los CDs de los grupos, sino también los vinilos que otra vez se están produciendo y vendiendo en todo el mundo. Nosotros vendemos discos en vinilo del grupo Canalón todas las semanas. Los vinilos de los grupos de Discos Pacífico no alcanzamos a sacarlos ahora porque hay un problema con las prensas en el mundo y es que como se volvieron a poner de moda, las prensas no dan abasto, entonces para tener el producto listo se demora más de un año. 

¿Esas prensas están en Colombia?

Colombia tenía una industria de prensas tremenda, pero lamentablemente todas las empresas botaron sus máquinas cuando llegó el CD. La visión del colombiano de corto plazo que dijo: “—como esto ya pasó de moda, lo boto y no hago más—”. Entonces, ahorita las prensas que sobrevivieron en Alemania, República Checa, México y Estados Unidos no dan abasto porque otra vez todo el mundo quiere hacer vinilos. Volvió a ser un negocio. Nosotros estamos mandando a hacer los discos a República Checa y se demoran entre 6 meses a un año en llegar por el exceso de demanda. 

Son varias unidades de negocio que se deben trabajar de una manera articulada y que requieren visiones distintas, pero que tienen en común una sola marca que les permite tener una audiencia, que es lo que les da la fuerza para llevar a cabo cualquier proceso. 

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“La producción de vinilos volvió a ser un negocio”: Discos Pacífico 4

¿Cuáles son los retos de tener un estudio de grabación?

Llorona Records tenía su estudio propio en Bogotá, pero ahora el estudio funciona donde estoy yo que es en Villa de Leyva, donde se mezclan los discos y los mezclo yo. Pero una cosa que uno aprende como productor, con el paso del tiempo, es que cada proyecto necesita un estudio diferente. Nosotros buscamos el mejor estudio para cada proyecto. Depende de la acústica, del equipo y de la gente que trabaja en ese estudio, entre otras muchas cosas. 

Por otro lado, nosotros somos Musica-Raíz-Futuro. Eso quiere decir que nos interesa lo tradicional, pero también nos interesa explorar adónde podemos llevar el Pacífico y qué está pasando con los sonidos de vanguardia. Nos interesan los pelaos que están con un computador haciendo, por ejemplo, Salsa Choque. Por eso ahorita vamos a sacar un disco de Salsa Choque, lo cual implica otros requerimientos en términos de estudio de grabación.

Nos interesa el diálogo de la juventud con los maestros porque lo que deja la música tradicional del Pacífico es todo un código que se podría llevar a cualquier escenario para explorar música nueva. Desde mi proyecto Cerrero, por ejemplo, hago mi propia música, pero también hago remezclas de Semblanzas o de Bejuco —dándole el crédito a cada uno—, cojo patrones rítmicos de sus canciones y con aparatos de música electrónica los vuelvo música electrónica y comienzo a explorar desde ahí. 

Y eso atrae otro tipo de audiencias…

Sí, la electrónica latinoamericana ahorita tiene una audiencia gigantesca, y a la gente que oye electrónica latinoamerica le gusta entender de dónde viene ese sonido. Entonces una persona que oye una remezcla desde Cerrero encuentra que yo samplié a Semblanzas, y busca a Semblanzas por internet y conoce la agrupación. De esa manera se convierte en una estrategia de mercadeo para lograr que un público más pequeño, que es el de las músicas tradicionales, sea más amplio y más gente las conozca. Para eso hay que buscar diálogos y que la gente joven se conecte con las músicas tradicionales.  

¿Cuántos grupos han pasado por el sello discográfico a la fecha?

En este momento hemos grabado cuatro discos: el de la agrupación Changó, el del grupo Semblanzas del Río Guapi, el disco de Bejuco y el de Afro legends. En este momento acabamos de firmar tres grupos nuevos, dos de Tumaco y uno de Barbacoas. Hemos hecho colaboraciones con artistas y grupos de música electrónica, y nos interesa conectar con gente que esté haciendo distintas sonoridades pero que esté explorando estos sonidos del Pacífico. Con Discos Pacífico, sello que lleva un año y medio —porque con Llorona llevamos 15— vamos en 20 mil dólares anuales en ventas. Con los grupos hay unos acuerdos muy claros de porcentajes y ellos están recibiendo su recaudo de ventas. 

Diego, si comparamos la calidad de vida de los músicos del Pacífico hace 30 años con la actual, ¿qué tanto ha cambiado?

Es a veces un asunto de lectura y de percepción. Y hay historias distintas. Hay gente que va a la casa de Juan Chuchita, músico y compositor de Los Gaiteros de San Jacinto —que en paz descanse—, y piensa que como vivía en una casa de Bahareque es algo malo, pero seguro Juan Chuchita no lo veía así. 

Desde Discos Pacífico tenemos un acuerdo en el cual tratamos que haya una relación de igualdad, es decir, tratamos de dividir todo siempre a la mitad. Esa ha sido la filosofía desde que empezó Llorona Records. Al comienzo, con los primeros discos de Discos Pacífico, el 80% de los ingresos eran para el grupo y el 20% para el sello, pero al cierre de la primera etapa nos tocó cambiar el modelo. En este momento tenemos un socio cooperante que nos apoya en incubar el sello, pero este apoyo no es por siempre y debemos buscar cómo equilibrar la balanza para que el sello sea sostenible a mediano plazo. Entonces volvimos a la filosofía de Llorona de mitad y mitad y eso es lo que hemos hecho. Y hemos hecho lo que hemos podido. 

Es un tema muy complejo, porque si entran 1000 dólares de regalías, a los músicos les toca 500 y ellos lo dividen entre 10 o 15, porque son muchos integrantes. Pero de un concierto, si ellos trabajan con una agencia de booking que gestiona la venta de un concierto, el 20% se lo lleva la agencia y el 80% es para ellos. Entonces, la responsabilidad de quién gana y quién pierde no es exclusiva del sello sino de todos, y es una responsabilidad trabajar de una manera justa entre todos.

Creo que debería haber una política pública para que personas que han dedicado su vida a la música y la cultura en Colombia tengan un tratamiento justo. Debería haber una responsabilidad social empresarial, un modelo que sea justo para todos, un fair trade. 

Pero, ¿por qué es injusto el intercambio?

Hacer un disco implica invertir entre 80 a 100 millones de pesos y nosotros hemos tenido que hacer muchos sacrificios; todo nuestro trabajo ha estado en función de los músicos. Mientras tanto, hay sellos que les dicen a los músicos, les damos el 30% de lo que vendamos, que es lo normal, pero se lo damos una vez recuperemos la plata de las ventas. Pero lo que pasa es que muchas veces la plata no se recupera, entonces los músicos no ven un peso nunca. 

Ese no es el modelo nuestro. Nosotros conseguimos la plata por otro lado, la ponemos y de entrada vamos mitad y mitad. En ese sentido estoy muy tranquilo porque estoy seguro de que, dentro de la industria, el modelo nuestro no lo tiene nadie.

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No se pierda la segunda parte de la entrevista con Diego Gómez que habla de la importancia de trabajar no solo desde el sello discográfico sino desde su Fundación con aliados como USAID, para generar procesos de transformación social y económica en la región Pacífica.

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