Las empresas se parecen a su dueño
Marta Isabel González
Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.
En un país como el nuestro en el que las desigualdades son abismales, el emprendimiento muchas veces, más que una vocación o un llamado, se convierte en una especie de rescate y muchas veces se confunde con el rebusque. El conocido rebusque es un salvavidas que merece todo el respeto porque les ha permitido a muchos resistir la dura realidad colombiana. Sin embargo, no debería confundirse con emprender porque tienen enfoques diferentes: el rebusque es un escampadero, el emprendimiento es un proyecto de vida. Eso en otras palabras quiere decir que, dado que el objetivo del rebusque es solventarse económicamente, requiere sobre todo de acción y de inmediatez. Por otro lado, al ser el emprendimiento un proyecto de vida necesita mayor preparación, no solo en temas como finanzas, ventas, asuntos técnicos o tantos otros, sino que necesita sobre todo preparación del ser. Como reza la sabiduría popular: las cosas se parecen a su dueño, y lo mismo pasa con las empresas.
Como casi todas mis columnas, esta también la escribo para mí. Yo realmente empecé a emprender desde las ganas de no volver a trabajar para una empresa, sin preocuparme mucho de si estaba o no preparada para hacerlo, pero en el camino me fui dando cuenta de que sin importar si me había preparado o no, el tema era que necesitaba hacerlo. Empecé entonces haciendo cursos presenciales, en línea, yendo a conferencias, conociendo otros emprendedores (que era lo que menos me llamaba la atención), pero empecé a encontrar que todos estos cursos dejaban tareas que generalmente se hacían llenando cuadros de Excel o escribiendo párrafos y párrafos que tristemente, en muchos casos, terminaba olvidando o borrando.
Después de casi cuatro años emprendiendo, empecé a entender y a oír en diferentes lugares y de diferentes personas, que lo más importante es trabajar en el ser, es tener claro quién soy para saber qué puedo hacer. Insisto en citar la sabiduría popular: las cosas se parecen a sus dueños. Trabajemos en nosotros mismos, en ser nuestra mejor versión, en ser honestos, disciplinados, ordenados; porque queramos o no, nuestras empresas se van a parecer a nosotros. Esto no quiere decir que haya que dejar a un lado la formación tradicional que necesitamos como emprendedores, sino que esta debe ser un complemento de la principal: la formación del ser.
Llevo una semana levantándome a las 5 de la mañana a hacer ejercicio (probablemente la actividad que más detesto), pero no puedo negar que esa disciplina de las primeras horas de la mañana ha impactado positivamente mi día a día. Ahora los días me rinden más, soy mucho más eficiente y si yo soy más eficiente mi negocio avanza más rápido. Ojalá me dure.