¿Lograremos transmitir el saber campesino a las futuras generaciones?
Lisbet Cepeda se dedica al cultivo de productos orgánicos en la Sagrada Papa, ubicada en Tenjo, Cundinamarca. En su opinión, el saber campesino es “integral”, al ser “un saber tanto de pensamiento, como sensorial, emocional y espiritual”. “Es el conocimiento que relaciona el ser humano con la tierra”, puntualiza Cepeda. Resalta que en Colombia, el conocimiento campesino es “muy diverso”, no solamente por la geografía sino también por la historia del país, pues es resultado de “un engranaje entre los conocimientos indígenas, los que proceden de África y los que han venido de Europa”.
Según Mauricio Torres, campesino y dueño de una huerta orgánica en Cundinamarca, el saber campesino se construye “a punta de observación, análisis y constancia año tras año». Se hereda “de generación en generación” mediante “el voz a voz”.
En las familias campesinas, la transmisión del saber se da en la misma cotidianidad. “Desde muy pequeños nuestros padres nos enseñaron a trabajar en los cultivos de café, de yuca y de plátano”, comenta Andrey Joven Urriago, recolector de café y fundador de Café Generación Z. El campesino enriqueció su experiencia familiar temprana con saberes y prácticas de “diferentes regiones cafeteras de Colombia” cuando seguía las diferentes cosechas de café. Después de este acercamiento práctico, tuvo “la oportunidad de viajar a la ciudad y aprender más de este conocimiento” en el SENA y la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, UNAD.
Un saber en transformación
A lo largo de los años, los conocimientos y prácticas campesinas se han ido transformando, tanto por factores internos como externos, esto es, como resultado de procesos de tecnificación y desplazamiento de campesinos, entre otros, menciona la productora Cepeda.
La investigación científica, por su parte, también ha contribuido a la transformación de las prácticas agrícolas. No obstante, advierte Cepeda, aunque se deber reconocer los “aportes importantes” de la ciencia y la academia, lamenta que se tiende a relegar y menospreciar la disciplina campesina y resalta la necesidad de encontrar una “combinación equilibrada y respetuosa entre los saberes científicos y ancestrales”.
Para Lisbet Cepeda, la tecnificación del campo también tuvo repercusiones en el saber campesino, logró que “el trabajo del campo fuera menos pesado» y permitió «optimizar los procesos, ahorrar tiempo y energía”. Y en su opinión, ambos sabres son compatibles “siempre y cuando haya límites porque la tecnificación implica un acaparamiento del conocimiento, mayor contaminación” y por ende, “pérdida del conocimiento ancestral”.
Ahora bien, un componente fundamental de la transmisión de saberes es el relevo generacional, el cual enfrenta graves transformaciones. Fundapanaca evidencia al respecto que “la población campesina envejeció”, pues “por cada 100 personas menores de 15 años hay 41 personas mayores a 64 años”. La Fundación advierte que “los jóvenes menores de 30 años muestran poco interés por el campo” lo cual hace que “no hay relevo generacional”.
Frente al éxodo rural de los jóvenes, el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (RIMISP) estimó que en 2015 en Colombia había 2,6 millones los jóvenes entre 14 y 28 años que vivían en las zonas rurales, lo que representó casi un cuarto de la población rural total (24,5%). Y, estimó que “cerca del 12% de los jóvenes rurales migraron a los centros urbanos” como consecuencia de “la dificultad para acceder a educación postsecundaria, a trabajos formales y la falta de oportunidades”. Por lo tanto, Andrey Joven Urriago considera fundamental transmitir el saber a los jóvenes “para que no se desanimen y tengan que emigrar a la ciudad en búsqueda de oportunidades”.
Ante estas transformaciones inevitables, Lisbet Cepeda advierte que “lo peligroso es que desaparezcan” los conocimientos campesinos lo cual “sí está sucediendo”. En su concepto, “se pierden las semillas, la continuidad de ciertos cultivos y la sabiduría del ‘cómo se hace’” entre otros. Resalta que «perder este saber y la memoria es perderse como individuos y como comunidades”, advierte la dueña de la huerta Sagrada Papa.
