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lunes, 23 de marzo de 2026
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La verdad histórica no es un dogma de fe

Diva Criado, Columnista, Más Colombia

Diva Criado

Abogada y periodista, Master en Gestión Pública de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Coordinadora de la Sección de derechos humanos, redactora y editora de la Agencia de Noticias La Independent de España.

A finales de junio, llegó a mi correo el informe final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, que presentó el sacerdote Francisco de Roux y su equipo de colaboradores.

En la inmensa complejidad de la investigación reescribí esta columna varias veces, sobre todo por el breve espacio del que dispongo y porque supongo que es fundamental entender el propósito del informe, sus objetivos y los compromisos ideológicos de quienes participaron en él y lo que quisieron transmitir a través de él.


Después de cuatro años de investigación, el resultado del informe es extenso, rico en historias y muestra los principales hallazgos del conflicto armado en lo que han denominado “La guerra”. En él, confluyen testimonios, documentos y múltiples fuentes, que muestran lo que sucedió durante décadas de una parte del conflicto armado. Los relatos generales son, sin duda, de un gran valor histórico.

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Importante remontarse a experiencias de otras Comisiones de la Verdad en el mundo, que nacieron como producto de acuerdos de paz o procesos transicionales que recibieron el encargo de investigar violaciones de derechos humanos, infracciones al Derecho Internacional por dictaduras militares, regímenes autoritarios o conflictos armados internos.

Estas realidades demuestran que, aunque se enfrentaron a situaciones adversas y muchos sectores estuvieron en desacuerdo con el resultado final, la existencia de esas comisiones de la verdad sí transformaron los conflictos que investigaron y pudieron hacer contribuciones fundamentales dentro del proceso de transición del país ejecutor, ej. Sudáfrica con la abolición del Apartheid o Canadá con los internados para niños indígenas obligados a cambiar de religión o culturizados con prácticas occidentales mediante castigos físicos o psicológicos. Este caso obligó a Justin Trudeau a pedir disculpas oficiales a los indígenas canadienses.  

Pero las historias de esas comisiones de la verdad también han demostrado que no alcanzan como estrategia para la promoción integral de la convivencia y la reconciliación y en su momento no se estudiaron en entornos escolares. 

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La realidad de la Colombia actual no ha cambiado y sigue siendo un territorio de violencia después de los acuerdos de paz. Siguen existiendo frentes abiertos que no se tuvieron en cuenta en el informe, ej. ELN.


No pretendo cuestionar el alcance del informe, ni hasta dónde y a quiénes deben llegar las conclusiones, sino ¿Cómo pasar de la retórica a la acción? Si esa acción significa mostrar los horrores de la guerra entregando material sobre el documento en todos los planteles escolares del país, sin antes haber sometido la verdad del Padre de Roux y su equipo asesor a examen, bajo una discusión libre de colores políticos e intereses mundanos y bajo el prisma de personas expertas con diferente pensamiento ideológico al de los miembros de la Comisión de la Verdad. 

Es evidente que debe cuestionarse, no revelarse como una verdad sabida. No es un dogma o una verdad irrefutable e incuestionable. Por eso, entiendo menos cómo van a imponer en colegios oficiales una verdad sin discusión, alimentando un sectarismo rampante. 

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