viernes, octubre 15, 2021
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Los caminos para enfrentar la corrupción

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Andrés Botero Arbeláez
Abogado, Universidad Pontificia Bolivariana. Magíster en relaciones internacionales. Director Ejecutivo de la Cámara Ambiental del Plástico.

Los eruditos estudiosos de las ciencias criminalistas, los sociólogos del comportamiento humano y los más avezados científicos de las ciencias humanas en general, han establecido algunas pautas sobre las cuales se construyen los métodos y las herramientas que implementan los distintos Estados. En otras palabras, ya todos sabemos cuál es el camino que debemos transitar para no permitir el avance descontrolado de la corrupción.

En primer lugar, debemos vigilar la correcta asignación y ejecución de los recursos, cuya destinación específica sea combatir la corrupción. En segundo lugar, debemos simplificar y modernizar los procesos burocráticos para el otorgamiento de los servicios gubernamentales. Para ello es fundamental la incorporación de tecnologías a todos los trámites que realice el ciudadano. En tercer lugar, debemos implementar sistemas de veeduría y control ciudadano anticorrupción. En cuarto lugar, fomentar la cultura de la legalidad en el sector público. Por último, debemos  promover la denuncia ciudadana y desarrollar un sistema o esquema de protección para los denunciantes. Todo lo anterior debe estar atravesado, de forma transversal, por una ética pública que, a través de normas ex – ante, limite las atribuciones y la discrecionalidad de los funcionarios, de tal forma que siempre sepamos qué decisiones pueden tomar y cómo las pueden tomar. De igual forma, deben existir normas ex – post que fiscalicen esas decisiones una vez ejecutadas.

Colombia debe avanzar de forma significativa en una forma transparente de selección de funcionarios públicos y de políticos. También deben existir canales de reclamación más allá del voto popular y una verdadera creación de espacios para la participación y la denuncia.

Los ciudadanos colombianos tenemos una prioridad en nuestra agenda como país y es la de fortalecer los órganos de justicia, buscando que la ética, los valores y la moral colombiana sean preservados como el tesoro más valioso de nuestra democracia y que la Constitución y las leyes dejen de estar al servicio de la interpretación sesgada e impunemente subjetiva. Así se alcanzará el verdadero estatus de una civilización ordenada, donde la ética y los valores jamás son transgredidos por nadie y principalmente por aquellos llamados a impartir justicia.

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La justicia colombiana debe ser transformada en todos sus órdenes, garantizándoles a los colombianos salvaguardar sus derechos, sus bienes, su honra y su buen nombre si se atreven a denunciar delitos cometidos por servidores públicos o por particulares. Figuras tan importantes en el derecho internacional como la delación compensada, que exime o reduce las sanciones en la medida en que aporten evidencia para acreditar una conducta delictiva y determinar sus responsables. Esta práctica, común hoy en el derecho penal, debería existir frente a todos los actores del Estado  y en todas las instancias donde exista el ejercicio de la función pública.

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Uniendo todos estos elementos ya mencionados y buscando verdaderas transformaciones en nuestros dirigentes políticos, encontraremos la salida del ostracismo en el que se encuentra la sociedad colombiana.

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Andrés Botero Arbeláez
Abogado, Universidad Pontificia Bolivariana. Magíster en relaciones internacionales. Director Ejecutivo de la Cámara Ambiental del Plástico.

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