La multiplicación de escenarios para la transmisión del saber
Ante este escenario, se han multiplicado los canales de transmisión del saber campesino, por parte de los campesinos mismos y desde las instituciones educativas. “Los talleres que dictan los mismos campesinos son fabulosos”, resaltó Lisbet Cepeda. Estos espacios, que permiten compartir experiencias y prácticas agrícolas, están abiertos a cualquier persona interesada en aprender al respecto, señaló Cepeda.
Por otra parte, la conectividad a Internet y la digitalización de la sociedad facilitó la implementación de nuevos canales de transmisión del saber campesino. En este contexto, Andrey Joven Urriago, fundó Café Generación Z, una «empresa digital que articula recolectores como productores” en aras de “promover el relevo generacional a los nuevos cafeteros”. La empresa busca “enseñar a las futuras generaciones todo lo relacionado con el café producido en el Huila y Colombia”. El proyecto nace tras constatar que “la nueva generación quiere emprender pero no cuenta con los conocimientos necesarios para el manejo y la producción de la agricultura”, puntualiza el fundador.
Paralelo a las iniciativas campesinas, instituciones tales como la fundación Fundapanaca del grupo empresarial PANACA, han tomado parte activa en la valoración del saber hacer de la ruralidad. A través programas educativos, Fundapanaca busca “potencializar los saberes que tienen los campesinos” al considerar que “sin Campo no hay Ciudad, sin campesinos no hay campo y sin educación pertinente y habilitante para ellos, no hay prosperidad”, explica Lorena Cuellar, Directora de Fundapanaca.
En su opinión, “la experiencia y la academia caminan juntas para crear en colectivo”. Para ello, la institución “genera espacios de encuentro donde cada participante construye el conocimiento a partir de su propio descubrimiento” y aprende tanto desde lo técnico (artes y oficios en la ruralidad, gestión financiera, comunicación, comercialización, normas técnicas, entre otras), hasta recibir una “formación de ser” que les permite, entre otros, “tener un pensamiento crítico, una comunicación asertiva y liderazgo innovador”. Según la Directora de Fundapanaca, el propósito de la formación consiste en que los estudiantes lleguen “a sus territorios como agentes de cambio a través de acciones y como multiplicadores de lo aprendido”, para lograr que cada vez “más campesinos en sus territorios” sean “activos y económicamente estables”.
Más allá de la multiplicación de los canales de transmisión de estos conocimientos, también se diversificó el público interesado. Lisbet Cepeda observó al respecto un “movimiento fuerte” de personas que, como ella, han decidido dedicar su vida al campo después de una carrera profesional. “Cada vez hay más personas que no son campesinas de origen pero están interesadas en producir comida limpia, en proteger la tierra y en usarla mejor”, puntualizó.
Rescatar saberes pasados para preparar un mejor futuro
Los tres campesinos Lisbet Cepeda, Mauricio Torres y Andrey Joven concuerdan en los límites del sistema productivo actual y la contaminación generada por el sector. De seguir en este “deterioro”, Andrey Joven se pregunta: “¿qué les vamos a dejar a [los jóvenes], suelos deteriorados en los cuales no puedan producir?”. En su opinión, es fundamental “rescatar los saberes campesinos” en aras de un manejo más sostenible de los suelos y “valorar lo que nosotros realmente tenemos” para “heredarlo a las nuevas generaciones”.
Por último, Mauricio Torres añade que los saberes campesinos “podrían llenar algunos o muchos desafíos del futuro incierto que estamos viviendo”. Para Lisbet Cepeda, “el futuro está en cuidar el planeta, en que comamos mejor, en que haya una mejor utilización de la tierra […]. El futuro está en lo que sabía la gente antes”, puntualizó.