Los subsidios agrícolas distorsionan los precios: ONU
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) publicaron el informe Una oportunidad multimillonaria: La readaptación del apoyo agrícola para transformar los sistemas alimentarios. Después de analizar las ayudas a los productores agrícolas de 88 países, advirtieron que, de seguir así, “empeorará la triple crisis planetaria y, en última instancia, dañará el bienestar humano”.
¿Por qué el modelo actual de ayudas es inadecuado?
El informe señaló que el apoyo individual a los productores agrícolas alcanza un promedio de casi 540 mil millones de dólares por año, lo que representa alrededor del 15% del valor total de la producción agrícola. Entre estos, el 54% del monto de los subsidios (294 mil millones de dólares) se otorgó en forma de incentivos de precios y el 45% como subsidios fiscales a los agricultores (245 mil millones de dólares).
Las agencias de la ONU hicieron hincapié en que “no todos los países subsidian de la misma manera, ni en la misma medida, su agricultura” y que lo anterior “tiende a cambiar a medida que los países se desarrollan”. El informe estimó que los incentivos de precios (aranceles de importación, subsidios a la exportación) y los subsidios fiscales vinculados a la producción “son, y han sido, los más utilizados en países de ingresos altos”, como los Estados miembros de la Unión Europea. Estos subsidios representaron “más del 40% del valor de la producción agrícola mundial en 2005”, aunque, desde esta fecha, han tendido a disminuir. A la vez, el informe registró que, desde la década de 1990, estas medidas se han “vuelto más prominentes” en países de “ingresos medios con economías emergentes notables”, como China, Indonesia, Filipinas y Turquía.
Según el informe, los subsidios a la exportación “generan una brecha entre el precio del productor nacional y el precio fronterizo de un producto agrícola específico”. Esto permite bajar el precio y aumentar la competitividad del producto importado, a expensas del producto local. De esta manera, los productores de países de ingresos bajos, escasamente subsidiados, se enfrentan a una competencia desigual, en la que sus productos resultan poco competitivos frente a los que provienen de países de ingresos altos.
Adicionalmente, al dirigirse a algunos productores (de ciertos cultivos), los subsidios inducen “resultados nutricionales” y pueden “distorsionar el comercio de alimentos, la producción y las decisiones de consumo». Además de enfocarse en determinados cultivos, la ONU evidenció que los subsidios “no son equitativos”, pues “colocan a las grandes empresas agrícolas por delante de los pequeños agricultores, una gran parte de los cuales son mujeres”.
El informe igualmente resaltó que las subvenciones podrían dar lugar a “resultados medioambientales negativos”, a través, por ejemplo, de “la promoción del monocultivo” o “del uso excesivo de agroquímicos”. Aunado a lo anterior, señaló que los subsidios “agotan recursos públicos que podrían invertirse en áreas donde los retornos son más altos y los beneficios más duraderos”.
Por lo tanto, el informe estimó que el 87% de los subsidios agrícolas (470 mil millones de dólares) “distorsiona los precios y es perjudicial para el medio ambiente y la sociedad”. No obstante, dejó claro que no es el caso de “alrededor de US $110.000 millones [que] contribuyen a la infraestructura, la investigación y el desarrollo, y benefician al sector de la alimentación y la agricultura en general”.
Un llamado para redirigir las ayudas agrícolas
Ante este escenario, el director general de la FAO, Qu Dongyu, pidió a los gobiernos que reconsideren los subsidios agrícolas, en aras de “adecuarlos al propósito de transformar nuestros sistemas agroalimentarios y contribuir al cumplimiento de los ‘Cuatro Mejores’: mejor nutrición, mejor producción, mejor medio ambiente y una vida mejor”.
Para cumplir los objetivos del Acuerdo de París, las tres agencias de la ONU recomendaron realizar “un cambio en las ayudas que dan los países de altos ingresos a la gran industria cárnica y láctea”, la cual es “responsable del 14,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero”. Asimismo, sugirieron a los gobiernos de los países de bajos ingresos “reorientar su apoyo a los pesticidas y fertilizantes tóxicos o al crecimiento de monocultivos”.
Por su parte, la directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, resaltó que “al optar por ayudas agrícolas más positivas, equitativas y eficientes para la naturaleza, podemos mejorar los medios de vida y, al mismo tiempo, reducir las emisiones, proteger y restaurar los ecosistemas, y reducir el uso de agroquímicos”.
¿Cuáles son los próximos pasos?
La ONU espera que la publicación de este informe, la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios en septiembre, la COP15 sobre biodiversidad en octubre y la COP26 sobre cambio climático en noviembre conduzcan a que los gobiernos asuman “compromisos multilaterales para repensar los subsidios agrícolas obsoletos”.