viernes, 8 de mayo de 2026
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Love is in the air

Victoria E. González M., Columnista, Más Colombia

Victoria E. González M.

Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo.

Al margen de inútiles discusiones acerca de si el día del amor se celebra en febrero o en septiembre, según el lugar de origen de los celebrantes, de vez en cuando hay que hacer un alto en el camino para pensar en eso que se llama amor, sentimiento, palabra, fuerza o lo que quiera que sea. 

Fuente de inspiración de tantas canciones, poemas, películas, libros de literatura, cuentos y relatos, es un tema en el que todos nos sentimos expertos con base en nuestro conocimiento empírico o en el relato de tantos otros que nos han hecho depositarios de sus historias particulares. 

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Valdría la pena, si se trata de volver una y otra vez a pensar en ese tropos universal llamado amor, entender que más allá de la vivencia personal o del buen juicio, nuestras decisiones amorosas provienen, la mar de las veces, de patrones de conducta impuestos por una sociedad a través de medios de comunicación, tradiciones familiares, creencias patriarcales, etc. 

El llamado “amor romántico”, del que últimamente se habla con tanta frecuencia, es el proveedor principal de esos patrones de conducta que, a pesar del paso de las generaciones, se siguen perpetuando. 

Por eso, a partir de esos patrones, muchos medios siguen construyendo y validando historias de violencia de género a partir de titulares como “La mató por amor”, porque “la amaba tanto que decidió que si no era para él, no era para nadie”.

Muchas telenovelas siguen construidas a partir del esquema básico de la pareja de distintos estratos sociales que se encuentra en el primer capítulo de manera fortuita, padece durante cincuenta capítulos más de mil desencuentros y solo, al final, que por lo general concluye con la boda, logra la meta de estar juntos. 

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Las canciones también siguen asociando el amor al sufrimiento y al dolor, para que sea “verdadero”, para que “valga la pena” y promoviendo el castigo al infiel con violencia y desprecio. Con todos estos patrones, las relaciones entre parejas se siguen derrumbando. 

Porque nunca nadie nos enseñó que, además de aprender a hacer esquelas o dedicar canciones, hay que formarse en responsabilidad afectiva y en saber que el otro o la otra merecen respeto, explicaciones, reconocimiento. Que en lugar de hipersexualizar a nuestros hijos y preguntarles por las novias o los novios en el jardín infantil, tenemos que formarlos para tener relaciones sanas. 

Que en vez de estar haciendo chistes flojos entre amigos o en las redes sobre la tóxica o el tóxico, tenemos que entender que hay enfermedades mentales graves que no solo impiden una buena relación entre parejas sino que ameritan con urgencia tratamiento médico para poder tener una vida personal plena. 

Que detrás de muchas de esas relaciones de décadas que se celebran con misas, bombo y platillos probablemente hay una historia de maltratos, silencios y miedos inconfesables. Que los celos no son amor ni interés sino una patología.

Entender, finalmente, que es hora de empezar a desmontar frases manidas del tipo “el amor todo lo puede” o “el amor todo lo aguanta” porque no son ciertas, porque cada día a muchos la vida les demuestra todo lo contrario, porque el amor romántico ha hecho un daño inmenso que solo hasta ahora estamos comenzando a dimensionar.

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