La ruralidad en la segunda vuelta presidencial
Andrés Bodensiek
Especialista en Derecho de Tierras de la Universidad Externado de Colombia, magíster en Economía agrícola de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas / Universidad de Bonn
No ha sido fácil asimilar el resultado de la primera ronda de las elecciones. Se remeció el tablero político del país. Con el ánimo de aportar al debate democrático, en un artículo de dos entregas hago un análisis comentando las propuestas para la ruralidad de cada candidato. No sobra recordar que más del 95% del territorio Colombiano es rural, así que analizar estas propuestas es clave para toda la ciudadanía. En la primera entrega revisaremos las apuestas de Rodolfo Hernández. En la siguiente las de Petro.
Hernández comienza su propuesta sobre el agro mencionando que en Colombia se importan cerca de 12 millones de toneladas de alimentos como el maíz, el trigo y el azúcar de caña, traduciéndose en que el 30% de los productos consumidos por los colombianos son importados, recorren kilómetros en transportes contaminantes y excluyen del consumo masivo a alimentos nacionales. El programa de gobierno para el campo del candidato del TikTok se compone de 13 puntos muy concretos. Veamos los más importantes:
La primera propuesta de su programa en este sector es: “modernizar y formalizar el campo partiendo de la perspectiva de que es, precisamente, el motor del trabajo. Se trata de realizar un mapa agrológico y ambiental de la ruralidad que defina la verdadera vocación de la tierra (…)”. Ese mapa está en construcción al menos desde el 2013. La Unidad de Planificación Rural y Agropecuaria (UPRA), y en parte el Instituto Agustín Codazzi, son las entidades estatales encargadas de esta labor. Hacerlo de nuevo implicaría un gasto que va en contra de su idea de promover un “Estado austero” y deja ver un desconocimiento del sector por parte del equipo que elaboró este componente de su programa.
La segunda propuesta de Rodolfo es la entrega de la tierra titulada a la población rural para que sea productiva; hacer cumplir las normas de restitución y garantizar la presencia estatal para la protección de la vida del campesino. El panorama que deja el actual Gobierno en política de tierras es de avances mínimos. Serían necesarios más detalles por parte del candidato o su equipo de campaña respecto a la implementación de este punto para hacerle un análisis riguroso.
La tercera meta de Hernández es impulsar la generación de empleo con “medidas que asuman la concentración de esfuerzos estructurales, políticos y económicos, encausados hacia el bienestar, de manera que se desestimule la migración del campesino hacia las ciudades”. A este respecto hay que dejar claro que, para detener el flujo poblacional del campo hacia los centros urbanos, habría que cambiar el modelo económico, pues esa migración hace parte de la esencia del capitalismo, cuando la mano de obra se mueve desde la extracción de bienes primarios hacia la industria y los servicios. Hernández no propone un cambio del modelo económico, sino en muchos aspectos, su profundización.
Desarrollar una política de inversión en el campo, a partir de créditos otorgables solamente a quienes adopten recomendaciones acordes con la vocación de uso del suelo es el cuarto componente del programa rural de este candidato. Los subsidios, propone Hernández, se pueden condonar siempre que los cultivadores cumplan con el compromiso de producción. Esta idea es necesaria. Se requería ampliarla al tema de innovación y adopción de tecnología. En ese sentido, en otro aparte del documento propone “bancarizar a las familias campesinas para que accedan a crédito con bajas tasas de interés, en búsqueda de tecnificación para sustentar sus cultivos y cosechas”.
En esa misma línea de acción, Hernández busca establecer una política de Estado agropecuaria y rural que responda a las variables internacionales del mercado y de la demanda interna. En ese mismo punto menciona que se debe promover la industrialización del campo con programas de ingeniería para la producción que usen tecnología de punta, replicando modelos exitosos en el mundo como el japonés y el israelí. Esto es un punto clave: Colombia necesita, donde sea posible, incluir tecnología e innovación en su producción agrícola, pero los modelos de los países a replicar deben evaluarse en concreto.
Implementar políticas que permitan disminuir los costos de crédito como, por ejemplo, pignorar la producción con la firma solidaria del dueño del predio junto a sus allegados en primer grado de consanguinidad y de afinidad, de manera que no se haga necesaria la hipoteca. Cuando haya tenedor (no propietario) —agrega el programa del Santandereano—, es necesario buscar el mecanismo para hacer viable dicha acción. Para muchos electores que han escuchado una y otra vez los audios que circulan sobre las salidas en falso y las bravuconadas de Hernández, ninguna propuesta que contenga la palabra hipoteca y “hombrecito” cae bien. Sin embargo, eliminar esa figura, la de la hipoteca atada a créditos, puede ser un paso en el sentido correcto para el progreso de la ruralidad.
El exalcalde de Bucaramanga también propone mantener los subsidios existentes y crear los necesarios para equilibrar los costos del campesino colombiano con los productores extranjeros y así generar condiciones de equidad entre los exportadores y los productores del renglón agropecuario. Por ejemplo, en los cultivos de maíz donde los productores colombianos no tienen cómo competir con los estadounidenses. Al igual que Petro, Hernández ha propuesto en varias ocasiones la necesidad, controvertible solo para el desubicado de Iván Duque, de renegociar los TLC en términos de no permitir la importación de productos cuando haya oferta interna suficiente en renglones específicos.
También coincide con el candidato del Pacto Histórico en la propuesta de promover una ley agropecuaria que priorice el uso de insumos de origen nacional, particularmente de los fertilizantes, de manera que se abra una puerta para la recuperación de algunas empresas de esta industria en el país.
Quizá la propuesta más interesante y pertinente del empresario es la que propone implementar modelos asociativos o agroempresariales entre grandes, pequeños y medianos productores para la transformación de los productos agrícolas. Para ello, en todas las regiones propone apoyar la generación de dicha industria con el objetivo de que intervenga “en el proceso del cannabis medicinal, de la amapola y de la coca en aceite, así como otros derivados”. Esto tendrá como efecto colateral una contribución a la erradicación de los cultivos de uso ilícito, incidiendo en la reducción de la violencia al afectar la financiación de grupos armados al margen de la ley. Acabar con la guerra contra las drogas para poder darle paso a la guerra contra el hambre es una necesidad innegable de Colombia.
El último punto del exalcalde habla de garantizar medios de transporte a los productores, evitando la intermediación, para que lleven los cultivos desde zonas apartadas a centros de acopio, incluidas las principales ciudades, para asegurarles al menos un 40% de ganancia. Esta propuesta no es nueva; habría que ver cómo proponen implementar el tema del transporte y quién o quiénes se beneficiarían con esos contratos estatales.
Para concluir, es necesario señalar que la implementación de todos estos puntos va en contravía de las propuestas que ha hecho Rodolfo Hernández en Twitter para reducir el tamaño del Estado por medio de la “austeridad total”. Aunque la agenda suene muy ambiciosa en algunos puntos y toque temas neurálgicos para el progreso del sector agrícola colombiano, y de la ruralidad en general, requerirá del apoyo de las mayorías del Congreso con las que no cuenta este candidato, quien en entrevista reciente comparó la división de poderes de la República con las instancias de decisión de una empresa privada, como las que está acostumbrado a gerenciar. Grave error: los ciudadanos no somos solo clientes o consumidores y los gobernantes no son solo gerentes.