Nos quedó pequeño el planeta
El último informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wildlife Fund, WWF por sus siglas en inglés) es alarmante. Publicado con el título Informe planeta vivo 2022 Hacia una sociedad con la naturaleza en positivo, presenta los últimos resultados del Índice Planeta Vivo, una medida que ayuda a identificar los cambios en la biodiversidad del planeta al revelar la pérdida de la naturaleza y, en consecuencia, si el uso de los recursos naturales sobrepasa la biocapacidad.
La biocapacidad de la Tierra, explica el informe, es la capacidad que tienen los ecosistemas para recuperarse. Si no se sobreexplota, el planeta provee los recursos biológicos necesarios para la vida y, además, puede absorber los residuos generados por los seres vivos.
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Estamos viviendo a crédito
El problema se presenta cuando la actividad humana sobrepasa la propia biocapacidad de la Tierra. En este caso, se pone en riesgo la salud del planeta y se deterioran “las propias perspectivas de futuro de la humanidad”, señala el informe.
El indicador para evaluar esto se denomina huella ecológica y mide “cuánto demanda el consumo humano a la biosfera y lo compara con lo que los ecosistemas pueden renovar”.
Para vivir de manera equilibrada entre los recursos disponibles, la producción y el consumo, el informe explica que la huella ecológica debería ser menor a la biocapacidad del planeta. En la actualidad, esta es de 1,6 hectáreas globales por persona (hag/persona), aunque es importante aclarar que se trata de un promedio, pues no todos los países ni todas las personas tienen la misma huella ecológica.
Pues bien, WWF midió la biocapacidad planetaria y la demanda humana de biocapacidad. La ONG encontró que, en 2020, “la huella ecológica media mundial ascendía a 2,5 hectáreas globales por persona, frente a una biocapacidad de 1,6 hectáreas globales por persona”. En otras palabras, estamos viviendo en deuda con el planeta.
“El valor de la huella ecológica registra que la humanidad está sobreexplotando nuestro planeta al menos al 75%”, lo que implica que, para sostener el nivel de consumo actual, la humanidad requeriría “vivir en 1,75 planetas Tierra”.
La huella ecológica de la humanidad reúne todos los recursos que demandamos de la naturaleza —alimentos, vivienda, movilidad, bienes y servicios—, pero también recursos como los bosques para la absorción de excesos en las emisiones de carbono.
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Desigualdad planetaria
Además de lo anterior, el informe presenta la enorme desigualdad global, tanto en materia de recursos naturales como en lo que tiene que ver con la producción y la demanda de estos. De hecho, “el consumo de dichos recursos es muy diferente de su disponibilidad, pues estos pueden no ser consumidos [y valga decir también, producidos] en sus lugares de extracción”.
En lo que tiene que ver con la producción, es importante resaltar que no todos los países tienen la misma capacidad productiva ni las mismas técnicas de producción. Por lo tanto, no todos utilizan la misma cantidad de recursos naturales —con independencia del origen de estos— ni emiten la misma cantidad de CO2 a la atmósfera al producir bienes y servicios.
En lo que tiene que ver con el consumo, las diferencias culturales, pero especialmente la capacidad económica y los estilos de vida, determinan el nivel de consumo de alimentos, bienes y servicios. En este caso, como en el de la producción, el impacto medioambiental no es el mismo.
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“Si la huella ecológica de un país es de 6,4 hectáreas globales por persona, sus habitantes están pidiendo a la naturaleza cuatro veces más alimentos, fibras, zonas urbanas y absorción de carbono de las disponibles en el planeta por persona”, señala el informe.
De esta forma, a mayor producción y consumo, mayor será la huella ecológica y la utilización de hectáreas globales (hag) por habitante de un país.
Países: los mayores responsables no son los más vulnerables
Estos son algunos de los países con una mayor huella ecológica por persona, la cual se calcula dividiendo la huella ecológica de un país por su población, y se expresa en hectáreas globales por persona (hag/persona):
- Más de 6,7 hag/persona: Estados Unidos, Canadá, Mongolia y Australia.
- 5,1 – 6,7 hag/persona: Rusia, Finlandia, Suecia, Noruega e Irlanda.
- 3,4 – 5,1 hag/persona: China, Chile, Guyana, Sudáfrica y Arabia Saudita.
- 1,7 – 3,4 hag/persona: Colombia y demás países de Sur América (con excepción de Chile, Guyana y Uruguay).
Por el contrario, países como los abajo escritos utilizan menos hectáreas globales por persona, de manera que si todo el planeta produjera y consumiera a sus niveles, no se necesitaría más de una Tierra para sostenerlos:
- Menos de 1,7 hag/persona: Uruguay, Nicaragua, Honduras, India, gran parte de África Central.
WWF explica que, “mientras que los países industrializados son responsables de la mayor parte de la degradación ambiental, los países y personas empobrecidas son los más vulnerables”. La ONG enfatiza en que tanto el cambio climático como la pérdida de biodiversidad no son temas exclusivamente ambientales, sino que también tienen que ver con cuestiones económicas, sociales, morales, éticas, de desarrollo y de seguridad.
“Si no conservamos y restauramos la biodiversidad y limitamos el cambio climático inducido por el ser humano, prácticamente ninguno de los ODS se podrá cumplir, especialmente los de seguridad alimentaria e hídrica, la salud para todas las personas, el alivio de la pobreza y un mundo más justo”, puntualiza la ONG.
Carbono y alimentación: la huella más grande
El estudio, analiza la huella ecológica de acuerdo con el uso del suelo y la actividad humana. Los resultados indican que, en materia de uso del suelo, la huella ecológica se reparte así:
- 60% en huella de carbono, la cual tiene en cuenta las emisiones de carbono de la quema de combustibles fósiles y la producción de cemento. “Dichas emisiones son convertidas en superficie de bosques necesarios para absorber el carbono que no pueda ser absorbido por el océano. Las diferentes tasas de secuestro de carbono de los bosques varían según el grado de gestión forestal, el tipo y la edad de los bosques, las emisiones de los incendios forestales, el suelo construido y la pérdida de suelo”, detalla el informe.
- 19% en huella de las tierras de cultivo. Incluye la demanda de tierra para la producción de comida y fibra, piensos para el ganado, cultivos oleaginosos y caucho.
- 10% en huella de productos forestales. Aquí se incluye la demanda de bosques para la obtención de combustibles vegetales, pulpa y productos de madera.
- 5% en huella de tierras de pastoreo, que tiene en cuenta la demanda de pastos para la crianza de ganado para la producción de carne, lácteos, cuero y artículos de lana.
- 3% en huella de las zonas de pesca, en la cual se mide la demanda de los ecosistemas de aguas marinas y continentales para la reposición de las capturas de peces y la acuicultura.
- 2% huella del suelo urbanizado. Mide la demanda de áreas productivas biológicamente hablando, pero cubiertas por infraestructuras de transporte, vivienda e industriales.
En lo que tiene que ver con la huella ecológica por actividad humana, el total se distribuye de la siguiente forma:
- 30%: alimentación.
- 22%: vivienda.
- 19%: servicios.
- 15%: movilidad.
- 15%: bienes.
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María Isabel Henao Vélez